<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341</id><updated>2012-01-20T06:28:25.230-03:00</updated><title type='text'>MIGUEL DE LOYOLA</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>47</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2174972919633288782</id><published>2011-08-03T18:06:00.003-04:00</published><updated>2011-08-06T20:47:01.032-04:00</updated><title type='text'>Del libro: Esa vieja nostalgia</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-g8py_25TNwU/TjnHFKcsubI/AAAAAAAAAJw/5WH96ACz1Dk/s1600/casa%2Bde%2Bcarrizal.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-g8py_25TNwU/TjnHFKcsubI/AAAAAAAAAJw/5WH96ACz1Dk/s320/casa%2Bde%2Bcarrizal.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5636755300148885938" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; Cuento: Premio "Hincha del Año"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Los comentaristas lo tenían claramente identificado. Y ese domingo, una vez terminado el partido y entregada la copa al equipo vencedor del torneo, le darían el premio "Hincha del año", dotado de una suma importante de dinero en efectivo, además de algunas entradas para los partidos de la competencia siguiente. Sabían que el hincha en cuestión se ubicaba en la galería norte del estadio, justo tres gradas por encima del arco. Los de la galería lo llamaban "Cara de Citroneta" toda vez que se referían a él. Se trataba de un personaje entre los muchos que suelen rondar con frecuencia los estadios. Además, ahora sabían que su asistencia a los partidos de Colo Colo, y a las presentaciones de la Roja, constituía un record. En veinte años, el tipo no había fallado a ninguna fecha.&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El hincha en cuestión usaba lentes, lentes tipo poto de botella. Signo evidente de una miopía extrema. Aunque algo exagerada por esos marcos de plástico color café. Anticuados, pasados de moda, y los que sin duda eran los mayores responsables del apodo. Algunos de los periodistas deportivos apostados en las casetas, entre bromas y risas, aseguraban que el Cara de Citroneta apenas podía ver con ellos las jugadas del arco que tenía en frente, y que el resto del partido le quedaba solo para la pura imaginación, alimentada por la correspondiente voz del relator desde la portátil que llevaba siempre encajada en el bolsillo de la chaqueta. Una radio anacrónica como los lentes, con un audífono blanco que acostumbraba a mantener soldado a su oreja izquierda durante los partidos, conformaba parte característica de su indumentaria de hincha deportivo. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Es el primero en llegar y el último en retirarse del estadio-. Eso ahora estaba absolutamente comprobado, luego de estudiar sus movimientos con motivo del premio en cuestión en los diversos videos archivados por las cámaras que cubrían partido a partido la conducta de las barras. El Cara de Citroneta aparecía en todos los videos cuando la filmadora avanzaba por el sector más populoso de la galería, mostrando un rostro de iluminado, concentrado en el juego y en ningún caso en el movimiento de las cámaras. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Se sabía también que más de alguna vez al tipo lo habían asaltado allí mismo en las graderías una vez terminado el partido, arrebatándole la portátil, el reloj, la chaqueta, y el poco dinero que regularmente llevaba encima. En una oportunidad los antisociales lo despojaron hasta de los lentes. Pero no por eso se intimidaba y dejaba de estar presente en la siguiente jornada deportiva. Su fanatismo lo llevaba nuevamente a presentarse con las mismas esperanzas de ver ganar a su equipo. Eso lo sabían ahora los periodistas y algunos, sensibles hombres de la farándula deportiva, lo sabían hasta las mismas lágrimas. Se hallaban emocionados con su historia. Ya no les cabía duda que la mayor pasión de aquel hombre la constituía el fútbol, que vivía en función de él lo mismo que ellos. Con la diferencia que con esa pasión ellos se ganaban la vida, en cambio al Cara de Citroneta le costaba sus buenos pesos de sus menguados bolsillos de obrero metalúrgico. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Al principio, Clara, su mujer, cuando apenas llevaban algunos años de matrimonio, no soportaba esa afición de su marido, la odiaba como se odia a una rival, con celos, naturalmente. Sentía que le robaba tiempo para estar juntos. Después, con lo años, no hallaba la hora que llegara el fin de semana para que Rafael, Rafael Peralta, que así se llamaba el hincha en cuestión, se fuera de un vez por todas a su fútbol, liberándola de su compañía, la que con los años comenzaba a encontrar cada vez más aburrida. Las veces que Rafael se estaba en casa, no hacía otra cosa que andar pendiente de los partidos que pasaban por la televisión, o si no de los comentarios deportivos insertos en los noticieros. Asunto que a ella le molestaban bastante más que el hecho de saber que se hallaba en el estadio, pegado a su transistor, distante y ajeno, en definitiva. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ese domingo, Rafael se encontraba en su puesto habitual en las graderías desde alrededor de las tres de la tarde. A pesar de la lluvia torrencial que se estaba derramando sobre la ciudad, no se había movido ni se movería por un momento de su sitio. Por la radio dudaban que el partido se jugara realmente debido a la intensidad inusitada de la lluvia. No obstante, Rafael permanecía inmutable bajo el aguacero como buen hijo del sur de Chile. Ese domingo se disputaba la final del torneo, se terminaba la temporada y quería ver a los muchachos por última vez antes que se fueran de vacaciones. Sabía que acostumbraban a despedirse de la hinchada toda vez que terminaba el torneo y con mayor razón aún cuando lo ganaban. Resultado que el Cara de Citroneta lo daba por sentado. Además, lo motivaba la posibilidad, según le habían prometido, de pasar al otro lado de la reja que separaba la cancha de las graderías para darle la mano sino a Chamaco, al mismo Caszely en persona, sus máximos ídolos deportivos del ámbito local. Las paredes de su pieza las tenía forradas con fotos de estos dos grandes jugadores. Nunca en toda su vida de espectador deportivo había visto a una dupla más perfecta. A Chamaco lo consideraba inigualable al momento de dar un pase, porque sabía hacerlo con maestría que denotaba clase, anticipo, visión de juego, ni corto ni pasado, sino proyectando desde ya la jugada siguiente. El chino Caszely, a su vez, a la hora de entrar al área chica con la pelota en los pies, tampoco fallaba nunca. Terminaba metiéndola al fondo de la red con la maestría inigualable de los verdaderos ases del fútbol.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;A pesar de la lluvia, de las dudas esparcidas a través de las emisoras por los comentaristas que el partido posiblemente se suspendería, el estadio comenzó a llenarse pasadas las cinco de la tarde. La galería se colmó de pronto de asistentes. Y Rafael quedó en medio de un millar de personas, convertido otra vez en un hombre masa, tragado por la compacta multitud. Después, fueron llenándose las tribunas Andes y Pacífico, hasta que a las siete -hora en que estaba fijado el comienzo del encuentro- no cabía un alfiler en el estadio. &lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;-¡Sesenta mil personas!, ¡sesenta mil personas en el Nacional! -vociferaban por las distintas emisoras los locutores a voz en cuello, en medio de avisos comerciales, bromas y comentarios varios. El corazón de Peralta comenzaba a levantar revoluciones hasta alcanzar  grados evidentes de taquicardia. La expectación reinante estaba conformando poco a poco un solo cuerpo en el estadio. Un cuerpo de gigante que se agitaba constantemente como un bandoneón. Los vítores de las barras se sucedían uno tras otro, con estruendos de bombos, trompetas, platillos, pitos y silbidos. Rafael rara vez se sumaba a los gritos de las barras, pero esta vez lo hizo, incluso se paró de su asiento, y como regularmente lo hacían otros, se subió también arriba del banco cuando finalmente salió Colo Colo de los camarines al trote, luciendo la inconfundible casaquilla con la insignia del gran cacique araucano estampada en el pecho. Los banderines flamearon al viento junto con el himno del club. Rafael volvió a sentir la presencia de sus antepasados en esos hombres que los representaban. Las trutrucas tronaron en la galería junto al tam tam intermitente de los tambores nativos invocando a  dioses ancestrales.  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;El partido comenzó con el pitazo de rigor dado por el árbitro en el círculo central. A la media hora de juego, Colo Colo iba uno a cero arriba en la cuenta, con pase de Chamaco y gol de Caszely. Un clásico que se repetía en los encuentros. Las galerías rugían como leones embravecidos en medio de esa selva incendiada por miles de almas gritando. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Al minuto cuarenta y dos, vino el sorpresivo empate de Cobreloa, después de un confuso tiro libre que pasó colado por un espacio abierto dejado por la barrera. El estadio enmudeció por unos segundos tan largos como suele ser el del asombro mismo en su estado más puro y virginal. Después, volvió otra vez a rugir como el animal enjaulado en que se había convertido luego del empate, y lo seguiría siendo hasta la hora del descanso. Los equipos se fueron a los camarines empatados a uno.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En el descanso, Rafael tampoco se movió de su sitio. Rara vez lo hacía, la verdad. Las pocas veces que lo hiciera alguna vez para ir al baño, al regreso se había quedado siempre sin asiento. Esa era una de las pocas cosas que le desagradaban del estadio y acaso una de las razones también por las que deseaba a veces ser un hombre rico, para conseguir un puesto seguro bajo marquesina. No obstante, ese sueño lo veía tan imposible como arrancarle a la noche uno de sus diamantes más puros. &lt;br /&gt;      &lt;br /&gt;Después de la lluvia, que había cesado repentinamente sin que nadie le diera ninguna importancia al hecho. Comenzó a bajar el frío glaciar, que suele arrinconarse en los lomos de la  cordillera para dejarse caer como una bestia polar sobre la ciudad. Así que las ganas de orinar apenas las aguantaba esa tarde Rafael. Pero no estaba dispuesto a quedarse sin asiento para ver la segunda etapa. En ese caso, prefería orinarse allí mismo. &lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El pitazo del arbitro hizo volver la concentración de los espectadores hacia la cancha otra vez. Los equipos salieron dispuestos a la lucha por conseguir el dominio del balón blanco, y, a los diez minutos, un gol de Caszely desde la boca del arco puso al estadio frenético de felicidad. Rafael pegó un brinco en su sitio. Tronaron las trutrucas y los tambores araucanos. Después todo fue jolgorio, risas, cantos, aplausos, pitos y aullidos. Chamaco volvió a poner una pelota extraordinaria en los pies benditos del Chino, y  entró con ella hasta el fondo de la red, dejando al arquero tendido en el suelo como un toro, avergonzado y furibundo después de la última verónica letal. El estadio ardía en pequeñas llamitas que los espectadores fueron encendiendo a modo de antorchas. Era la noche de Chamaco y de Caszely otra vez. La gran despedida decían algunos, porque se rumoreaba que el eximio medio campista no volvería a jugar el próximo campeonato, salvo el partido de su despedida, y por lo tanto Caszely tampoco volvería a ser nunca más el mismo sin su compañía. Pero eran solo rumores. Rumores que no obstante causaban más de alguna aprehensión en el singular corazón de Peralta, que hacía rato por detrás de sus gafas de plástico había comenzado a desprender los goterones propios de la emoción de ver a sus ídolos en toda la magnitud de su potestad.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;El partido culminó con las tres cuartas partes del estadio de pie, vitoreando al equipo vencedor. Rafael Peralta aprovechó el minuto justo antes del final, tal y como le había pedido expresamente el periodista, para bajar entre la multitud hasta la reja, a costa de codazos y empujones que le propinaron y propinó a su vez a diestra y siniestra. No obstante, cuando sonó el pitazo final, y los fuegos artificiales reventaron la paz del cielo con sus múltiples luces de colores anunciando el final glorioso, casi ya había conseguido alcanzar la reja. Al otro lado pudo ver al periodista que le había prometido hacerlo pasar al interior del campo esa noche, con el fin de que abrazara a sus ídolos. No obstante, Peralta ignoraba todavía que además le darían un premio.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La vuelta olímpica del equipo vencedor se impuso esa tarde de todas maneras. Y en el momento final en que Colo Colo saludaba a la hinchada de la galería a pecho descubierto, Peralta, embargado por la emoción, tal vez tuvo el vago presentimiento de lo que sería morir de felicidad. El grueso de la muchedumbre se había agolpado frente a la reja gritando y empujando en forma frenética. Querían también saludar a sus ídolos, abrazarlos, besarlos, rendirles el viejo culto del hombre a sus dioses. ¿Cuántas veces no lo había soñado él también? La cámara de televisión que buscaba al ganador del Premio Hincha del año lo encontró por un momento en medio de esa multitud con el rostro risueño, a pesar de la evidente incomodidad en que se hallaba, apretujado entre la masa enfebrecida. No obstante, todavía conservaba los lentes y el audífono. Luego, el video proyecta el desplome repentino y brutal de la reja, con el gentío cayendo como una cascada de cuerpos unos sobre otros.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;Quince muertos, treinta y dos heridos graves, cuarenta y cinco lesionados leves, etc... Entre los muertos, Rafael Peralta, escogido por los periodistas deportivos para darle esa noche el premio Hincha del Año. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel de Loyola – Santiago de Chile.                                             &lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Cuento publicado en Revista Proa N° 72, año 2008.&lt;br /&gt;* Cuento publicado en el libro Esa vieja nostalgia, 2010.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2174972919633288782?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2174972919633288782/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2174972919633288782&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2174972919633288782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2174972919633288782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2011/08/esa-vieja-nostalgia.html' title='Del libro: Esa vieja nostalgia'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-g8py_25TNwU/TjnHFKcsubI/AAAAAAAAAJw/5WH96ACz1Dk/s72-c/casa%2Bde%2Bcarrizal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3628036473849199658</id><published>2009-06-05T09:01:00.003-04:00</published><updated>2009-06-05T09:06:01.350-04:00</updated><title type='text'>Se dice, en las encuestas...</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yYEUmgTSRXw/SikYAYJPR3I/AAAAAAAAAIE/OJBVeJAXabA/s1600-h/Periodicos.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yYEUmgTSRXw/SikYAYJPR3I/AAAAAAAAAIE/OJBVeJAXabA/s320/Periodicos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343828827612071794" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué se invierte tanto dinero en encuestas en este país? ¿Quiénes son los reales interesados en los resultados? ¿Alguien se ha preguntado esto alguna vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me temo que pocos se hacen tales preguntas, porque se maneja hoy a las masas al extremo de anular no sólo su pathos de indignación, el cual a estas alturas en un país gobernado por los mismos debiera haber saltado al infinito, sino la personalidad entera. El individuo masa carece de ella, y una prueba son las influencias de las encuestas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las encuestas son creadas precisamente para fijar lo que se dice, tan propio y necesario, al decir de Heidegger para saciar la sed del hombre inauténtico, el cual necesita apoyo del se dice para sostener su existencia. Así, se dice que tal o cual candidato es favorito en las encuestas. Se dice que tal o cual libro es el más vendido. Ergo…el mensaje l funciona perfectamente, y la idea cobra valor universal. ¿Acaso la gente no termina votando por quien se dice…?¿ Acaso los compradores de libros no terminan comprando el libro del cual se dice…?  Renunciamos así a buscar nuestra propia voz, negamos así nuestra individualidad, cuando no decimos a mí no me consta tal se dice, yo voy a averiguar…Porque el ser inauténtico hace lo que se dice, piensa lo que se piensa, hace lo que se hace, porque vive en un estado de pasividad total frente a su existencia, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las encuestas son otra herramienta de la publicidad,  creada para fomentar en la opinión pública opiniones relativas a la idea u objeto que se busca instalar en el inconciente como necesidad. Lo cual consiguen, por cierto. Por cuanto una vez que arrojan sus resultados, los medios de comunicación hacen la segunda parte, interceptan a las personas preguntándoles que opinan del resultado de dicha encuesta, aunque la tal persona no se haya cuestionado ni tampoco interesado nunca por el contenido de la encuesta. De esta manera consiguen poner en primera plana algo que no tenía como llegar a estarlo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santiago de Chile - Miguel de Loyola&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3628036473849199658?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3628036473849199658/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3628036473849199658&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3628036473849199658'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3628036473849199658'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2009/06/se-deice-en-las-encuestas.html' title='Se dice, en las encuestas...'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_yYEUmgTSRXw/SikYAYJPR3I/AAAAAAAAAIE/OJBVeJAXabA/s72-c/Periodicos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-7577481669630771821</id><published>2008-09-03T16:41:00.004-04:00</published><updated>2008-09-03T17:06:51.201-04:00</updated><title type='text'>¿Dónde están esas voces de protesta?</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yYEUmgTSRXw/SL75BUNXsJI/AAAAAAAAAFc/gcWOCluOn1o/s1600-h/roberto-bolano.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yYEUmgTSRXw/SL75BUNXsJI/AAAAAAAAAFc/gcWOCluOn1o/s320/roberto-bolano.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5241900817305809042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El apoyo estatal a la literatura es la forma estatalmente encubierta de la liquidación estatal de la literatura.”&lt;br /&gt;                                    &lt;br /&gt;Estas palabras pronunciadas por el protagonista de la novela  Liquidación ,de Irme Kertész.   a propósito de su situación particular como editor de una editorial estatal, parecen lo bastante agudas como para sentarse a reflexionar en tornos a sus implicancias. Desde luego, acotan una realidad que no está lejos de la nuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un país donde las voces de los artistas solían denunciar los problemas sociales, culturales y económicos de la nación, y de pronto éstas se quedan mudas, da mucho qué pensar. Podemos preguntarnos dónde están hoy esas voces, qué ha pasado con aquellos que ayer clamaban por justicia social, equidad, libertad de expresión, educación, mala salud,  corrupción, abusos de poder, enquistamiento de la clase gobernante …&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué pasó también con todos esos medios de comunicación que canalizaban esas voces de protesta? ¿Qué pasó con el espíritu crítico de los intelectuales, llamados a ser la conciencia sensible de los pueblos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez los dineros otorgados a los artistas a través del Fondo Nacional del libro y de las Artes pueda interpretarse con las palabras de Kértesz. Han sido cientos de miles de millones de pesos los que ha invertido el Estado chileno en el llamado Fondo de las Artes. Ha sido una fortuna nunca antes imaginada la que ha salido de las arcas fiscales en beneficio de los “artistas.” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo….¿existe hoy un solo medio de prensa libre para canalizar de verdad las voces de los artistas? Por poner un hecho concreto, en el caso de la literatura: ¿Existe hoy una sola revista literaria para acoger la necesidad de diálogo entre las obras de los artistas chilenos? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de este detonante alojado por Irme Kertész en la conciencia del lector:&lt;br /&gt; ¿podemos los escritores seguir viviendo tranquilos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He ahí  una frase digna de un Premio Nóbel de literatura, encierra y da cuenta de una verdad de valor universal ineludible. El arte, nunca ha ido de la mano del oficialismo, el arte es siempre contestatario, corre por una vía sino opuesta, paralela, pero nunca por la misma, de lo contrario, muere, como bien parece ser el caso del nuestro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Añadamos a nuestro cometario, la opinión de Roberto Bolaño:&lt;br /&gt; “Chile es hoy un país donde ser escritor y ser cursi es casi lo mismo. Los escritores chilenos actuales que están en el hit parade (los narradores y supongo que también los poetas) son muy malos y todo el mundo sabe que son muy malos ( y además de malos: trepas, plagiarios emboscados, tipos capaces de todo por conseguir un trozo de respetabilidad, cuando la verdadera literatura debe alejarse de la respetabilidad), pero nadie lo dice. No sé por qué razón, pero nadie lo dice, al menos no públicamente. Yo espero que los jóvenes que tomen el relevo cambien este panorama tan pacato y provinciano. “ Julio de 2003. Revista electrónica civilcinema. Daniel Villalobos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-7577481669630771821?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/7577481669630771821/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=7577481669630771821&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7577481669630771821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7577481669630771821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/09/dnde-estn-las-voces-de-protesta.html' title='¿Dónde están esas voces de protesta?'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_yYEUmgTSRXw/SL75BUNXsJI/AAAAAAAAAFc/gcWOCluOn1o/s72-c/roberto-bolano.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-4582084829030145579</id><published>2008-07-23T17:56:00.003-04:00</published><updated>2008-07-23T18:05:11.937-04:00</updated><title type='text'>Bernhard Schlink, El lector.</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SIeqFLv6W8I/AAAAAAAAAFU/CA4SjvHe6-k/s1600-h/Schlink.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SIeqFLv6W8I/AAAAAAAAAFU/CA4SjvHe6-k/s320/Schlink.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5226332898616564674" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Un joven narrador en primera persona nos cuenta su vida a partir de sus 15 años, hasta bien entrada la madurez. Michael Berg es todavía un estudiante de secundaria cuando conoce a Hanna Schmitz, mujer de 35 años, quien trabaja en el tranvía y de la cual se enamora a pesar de la diferencia de edad. La relación amorosa entre ambos estará marcada por un hecho muy particular: las lecturas de obras clásicas en voz alta por parte de Michael a pedido de Hanna, quien disfruta mucho oyéndolo leer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, Hanna desaparece repentinamente de su vida, para luego reaparecer siete años más tarde acusada de haber sido carcelera nazi en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Por entonces Michael está por recibirse de abogado, y asiste a las audiencias de aquel proceso como parte  importante para un curso de los últimos años de su carrera. Es allí, donde casualmente vuelve a encontrarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a la manera contradictoria de defenderse ante el magistrado,  Michael llega al convencimiento de que Hanna es analfabeta,  y la vergüenza le impide confesarlo, dejando que el proceso continúe su curso hasta recibir la temible sentencia: cadena perpetua. Tampoco Michael interviene contándole al juez lo que ha descubierto, y guarda ese  silencio letal que poco a poco va generando  en quien esconde una verdad, el llamado sentimiento de la culpa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Hanna padece su condena recluida en la cárcel, Michael comienza a enviarle cintas con grabaciones de lecturas hechas expresamente para ella, reviviendo así esa experiencia de los primeros años y a propósito de su analfabetismo. Pero jamás le habla en ellos algo personal. Tampoco la visitará en su reclusión. Mantiene el riguroso silencio de la cobardía inexplicable, sin poder expresar sus sentimientos frente a la mujer amada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fracaso matrimonial de Michael con Gerturd puede entenderse tal vez como una consecuencia de su prematura relación amorosa con Hanna, a quien nunca pudo olvidar, pero tampoco tendrá el valor de asumir  como su verdadero amor cuando Hanna está pronta a recuperar su libertad. La noche anterior a ello, inesperadamente  Hanna se suicida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es indudable el interés del autor por tratar aquí el problema de la culpa que arrastran las nuevas generaciones alemanas como otra de las tantas consecuencias psicológicas de la Segunda Guerra Mundial. Pero podemos entender que no sólo aquellas, sino también las de todos los individuos llamados a resolver problemas de conciencia. La novela encarna así un sentimiento universal y puede entenderse como una invitación a preocuparse por la verdad, a atreverse a quebrar ese silencio que termina asfixiando a las almas, como ocurre no sólo con la del protagonista Michael, a quien podemos ver como un hombre emocionalmente fracasado, sino también en la de la propia Hanna, cuyo sentimiento de orgullo, le impidió durante toda su vida confesar su analfabetismo y escondiéndolo hasta último momento como un pecado inconfesable.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novela, indudablemente,  aborda también otros problemas de conciencia, como el de la responsabilidad individual frente a los crímenes nazis. El autor pareciera dejar flotando la pregunta y la respuesta entre las páginas: ¿la ejecución de los judíos puede entenderse sólo como un deber para los soldados  subalternos? ¿pueden quedar libres de culpa quienes fueron mandados a hacerlo? Y en el caso de Hanna, en tanto mujer analfabeta ¿tiene ella la misma responsabilidad que el resto? ¿Hasta qué punto se hace justicia cuando se castiga a quienes no han sido los verdaderos cerebros de los hechos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llama la atención la sencillez del relato para llegar a temas tan profundos. La agilidad de la pluma para acotar en breve asuntos importantes. La maestría alemana para acotar la historia sin caer en las clásicas parrafadas farragosas de algunos autores contemporáneos. No cabe dudas que los escritos de este juez escritor, Bernhard Schlink (1944), deben ser también irreprochables, dotados por la claridad de una mente que sabe poner sus ojos en esa verdad que hace al hombre libre.&lt;br /&gt;Miguel de Loyola. Santiago, Chile.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-4582084829030145579?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/4582084829030145579/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=4582084829030145579&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4582084829030145579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4582084829030145579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/07/el-lector-novela-de-bernhard-schlink.html' title='Bernhard Schlink, El lector.'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SIeqFLv6W8I/AAAAAAAAAFU/CA4SjvHe6-k/s72-c/Schlink.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2749674700859161957</id><published>2008-07-07T18:36:00.003-04:00</published><updated>2008-07-09T21:59:16.140-04:00</updated><title type='text'>Muletillas: "Todo un cuento"</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SHKbZTFWlPI/AAAAAAAAAFM/De3j6p5yZ3o/s1600-h/muletillas.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SHKbZTFWlPI/AAAAAAAAAFM/De3j6p5yZ3o/s320/muletillas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5220405776997586162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Una de las muletillas curiosas adoptadas por los chilenos en los últimos tiempos, es decir -a propósito de cualquier cosa- “todo un cuento”.  La repiten tanto los jóvenes como los adultos en sus conversaciones diarias. Lo interesante del fenómeno lingüístico es que resulta un modismo tendiente a reducir el habla a las mínimas palabras. Cuando alguien no quiere describir lo que está contando, reduce con esta expresión los pormenores de una situación. Sin embargo, con ello privamos a nuestro interlocutor de entender lo que se nos quiere decir en concreto, apelando de esta manera a algo que se da por sobre entendido. Lo que, por cierto, está lejos de serlo realmente. La reducción del idioma a frases como estas, limita la comunicación y, sin duda, pone en evidencia  la escasez de vocabulario del hablante. En Chile, en los últimos años caminamos hacia un lenguaje minimalista que nos aleja de la comunicación entre las personas. Esta parece ser una característica del chileno de nuestro tiempo. Lo curioso es que los españoles, a quienes les debemos la lengua, no van por el mismo camino que nosotros. Ellos siguen haciendo uso del castellano con todas sus variantes y riqueza de vocabulario. Basta con escuchar en un canal español hablar, no sólo a los intelectuales, si no también al hombre corriente, para captar la diferencia en el uso del lenguaje. Ellos se explayan largamente sobre cualquier tema, describiendo al detalle lo que se les pregunta o lo que por sí mismos cuentan. En cambio nosotros,  nos hemos acostumbrado a expresarnos mediante monosílabos, o bien con frases en que se da por sobre entendido algo que está lejos de serlo. Cuando en casa le preguntamos a nuestros hijos qué tal estuvo la fiesta, el paseo, el partido, etc., nos entregan mediante este tipo de alocuciones sus vivencias. Y nosotros, por lo pronto, a su vez tendemos a hacer lo mismo. Es decir, a contar lo menos posible diciendo a modo de colofón “todo un cuento”. Pero resulta que con ello no hemos dicho absolutamente nada. Sólo hemos expresado el estado de apatía que nos caracteriza hoy por hoy como pueblo. Quizá, para salir de ese estado, necesitamos contar y que nos cuenten el “cuento” completo, a la manera cómo solían hacerlo nuestras abuelas junto al brasero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2749674700859161957?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2749674700859161957/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2749674700859161957&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2749674700859161957'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2749674700859161957'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/07/meletillas-todo-un-cuento.html' title='Muletillas: &quot;Todo un cuento&quot;'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SHKbZTFWlPI/AAAAAAAAAFM/De3j6p5yZ3o/s72-c/muletillas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2329642452306368548</id><published>2008-06-12T16:21:00.004-04:00</published><updated>2009-12-21T18:22:38.891-03:00</updated><title type='text'>Humillados y Ofendidos, de Fedor Dostoievsky</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SFGF_6E-1EI/AAAAAAAAAFE/F-G4sZIdxkg/s1600-h/lecturesdedostoievski_portriat.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SFGF_6E-1EI/AAAAAAAAAFE/F-G4sZIdxkg/s320/lecturesdedostoievski_portriat.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5211093576812778562" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Humillados y ofendidos, la relación amorosa que nos entrega de primera mano el narrador, no deja de sorprender otra vez por la introspección de esa conciencia culposa que el novelista hace con sus personajes. Vania (Iván Petróvich), escritor y narrador de la historia, nos introduce en la problemática que lo afecta por causa del noviazgo entre Alioscha y Natascha, de quien él también está enamorado desde hace muchos años. Se produce así un triángulo en el cual Vania servirá de paño de lágrimas a Natascha y también por momentos al propio Alioscha. Conmueve, naturalmente, la lealtad de Vania para con ambos, al extremo que a ratos resulta difícil comprender la grandeza de su espíritu para no despreciar a su rival y permanecer fiel a la amistad. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Por momentos a este lector le gustaría saber si los personajes responden al estereotipo del hombre ruso de aquella época, o si se trata sólo de una idealización del espíritu humano. Hoy, es posible que algún crítico pudiera catalogar a los personajes de Dostoievski como naif, por su incipiente ingenuidad. El candor deslumbra en contraste, por ejemplo, con la oscuridad del alma de los personajes de la novela actual. No sabemos si se trata de mera ingenuidad por parte del propio escritor, o bien de una espiritualidad excepcional del alma del pueblo ruso. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sin embargo, Dostoievski, así como es capaz de exponer los reticulados más sutiles de la bondad, también pone en el mismo escenario el contraste, la antítesis del bien, personificado en Humillados y ofendidos en la personalidad del príncipe Piotr Aleksándrovich, hombre puramente racional, capaz de poner en movimiento los engranajes necesarios para conseguir sus ruines propósitos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Quizá la gran tesis de fondo que esconden las novelas del eximio novelista ruso, sea el enfrentamiento entre la razón y el sentimiento (afectividad). Dos fuerzas antagónicas que, como sabemos, cohabitan un mismo espacio: mente o espíritu. La primera representada en sus novelas por los hombres poderosos; y la segunda, por los humillados y ofendidos. Aquellos seres que no por causa del temor no enfrentan al más fuerte, sino por una cuestión moral que les impide el enfrentamiento y prefieren la humillación, despreciando el poder y la fortuna terrenal. Se trata de una pugna entre pragmatismo e idealismo, un motivo constante en la literatura. Sin embargo, lo más notable en su estilo -y acaso allí radica la mayor potencia literaria de un creador- es que la posible victoria entre ambas fuerzas, queda enteramente a juicio del lector, en tanto se identifique con alguna, apelando así a su propia conciencia, al traspasar la pregunta, la inquietud, y el veredicto (sentencia), al interior de la conciencia lectora. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No se puede dejar de mencionar la profunda visión cristiana que fundamenta la entereza espiritual de los personajes "inferiores" de sus obras. Ellos encarnan al hombre creyente que lo espera todo de la otra vida, hasta el castigo para los malvados. Están seguros que la justicia vendrá de arriba, una vez que se haya pasado el umbral de la muerte.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La novela es una pregunta, más que una respuesta. Una pregunta que se inserta como una saeta en el corazón del lector con el fin de llevarlo a cuestionar su propia existencia. Dostoievski en esta obra como en otras, consigue introducir no una pregunta, sino muchas de índole ontológico y moral. La moral en tanto juez interior, censor que oscila de un ser a otro, y que sólo una sociedad justa puede prodigar como agente unificador de las conciencias. De allí la conciencia culposa que arrastran sus personajes, condenándose ellos mismos al castigo. Otro motivo fundamental en la literatura de Dostoievski.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Natascha, la heroína, ha dejado a sus padres (Nikolai Serguieyich y Anna Andréyevna) para irse con Alioscha bajo la promesa de casamiento. Boda que no llegará a realizarse, por causa de la presión ejercida por el príncipe, padre de Alioscha, quien busca vincular a su hijo con una mujer de la alta sociedad y con dote suficiente para enriquecerse. Así, su hijo se casará finalmente con Katia, y Natascha regresará a su hogar deshonrada y pidiendo la clemencia de su padre por haberlos abandonado. Paralelamente, el narrador testigo de los acontecimientos, recoge a una huérfana (Nelly), que a la postre terminará siendo una hija legítima del príncipe pero no reconocida, con una mujer a quien en el pasado abandonó después de robarle su herencia. Es decir, los hilos se van uniendo para configurar una trama perfectamente hilada, tendiente a mostrar la vileza de unos y la bondad de otros. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Humillados y ofendidos se abre a los ojos del lector con un narrador protagonista  semejante al de la novela actual, para luego entrar en los diálogos que caracterizan las obras de Dostoievski, donde los personajes conversan absolutamente todo, revelando un grado de comunicación e intimidad impresionante. Asunto que nos gustaría saber si se corresponde con la época y con la sociedad rusa de entonces. Las confidencias del alma entre unos y otros, alcanzan el carácter del psicoanálisis. Y la intimidad y compenetración de la pareja humana parece idílica.  El encuentro perfecto entre almas gemelas. Contrastando, naturalmente, con el desencuentro permanente que padecen las parejas en el mundo moderno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2329642452306368548?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2329642452306368548/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2329642452306368548&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2329642452306368548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2329642452306368548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/06/humillados-y-ofendisos-de-fedor.html' title='Humillados y Ofendidos, de Fedor Dostoievsky'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SFGF_6E-1EI/AAAAAAAAAFE/F-G4sZIdxkg/s72-c/lecturesdedostoievski_portriat.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-7650439362564611190</id><published>2008-05-26T12:15:00.002-04:00</published><updated>2008-05-26T12:24:36.198-04:00</updated><title type='text'>El mochilero</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SDrkI-yYEoI/AAAAAAAAAE8/SrlBuawnKaI/s1600-h/Constitucion%2520al%2520N%2520640.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SDrkI-yYEoI/AAAAAAAAAE8/SrlBuawnKaI/s320/Constitucion%2520al%2520N%2520640.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204723162324406914" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo comenzó como en las buenas películas, apenas me bajé del camión, ya tenía un harem de mujeres a mis pies. Por supuesto no precisamente allí, sino un poco más allá, allí frente a la plaza, donde había mucha agitación en torno a un escenario improvisado, demasiadas cabelleras llamativas, negras, rubias, colorinas, castañas; demasiados cuerpos femeninos con bluyines apretados; risas, música, onda en definitiva. Gran bailoteo gran, calculé de inmediato, y con lo que me gustan los bailoteos, parezco mono porfiado, me tienen que sosegar a palos cuando me da por bailar. Una vez estuve bailando hasta que se acabó la noche, la reventó la luz del día de un solo cuete. Un Año Nuevo creo que fue. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llegada al pueblo había sido providencial. Le di el correspondiente millón de gracias al chofer cuando me bajé, para luego zambullirme ansioso en medio del gentío agolpado en torno al escenario. El tipo se pasó de buena gente conmigo, poco más y me invita a su casa a cenar. Pero la música era cosa seria en ese preciso momento, se colaba por todos los agujeros de la piel, electrizando cada nervio, cada minúsculo reticulado de mi ser. Al menos así la he sentido siempre, especialmente cuando es en vivo, como se daba el caso. Podía ver desde allí el deslumbrar de las guitarras eléctricas, el resplandor de los platillos tras cada chasquido de la plumilla marcando el ritmo, las manos de ágiles del organista sobre su instrumento, el juego de luces multicolores proyectadas sobre el gentío, las gesticulaciones aparatosas del cantante, las expresiones vivas del público… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo pensé más: mochila al hombro encaminé mis pasos hacia la muchedumbre, y como un cuchillo fui abriéndome paso en medio del gentío hasta ubicarme lo más cerca posible de la orquesta. Desde allí, pegado a los bafles igual como una lapa a las rocas de los arrecifes, pude hacerme una idea todavía más alucinante del panorama. Había mujeres para regodearse. Lolas, lolitas, cabritas ricas para todos los gustos. Algunas bailaban solas, otras más tímidas, movían solapadamente sus pies, sus rostros juveniles eran pura Bilz y Pap, esbozando sonrisas para exportar hacia todos los rincones lúgubres del hemisferio. Desde allí, mientras fumaba y echaba humo a bocanadas como una vieja locomotora a carbón, estas pupilas que siempre han sido una parte independiente de mí, fueron a dar de golpe con una muchacha única en el planeta, ubicada en un extremo opuesto al mío. Allí, estas pupilas se detuvieron por segundos que se fueron prolongando en lapsos temporales cada vez mayores, extasiadas frente a una mujer que más bien parecía producto de una aparición. Y en la medida que avanzaba el tiempo, comenzaba a encontrarla más atractiva, seductora, irresistible. Así me fue entrando el amor como con jeringa, poco a poco y hasta la última gota. ¡Mijita rica! Alguien me lo estaba gritando por dentro, ¡Mijita rica!, al mismo tiempo que comenzaba a sentir esa especie de frustración inicial que uno suele experimentar frente a una mujer atractiva, sobre todo cuando uno no la conoce y surge la necesidad de conocerla a toda costa, de saber por qué está ahí, cual es su nombre, de dónde viene y todas esas interrogantes en alerta junto a la ansiedad del deseo. Eso ocurre conmigo, y, palabra, no soy un psicópata ni nada por el estilo. Simplemente, me enloquece la belleza, me acelera el pulso y siento la furia del tambor ancestral retumbando en las paredes del corazón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permanecí mirándola durante media hora por lo menos, con la pupila encima, pegada a ella como una cámara indiscreta. Seguro que todo ese largo rato me odió a muerte, como suelen odiar las mujeres cuando un desconocido las observa a la distancia, sin atreverse a hacer un gesto de rechazo. A menos que se trate de una mina demasiado desenvuelta, de esas que son capaces de poner colorado al mismo James Bond. Pero no es el caso. Aquí es más bien difícil encontrar una mujer con ese pedazo de personalidad de las mujeres del cine, a menos que se trate de una chica de la noche, acostumbrada a los juegos alambicados de las amantes pagadas. Ella bajaba la mirada mientras la observaba, aunque a ratos respondía con un ligero parpadeo, invitándome a seguir con el jueguito. El cual es harto entretenido, entre paréntesis. Uno mira, y la otra persona se esconde bajo los párpados, uno deja de mirarla, y sus pupilas vuelven a asomar para mirarnos, y así...hasta llegar a cien, hasta el preciso momento en que uno no sabe qué hacer frente a esa situación provocada por uno mismo…, y en parte quiere huir y en parte quiere finiquitar el asunto, concretar el flechazo con una palabra, con un gesto, con lo primero que nos salga de manera natural. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había tanta juventud reunida allí, que uno se sentía dichoso de pertenecer a esa especie de cofradía, a ese círculo cerrado, repleto de simbologías propias a una edad, a esa misma edad que tenía yo, y estaba presto a aprovecharla, a sacarle la última gota de jugo antes que la vejez se desplomara sobre mí. La colección de insignias que traía pegada a la mochila, podía ser una buena evidencia de ello, al menos había sido mi intención al comprarlas una a una en cada pueblo que recorriera durante ese largo verano del 75, como una forma de sentirme más seguro entre mis amigos cuando regresara a la capital. Ninguno podría creer mucho la gracia, la mayoría son unos escépticos. Se las dan de hombres los compadres y no son capaces de desprenderse de las faldas de mamá. Ninguno me había querido acompañar ese verano y por eso andaba solo por los caminos del sur, en un diálogo permanente conmigo mismo, con aquel sujeto atrapado en las paredes de un yo infinito, imposible de atrapar con cuatro palabras, y con el cuál no terminaba nunca de discutir cualquier asunto, mejor me voy por aquí, no, toma esta vía, decía el otro, y así nos llevábamos… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quieres bailar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cara de palo me había acercado a la rubia para invitarla a bailar. Frente a frente, su belleza se alzó más aún, como esos globos aerostáticos cuando sueltan sus bolsas de arena para tomar altura. Pero no por ello me pareció en ese momento inalcanzable, por el contrario, pareciera que a uno le gusta todo lo que está por sobre nuestra cabeza, para emprender también la correspondiente ascensión al cielo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos bailando cerca de media hora y todavía me pareció demasiado poco. Mudos, sobrellevados por los excitantes ritmos de la música, bastante cohibidos en un principio, sin encontrar todavía el lenguaje preciso para comenzar a hablar. Bastaba con la música, ella contenía todas las palabras, todas las emociones de ese momento. Ni siquiera sabía tu nombre, tampoco tú el mío, entonces no existía mejor manera de conocernos que a través de la música, de mis movimientos coléricos, entrecortados, robotizados, en contraste con esos deliciosos desplazamientos tuyos, pero ambos con esa alegría natural irradiada por nuestros cuerpos juveniles. Había recorrido la mitad del país ese verano a dedo, y, por supuesto, tenía mucho que contar, pero no en ese mismo momento, claro. La irradiación de tu piel resultaba bastante más atractiva que esas aventuras y peripecias a dedo por los lagos del sur. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llegada a ese pueblo perdido entre los cerros fue lo bastante agradable como para echar raíces por un tiempo allí. Acompañé a media noche a la rubia hasta su casa, sin antes fijar una cita concreta para el día siguiente. Al medio día, dijo, al medio día en la playa Los Gringos nos vemos Martín. Por supuesto, tuve que mentir un poco y decirle que venía a casa de unos tíos a pasar unos días. Seguro que si le contaba la verdad, el posible romance no tendría mucho futuro. Uno no puede dejar del todo su vanidad cuando conoce a una mujer hermosa. No podías decirle: mira Valentina -porque ese era su nombre- la verdad es que no tengo donde dormir esta noche, y, lo más probable es que en un rato más baje a la playa a estirar los huesos sobre la arena. Acabo de llegar en un camión al cual subí después de hacerle dedo a otros tantos que me dejaron tirado en medio de la carretera. Claro, no podías decirle eso Martín, a menos que le hubieras dado ya un beso. Tu sabes, las mujeres cuando aman, cuando se sienten atraídas, suelen olvidarlo todo, incluso que su amante sea un atorrante, como era el caso. Y vaya si no me sentí un atorrante esa noche frente a su casa de veraneo, donde a la luz de los faroles brillaban los techos acerados de tres automóviles último modelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos besamos en la mejilla al despedirnos. La tomé de la cintura al besarla y sentí la sensación que nada podía haber en el mundo más excitante. Su piel parecía allí tan suave y firme que daban deseos de mascarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando quedé solo, caminé largo rato por las calles del pueblo, como una forma de apropiarme de sus espacios, de sus veredas angostas y altas, de esas casas en su mayoría de adobe pareadas unas a otras a lo largo de las calles desoladas, por donde silbaba a ratos el viento nocturno proveniente del río que bajaba por un costado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de dar varias vueltas y quedar lo suficientemente orientado para moverme el día siguiente como Pedro por su casa en esa ciudad con río y mar, me dirigí a la playa, donde extendí mi saco de dormir frente al rumor infatigable de las olas del océano Pacífico, que venían y se iban frenéticas, recogiéndose como lenguas blancas, y me entregué al sueño, entusiasmado con la idea de despertar temprano al día siguiente para volverla a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-7650439362564611190?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/7650439362564611190/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=7650439362564611190&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7650439362564611190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7650439362564611190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/05/el-mochilero.html' title='El mochilero'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SDrkI-yYEoI/AAAAAAAAAE8/SrlBuawnKaI/s72-c/Constitucion%2520al%2520N%2520640.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-6964560327879381840</id><published>2008-04-29T00:00:00.002-04:00</published><updated>2008-04-29T00:10:04.371-04:00</updated><title type='text'>del libro: Cuentos del Maule</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SBafdI3t4vI/AAAAAAAAAE0/N1KOR0TxbS0/s1600-h/Cuentos+del+Maule.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SBafdI3t4vI/AAAAAAAAAE0/N1KOR0TxbS0/s320/Cuentos+del+Maule.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5194514543164646130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;strong&gt;El gringo enamorado.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Humberto Miller llegó con la cuadrilla que vino a instalar las cañerías para el agua potable. Después, echó raíces en el pueblo. Se enamoró de Aurora, la hija mayor del viejo Aníbal, dueño del único almacén existente en diez kilómetros a la redonda. La muchacha tenía unos ojos negros penetrantes, clavaban igual que las espinas de los nardos. En el pequeño poblado era la estrella, como lo son algunas mujeres en el cine. Cada vez que salía de su casa cargando los baldes de aluminio en busca de agua al pozo, no le faltaba el ayudante. Los hombres corrían a socorrerla, cualquiera fuera el requerimiento. A los dieciséis años, ya había aprendido a sacarle algún partido a las miradas masculinas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana la cuadrilla de trabajadores se encontraba arriba del camión con sus cachivaches amontonados junto a la baranda, cuando Aurora apareció gritando a viva voz, y en medio de las risotadas de los trabajadores, que el Gringo -porque así lo llamaban sus amigos de faena en directa alusión al color de su pelo- no podía irse con ellos. Que no podía largarse así no más, gritaba, porque un hijo suyo esperaba ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los hombres oyeron eso, dejaron de reír. Entonces el silencio se apoderó del camino, como suele hacerlo también la noche, antes que la luna vuelva a alumbrar los campos con su luz de alerta. Al poco rato después, uno de los tipos gritó con voz irónica que se bajara luego el papi, y las risotadas destempladas de los trabajadores volvieron a invadir la atmósfera, aventadas por el comentario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el Gringo no se bajó, permaneció inmovilizado en una esquina junto a la baranda, con los ojos semicerrados. Acaso pensando acerca del futuro de su existencia, en tanto resbalaban de su frente algunos goterones de sudor espeso, escurriéndose poco a poco por entre los pelos de su barba colorina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol había amanecido picando esa mañana, y a ratos, restañaba con mayor fuerza su látigo amarillo sobre los cuerpos robustos de los hombres de overol, apiñados en la tolva junto a la cabina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos de sus compañeros miraron al Gringo con cierta complicidad picarona, dibujada en sus rostros toscos y sudorosos. Los más, en tanto, volvieron sus pupilas inquisitivas directamente a la mujer, hacia el cuerpo de la morena, a sus piernas barnizadas con el tono propio de la juventud, a sus pechos maduros, como bien los podían observar desde arriba del camión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miller esperó a que el vehículo estuviera en marcha para dar el salto definitivo a tierra, arrastrando sus bártulos. Un morral donde no cabían más cosas que una muda de ropa, un tenedor, una cuchara, un tazón de lata para el café, un plato hondo también de lata, machacado por los golpes de la vida, además del cortaplumas que llevaba siempre al cinto, enfundado en una pequeña cartuchera de cuero, constituían el grueso de su equipaje. Las frazadas y el jergón donde había dormido, durante el tiempo que tardaron las faenas para dotar de agua potable al pueblo, pertenecían a la empresa, y por lo tanto se fueron en el camión rumbo a otros pueblos semejantes a ese, perdidos entre los cerros de la cordillera de la costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se tiró a sus brazos apenas el Gringo pisó tierra firme con sus bototos gruesos, mientras sus compañeros se alejaban en el camión aplaudiendo, entre risotadas y gritos de alegría, hasta que la nube de polvo levantada por el pesado vehículo al rodar por el camino de tierra suelta, terminó de bajar el telón de un mundo que se cerraba, en tanto comenzaba a abrirse otro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miller la tomó del brazo, y se encaminó con ella hacia la sombra frondosa de los olmos a un costado del camino. Se habían conocido una tarde en que Aurora bajaba por la ladera del cerro en busca de agua. El Gringo, en ese momento, se hallaba al otro lado de la quebrada, instalando los tubos de plástico que traerían después el agua limpia a las casas del poblado. La observó como un viejo animal de caza durante su largo recorrido hasta el pozo, y cuando Aurora se encontraba abajo de la quebrada, llenando los baldes con agua, se le apareció sonriendo, por detrás de unos matorrales. Le ofreció ayudarla con los baldes, pero Aurora mirándolo con sus ojos negros encendidos, le dijo que para eso había venido con Manuel, un muchachón de unos diecisiete años que se encontraba con ella, a quien Miller deliberadamente hasta ese momento había ignorado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese día, sus pupilas azules seguían cada uno de los pasos de Aurora durante el recorrido en busca del agua, la cual manaba a borbotones desde el fondo de la quebrada. Parapetado como un cóndor sobre la colina, conectando allí la distintas cañerías del agua para las casas, el Gringo disfrutaba al verla bajar, y luego subir cimbrando su cuerpo de hembra joven por la ladera del cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora también comenzó a requerir agua con mayor frecuencia, y bajaba con los baldes ya no dos veces al día, sino cuatro y cinco también, mirando siempre de reojo hacia el otro extremo de la quebrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha bajaba sabiéndose observada por esas pupilas del color del cielo. Cada día bajaba con más cuidado, midiendo sus movimientos, mostrándose poco a poco de perfil, o de frente a esa cámara que sabía la seguía lentamente desde el lado opuesto de la ladera. Hasta que una tarde le sonrió, le mostró su dentadura blanca. Y el Gringo en respuesta, primero le silbó melodiosamente, y luego gritó sin más: ¡Aurora!. Y su nombre pronunciado por esa voz inconfundible, retumbó en la quebrada produciendo ecos que se grabaron a fuego en alguna ranura de su corazón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, en vista que la viera sola, sin la compañía de los jotes del pueblo que la acosaban con las mismas ansias que él, Miller bajaría hasta el pozo para ayudarla a llenar los baldes. Aurora lo dejó hacer, esbozando una sonrisa que a él le produjo escalofríos de placer. El rictus de su boca invitaba al beso, pero Miller se contuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subieron juntos en silencio hasta la casa de Aurora. Humberto Miller cargando los baldes, y ella sonriendo, sonriendo junto al hombre de pelo amarillo, de brazos musculosos, y de una estatura bastante más elevada al común de los hombres de la región. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde ella volvió a bajar sola otra vez con los baldes, y el Gringo llegó al unísono para ayudarla. Después, subieron juntos otra vez, intercambiando una que otra palabra. Pero sobre todo mirándose, y sintiendo la proximidad de sus cuerpos mientras subían. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, al día siguiente, Aurora no bajó por agua. Lo hizo el mocetón amigo suyo que solía acompañarla otras veces. Las pupilas azules del Gringo, aquel día se fueron destiñendo poco a poco junto con el caer de los velos2 de la tarde. Por la noche se enteraría, a través de uno de sus compinches de faena, que el padre de la muchacha había terminado finalmente de darse cuenta, de la presencia peligrosa de los trabajadores del agua potable en el cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, Miller apareció a la hora del ocaso en el almacén del viejo Aníbal, con el pretexto de comprar pilsener y harina tostada para la chupilca. El viejo lo atendió con la cortesía con que solía atender a sus clientes, sin sospechar que los ojos del afuerino andaban por allí en busca de otra presa. Después, aprovechó de hacerle algunas preguntas, relativas al asunto del agua potable, que lo tenían bastante atorado por esos días. Concretamente, le preguntó por los costos, los costos que tendría el uso del agua para cada familia, y si esa agua se podría beber lo mismo que la del pozo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Humberto Miller, sintiéndose animado por el viejo, aprovechó también de estirar la conversación como lo hacía con las cañerías en el cerro, todos los metros posibles. Y estuvo parloteando con el anciano por más de una hora y media sobre el asunto del agua, hablándole de los múltiples beneficios de contar con una llave con agua potable en cualquier punto de la casa. También se ofreció para hacerle la instalación interior, una vez ya instalado el medidor afuera; aunque mirando siempre de reojo hacia la cortina de género que separaba el almacén de la casa, y sintiendo en todo momento la presencia de Aurora detrás de esa cortina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lunes siguiente, Aurora volvió a bajar temprano al pozo, y esta vez el Gringo, le comentó que la había descubierto espiándolo por detrás de la cortina del almacén la noche reciente. Aurora se ruborizó, y luego sonrió de una manera que el Gringo, por puro instinto, supo que llegaba el momento de avanzar hasta el beso. Así que la atrajo hasta su pecho para abrazarla y besarla en la boca, sin que Aurora alcanzara a decir palabra.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, se reunieron allí mismo a conversar, pero después de un rato, subieron abrazados hasta lo alto del cerro, donde terminaron de perderse en el bosque perfumado de eucaliptos, que se transformaría durante las dos semanas siguientes en un tálamo perfecto, apenas iluminado por la pálida luz de la luna, que caía oblicua por entre los árboles, en suaves cascadas fosforescentes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, después de veinticinco años, Aurora salía a despedirlo definitivamente. El cuerpo del Gringo se hallaba metido en el ataúd de color negro que descansaba sobre la carreta. Nadie lograba comprender cómo ni por qué se había muerto. Durante esos años, había sido siempre un hombre de una salud de fierro, de unos brazos fuertes para resistir el duro trabajo en el aserradero, donde le correspondía cargar uno a uno los pesados cuartones a la salida de la sierra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos comentaban que se había muerto de un infarto cardíaco, por causa del peso de esos enormes troncos que debía cargar sobre sus hombros. Otros, en cambio, hablaban que lo había partido el hacha del vino. También algunas mujeres culpaban a la viuda. Reclamaban... que Aurora lo había mantenido durante esos veinte años siempre en celo, porque otra mujer al Gringo no le conoció nadie por esas lejanas tierras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-6964560327879381840?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/6964560327879381840/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=6964560327879381840&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6964560327879381840'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6964560327879381840'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/04/del-libro-cuentos-del-maule.html' title='del libro: Cuentos del Maule'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/SBafdI3t4vI/AAAAAAAAAE0/N1KOR0TxbS0/s72-c/Cuentos+del+Maule.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-919745525101750348</id><published>2008-04-20T23:49:00.001-04:00</published><updated>2008-04-20T23:53:07.125-04:00</updated><title type='text'>Fragmento de novela inédita:  Motivos Sentimentales</title><content type='html'>Capítulo 14&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Esa noche Octavio encontró a su mujer durmiendo destapada sobre la cama. Tuvo entonces la intención de abrigarla. Pero no lo hizo por temor a despertarla.   Diamela pasaba a veces por temporadas de sueño ligero y  cualquier ruido extraño conseguía despertarla abruptamente, con el consiguiente mal humor que suele sobrevenir después, y en el caso concreto suyo podía  alcanzar niveles patológicos. Prefería en esa ocasión verla durmiendo, aparentemente tranquila. Y acaso por primera vez durante su vida matrimonial, Octavio se encontró a sí mismo en medio del silencio y la soledad de la habitación, observándola dormir. Sólo entonces, como saliendo de un estado de aturdimiento general -en el cual hubiese estado sumido por largos años-, poco a poco comenzó a tomar cierto grado de conciencia de los estragos causados por los años en el cuerpo de Diamela, ayer maravilloso y angelical como nadie mejor que él lo podía recordar. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Sus pupilas se habían detenido primero en los pliegues del cuello, pliegues que -acaso por la misma posición en que se hallaba acostada- se prolongaban más allá de éste, abarcando parte del busto, donde se interrumpían abruptamente. La camisa de dormir impedía a sus pupilas escrutadoras  proseguir más abajo su dolorosa prosesión. Luego, su mirada se posó suavemente en una de las manos de Diamela, donde resaltaba la argolla de matrimonio y el anillo de compromiso, cuyos vivos resplandores, refulgentes y propios de los metales preciosos, contrastaban aún más con aquella mano avejentada. No obstante, al descubrir las huellas de la vejez impresas con sus implacables sellos en aquel cuerpo amado, le sobrevino un sentimiento de compasión tan intenso y profundo, que estuvo a punto de besarle las manos, y no sólo éstas, sino también sus hombros desnudos,  los cuales todavía cobraban un atractivo resplandor bajo la suave luz amarilla de la lámpara del velador. Sin embargo, al detenerse de golpe frente a sus cabellos, revueltos y sin ninguna plasticidad, acaso del mismo modo como le resultaba posible presumir que se encontrarían sus nervios, se contuvo de hacerlo. Volvió a insuflar su espíritu un sentimiento de piedad infinito,  y hasta  hizo la firme promesa interior de hacer todo lo posible de ahí en adelante para no hacer sufrir a esa mujer amada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Después, mientras se desvestía -movido acaso por la emoción producida por el hecho de contemplar a Diamela desde una nueva perspectiva-, llegó hasta su memoria con patética nitidez, el recuerdo de una noche de verano en que él había tenido la ocurrencia y la osadía de despertarla pasadas las dos de la madrugada, con el propósito ciego de hacerle el amor a la luz de un rayo de luna que se filtraba en ese preciso instante por la ventana, iluminando la piel de su cuerpo, terso y lozano entonces, con el mismo color luminoso y resplandeciente de los astros. Conservaba también intacta la impresión de haber sentido por un momento intenso y prolongado, que tener aquel cuerpo hermoso próximo al suyo -satinado por la luz del plenilunio-, era casi como tener un pedazo de cielo metido en el interior de la cama, al que bien podía acariciar y sentir como parte integral de sí mismo, como una maravillosa prolongación del suyo, una vez ambos desnudos y excitados. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No solamente recordaba eso, sino también lo asistía la certeza de haber sido esa la noche que mayor erotismo había despertado al momento de asociar esa luminosidad del astro nocturno con la existente en los ojos de Diamela mientras lo observaba, absorbida también por el deseo. Imagen que pudo revivir en su imaginación durante muchas otras noches posteriores, carentes de ese deseo divino  -como le pareció entonces-, y sólo cargadas de un erotismo demasiado animal para liberar como el otro la total ansiedad de sus sentidos una vez excitados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-919745525101750348?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/919745525101750348/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=919745525101750348&amp;isPopup=true' title='30 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/919745525101750348'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/919745525101750348'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/04/fragmento-de-novela-indita-motivos.html' title='Fragmento de novela inédita:  Motivos Sentimentales'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><thr:total>30</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-6910284550032076240</id><published>2008-04-05T13:50:00.002-04:00</published><updated>2008-04-05T13:54:00.482-04:00</updated><title type='text'>La autopista del sur.</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R_e8pisrPHI/AAAAAAAAAEk/vY_679sl4cw/s1600-h/autopista+del+sur.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R_e8pisrPHI/AAAAAAAAAEk/vY_679sl4cw/s320/autopista+del+sur.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5185820917815262322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor argentino Julio Cortázar fue un adelantado cuando escribió “La autopista del sur”, cuento de su autoría que pone al lector en medio de un gigantesco taco automovilístico a las entradas de París.  Hoy, cincuenta años más tarde, en nuestros lejanos países está sucediendo exactamente lo mismo. Las calles de Santiago de Chile, por ejemplo,  ya no soportan mayor cantidad de autos, a pesar de las vías concesionadas que buscan descongestionar las estrechas arterias de la ciudad. La invasión de autos es cada vez más alarmante y cabe preguntarse qué va a pasar en 10 años más, cuándo la población vehicular supere en un cien por cien a la actual. &lt;br /&gt;Sin duda, el Transantiago ha hecho un aporte importante también al problema, incitando a los santiaguinos a comprar más autos con tal de librarse de las dificultades de locomoción creados por este obtuso sistema de movilización pública, sin avizorar que un auto más en la calle, es una gota más al vaso de agua a punto de colapsar. Ninguna de las medidas posteriores tendientes a corregir las enormes deficiencias del sistema de transporte público han contribuido a mejorar el plan piloto inicial, sólo han conseguido incitar a los propios usuarios a comprar su propio sistema de locomoción para resolver su problema particular. Otra aberración que pone en evidencia la falta espíritu visionario del plan.  Es evidente que los autores intelectuales del Transantiago no fueron visionarios como Julio Cortázar  para adelantarse al porvenir. Pero si no lo fueron ellos en su momento de brillante iluminación intelectual, al menos podrían haberlo sido las autoridades existentes  detrás del proceso, encargadas de ponerlo en marcha. Por el contrario, éstas han persistido tozudamente en seguir adelante con un proyecto fracasado, parchado y remendando con tal de no doblar la mano. A la incapacidad de reconocer los propios errores antiguamente se llamaba soberbia. Hoy tal vez pasa nada más bien por un problema de sentimiento de poder, complejo de inerioridad, diría tal vez Freud. Entonces le han seguido metiendo buses y más buses al sistema, buses que no nos llevan a los lugares requeridos, sino que nos vuelven a tirar otra vez al Metro para alcanzar nuestro destino final. Entonces le han seguido incrustando más individuos de amarillo y rojo a los paraderos, algunos verdaderos lobos con piel de oveja para orientar a los desorientados pasajeros, cuyo origen se desconoce, y nadie se explica de dónde pueden salir esos miles de sueldos en el sistema antiguo inexistentes. Y allí están, junto a las hordas de pasajeros a la espera, como cabecillas de la guerra por la locomoción, por la batalla diaria para llegar a destino, regresar a la paz del hogar, o llegar con entusiasmo a enfrentar la jornada laboral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que en nuestra amada ciudad de Santiago, rodeada de parques frondosos, edificios y malls en permanente mutación y construcción, se vive diariamente un clima aterrador en las mañanas cuando hay que salir al trabajo, colegio o universidad, y lo mismo sucede a la hora de regresar. En los paraderos bien llamados corrales se apiña la gente como ovejas a la entrada del matadero, pacientes y silenciosas esperando su turno de subir a un bus que tampoco nos llevará a nuestro destino final, sólo nos acercará a la combinación siguiente. En el tren subterráneo (ayer orgullo máximo de la ciudad por su eficacia) se vive ahora una psicosis colectiva tanto como para entrar como para huir lo más pronto posible de ese clima sofocante y sórdido asentado allí. En las calles la agresividad de los automovilistas supera los niveles de normalidad, y los tacos duran horas de horas. Si uno observa un poco, puede comprobar que en los automóviles sólo viaja el conductor, es decir, una sola persona por vehículo, lo cual pone de manifiesto otra vez la falta de cálculo y de criterio de quienes pusieron en marcha un sistema cuyo fin era precisamente evitar el uso del automóvil para descongestionar la ciudad de sus gases más tóxicos, y del espacio que significa cada animal con ruedas horadando las calles de la ciudad.&lt;br /&gt;Cabe preguntarse como va a terminar esta historia, aunque podemos sospechar que como todas nuestras grandes historias, somos un pueblo de reacciones tardías, lentas y caprichosas, tal vez termine con un solo revés violento después de transcurridos unos veinte años, más menos esa parece ser la media de la paciencia general del chileno. Veinte años de dictadura, veinte de años de concertación, veinte años de Transantiago, ¿por qué no?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-6910284550032076240?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/6910284550032076240/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=6910284550032076240&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6910284550032076240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6910284550032076240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/04/la-autopista-del-sur.html' title='La autopista del sur.'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R_e8pisrPHI/AAAAAAAAAEk/vY_679sl4cw/s72-c/autopista+del+sur.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-6725912813602361755</id><published>2008-02-26T23:39:00.002-03:00</published><updated>2008-02-26T23:42:01.840-03:00</updated><title type='text'>Asuntos del diario vivir: Pague con sencillo.</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R8TN2F7gpgI/AAAAAAAAAEU/YOzzH6KrGik/s1600-h/monedas.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R8TN2F7gpgI/AAAAAAAAAEU/YOzzH6KrGik/s320/monedas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5171484601316582914" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Alguien más se ha dado cuenta que la gran mayoría de las personas paga su compra con el billete más grande que lleva en su cartera? El asunto tienes todas las características de una verdadera patología mental. Ya se trate de comprar cigarrillos, una bebida, o un mueble, la gente saca el billete más grande del bolsillo. En otros países, una acción semejante se toma casi como un insulto.  En Argentina, Bolivia, Brasil…quien no tiene sencillo para pagar un café o alguna compra por un monto de ese tipo, sencillamente, se queda sin comprar. Nadie le va a vender si no se toma la molestia de buscar el sencillo correspondiente. Lo que no ocurre, por cierto, porque el comprador hurga antes en sus bolsillos hasta dar con el sencillo necesario para pagar su cuenta sin molestarse en lo más mínimo. Se trata de una regla de urbanidad obvia y mínima. En cambio acá,  el comprador se ofende hasta la ira si el vendedor pide que pague con sencillo. Es más, amenaza alegando que tienen la obligación de darle vuelto. Debe ser por ese motivo que hombres y mujeres terminan caminando ladeados en este país, por el exceso de monedas que cargan en sus bolsillos. O tal vez han puesto demasiado oído al viejo refrán castellano que sostiene: “son las chauchas las que hay que cuidar, los pesos se cuidan solos” El caso es que los chilenos acostumbramos a pagar la cuenta con el billete más grande, nada más que por ese complejo de inferioridad que nos cohíbe frente al resto, ya por falta de mundo, o por falta de Sentido Común, algo que la sociedad chilena ha ido olvidando en estos últimos 30 años, exigiendo a otros lo que no es capaz de exigirse a sí misma. ¿Acaso no es un disparate demandar cambio cuando se quiere pagar un café con un billete de veinte mil pesos? Pues, eso sucede muy a menudo en Santiago de Chile. Y ya ven, el Estado pasa así fabricando monedas, porque siempre falta el maldito sencillo. Cabe preguntarse dónde están hoy las monedas, porque para el Transantiago ya no se usan, y sin embargo….Seguro que hay muchos tíos ricos, como el de las historietas de Whalt Disney, los que en su casa tienen una bóveda repleta de monedas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-6725912813602361755?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/6725912813602361755/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=6725912813602361755&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6725912813602361755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6725912813602361755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/02/asuntos-del-diario-vivir-pague-con.html' title='Asuntos del diario vivir: Pague con sencillo.'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R8TN2F7gpgI/AAAAAAAAAEU/YOzzH6KrGik/s72-c/monedas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2424963524604022222</id><published>2008-02-12T23:05:00.000-03:00</published><updated>2008-02-12T23:18:05.804-03:00</updated><title type='text'>El lugar sin límites, de José Donoso.</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R7JTJl7gpfI/AAAAAAAAAEM/fjaHL0tsUI0/s1600-h/el+lugar+sin+l%C3%ADmites.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R7JTJl7gpfI/AAAAAAAAAEM/fjaHL0tsUI0/s320/el+lugar+sin+l%C3%ADmites.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5166283146813023730" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En El lugar sin límite, José Donoso nos introduce en una novela que los amantes de la literatura denominamos de relojería. El calce entre unas y otras piezas narrativas es tan preciso, que no pueden funcionar las unas sin las otras.&lt;br /&gt;      El espacio temporal de la novela nos remite a un pueblo denominado Estación El Olivo, ubicado geográficamente en la séptima región, cerca de la ciudad de Talca. Se trata de un pueblo pequeño que ha ido perdiendo hegemonía en la zona con el paso de los años. El tren ya no llega con la misma frecuencia de antaño, y la carretera que ayer pasaba por su calle principal, ha sido desviada unos kilómetros antes de la llegada al pueblo, dejándolo aislado. Se entiende que los habitantes de la Estación El Olivo son en su mayoría inquilinos del fundo El Olivo de don Alejandro Cruz, cuyas vidas dependen de este anciano latifundista, dueño de las tierras de los alrededores. Es un pueblo de provincia donde todavía no llega la electricidad, y con el desvío de la carretera, sus habitantes han perdido las esperanzas de que alguna vez llegue esa preciada energía a renovar sus vidas miserables, ocultas bajo la tenue luz de las velas de cera con que malamente se alumbran por las noches.&lt;br /&gt;     La acción de la novela se centra en una casa de remolienda existente en el pueblo, lugar por donde circulan los habitantes masculinos de El Olivo durante sus horas de ocio, buscando entretención pasada la hora triste de la penumbra. La casa de remolienda en cuestión perteneció en su pasado más glorioso a la Japonesa, y es hoy propiedad de la Japonesita, hija legítima de la primera. Esta joven, que al decir de los contertulios es la antítesis de su madre, por cuanto sigue siendo todavía una mujer virgen pasado los veinte años, se encarga de cobrar y atesorar los dineros gastados por los visitantes, sin mezclarse en la farándula, conservando siempre su lugar de dueña de casa. &lt;br /&gt;     Lucy, Cloty y Nelly son las encargadas de atender los requiebros amorosos de los ansiosos visitantes allegados al lugar. Estos personajes representan a las clásicas prostitutas pobres de provincia, con sus penas y sus alegrías. Durante el día llevan una vida de mujeres de casa, hacendosas, lavando y zurciendo sus ropas, atendiendo a sus hijos, en tanto por las noches se transforman en reinas de fiesta. &lt;br /&gt;     En dicho lugar, vive también la Manuela. Personaje principal y emblemático de la obra, por cuanto se trata de un homosexual a quien se le atribuye la paternidad de la Japonesita. Es un hombre de edad, pero cargado con fantasía de un ser joven a la hora de las fiestas. Se cuenta que mediante una apuesta sostenida entre él, la Japonesa Grande y don Alejandro Cruz -asiduo visitante también y propietario hasta entonces de dicha casa, como de las demás del pueblo- muchos años atrás, la Manuela llegó a convertirse en padre y también en propietario de dicha casa de juergas. En la Manuela descansa la alegría de las noches de fiesta, por cuanto canta y baila con una gracia que a todos los contertulios entusiasma más que el baile mismo de las demás mujeres de la casa.    &lt;br /&gt;     La tensión dramática de la novela comienza una noche con el ruido de la llegada del camión colorado, cuyo propietario y conductor es Pancho Vega. Un huaso pendenciero, pero criado muy cerca de la casa grande del fundo de don Alejo, con más privilegios que los demás inquilinos por parte de la familia  del propio latifundista. El camión lo ha comprado tiempo atrás gracias a un préstamo de don Alejo, pero que gracias a un nuevo préstamo ofrecido por su cuñado, Octavio -dueño de la gasolinera del camino longitudinal-, devuelve repentinamente el dinero al latifundista y se siente luego dueño y señor del mundo. En esas condiciones llega esa noche a la casa de la Japonesita, buscando alegría y diversión, en un momento en que los ánimos no son de los mejores, conocidas recientemente las malas noticias respecto a la negativa por parte de las autoridades de la prometida electrificación del pueblo. La Japonesita se encuentra sola. Los hombres llegan y quieren música. La música la entrega una vieja victrola ubicada en el salón. Toman vino a destajo, pero se aburren ante la falta de chispa de la Japonesita, quieren más diversión, más fiesta, comienzan entonces a llamar a gritos a la Manuela, saben que ella es la única que  puede alegrar de verdad la fiesta. &lt;br /&gt;     La Manuela en tanto, oculta hasta ese momento, sabe que es su turno, que tendrá que salir para avivarles la fiesta, porque los hombres han venido por ella. Se viste con su viejo traje de española y aparece pronto en escena, bailando y gesticulando, incitando a Pancho quien sale a bailar sin problemas con ella, agarrándola con sus manos enormes y echándole su tufo pasado a vino negro. En un arrebato tendiente a recomponer la música de la victrola, alguien rompe una pieza del aparato y la música se detiene, dejando en silencio a los enfiestados, quienes con ganas de seguir la fiesta, salen arrastrando a la Manuela hacia el camión, con el fin de largarse hacia Talca al prostíbulo de la Pecho de Palo para continuar allí la fiesta.&lt;br /&gt;     Sin embargo, una vez en el camión, la Manuela que se sabe ya vieja y cansada para una fiesta larga, se les escabulle de la manos, arrancando hacia los viñedos de Don Alejandro Cruz colindantes con la casa. Pero los hombres no tardaran en darle alcance y le propinan una paliza hasta dejarla moribunda, a merced de los colmillos de los cuatro canes del latifundista, los que a esa hora de la media noche quedan sueltos para resguardar la casa patronal y sus entornos.&lt;br /&gt;     La novela culmina allí, en medio de los extensos viñedos que rodean la Estación El Olivo, con la Manuela moribunda, y presumiblemente a merced de los cuatros temibles canes del dueño de la tierra, quien los ha criado durante generaciones con el fin de que mantengan su potestad sobre los magníficos territorios que conforman su hacienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Miguel de Loyola&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2424963524604022222?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2424963524604022222/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2424963524604022222&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2424963524604022222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2424963524604022222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/02/el-lugar-sin-lmites-de-jos-donoso.html' title='El lugar sin límites, de José Donoso.'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R7JTJl7gpfI/AAAAAAAAAEM/fjaHL0tsUI0/s72-c/el+lugar+sin+l%C3%ADmites.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-8440038434964173737</id><published>2008-01-23T00:27:00.000-03:00</published><updated>2008-01-23T00:32:49.348-03:00</updated><title type='text'>En busca de Vallejo, Cortázar y otros escritores</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R5a0pwZ_YFI/AAAAAAAAAEE/RKcTT_Gabzg/s1600-h/Cesar_vallejo_1929.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R5a0pwZ_YFI/AAAAAAAAAEE/RKcTT_Gabzg/s200/Cesar_vallejo_1929.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158509052661030994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Antonio Avaria&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un jueves tristón, con aguacero, decidí ahora sí, buscar    &lt;br /&gt;hasta encontrarla, hasta darme de bruces con la tumba de &lt;br /&gt;César Vallejo. En el plan que la administración del Cimetiere Montparnasse entrega graciosamente, la ubicación del poete péruvien desorienta ; está mal señalizado su número 67, casi al borde de una avenida que uno simplemente no encuentra, pese a tratarse de un recinto de dimensiones moderadas. A la entrada, a la derecha, ahí están Sartre y la Beauvoir, y dando la vuelta, el templete  donde pudre sus excesos el  dictador mexicano Porfirio Díaz, quien tras salir expulsado por la Revolución en 1910, vivió cinco años con gran lujo e impunidad, sin temor a detenciones, en palacetes y saboreando Paris, como el personaje de Alejo Carpentier en la magnífica novela El recurso del método ( notablemente bien representado por Nelson Villagra en la película de Miguel Littin). Se hizo &lt;br /&gt;tarde, comenzaron los silbatos expulsando a la gente, y los &lt;a href="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R5a0egZ_YEI/AAAAAAAAAD8/WZVAZgBBlLU/s1600-h/montparnasse-cemetary.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R5a0egZ_YEI/AAAAAAAAAD8/WZVAZgBBlLU/s200/montparnasse-cemetary.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158508859387502658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;microfonazos en dos o tres idiomas, y mientras atardecía en el cementerio Montparnasse, fue irguiéndose a unos doscientos metros, contra el horizonte, una monstruosa Torre de Babel, de sesenta o más pisos, la Tour Montparnasse que se iluminaba cuadrito a cuadrito, con gente de vuelta del trabajo, con la iniciación de extrañas ceremonias nocturnas. Pasé por la tumba de Samuel Beckett, con quien conversé en una iglesia desafectada de Berlín Oeste, cuando una parte de Berlín se llamaba así, y el irlandés había venido a ver la puesta en escena de una de sus obras por un fiel amigo y discípulo suyo, entonces colega nuestro en el Programa de las Artes de esa ciudad. Al despedirse, Beckett se excusó, con una sonrisa: I still have to squeeze some more words ("Todavía tengo que exprimir unas pocas palabras más"). Y regresé a su lápida, guiando a una japonesa de ajustada malla negra que se desesperaba por encontrarlo. (-¿Lo has leido mucho? -He actuado en casi todas sus obras). Y nada más enfrentarlo, ella entró en trance catatónico, olvidándome. También tengo presente la frase reiterativa de un Impromtu teatral de Beckett: Little left to say ("Muy poco más que decir"): ese poco, en su caso, era mucho. Casi a su lado está el documentalista Joris Ivens, quien tan cruda y bellamente describiera la escuela revolucionaria de Mao en Yenán, la guerra de España y también nuestro Valparaíso y su famosa Casa de los Siete Espejos. Fuertes tormentas, huracanes insólitos han derribado el tablero de ajedrez de Alekhine, "Gloire de la Russie et de la France". Y qué discreto parece Baudelaire como allegado en el mismo sobrio monolito funerario del odiado general Aupick, su padrastro. Debajo de éste, general muerto a los 68 años, reza "Charles Baudelaire, son beau fils, décédé a Paris a l age de 46 ans le 13 aout 1867". En compensación, al otro extremo de la necrópolis está la figura yacente, de espaldas, impresionante y solitaria cual Soldado Desconocido, del poeta de Las Flores del Mal, que muriera tan tristemente, como lo recordara Jorge Teillier en un artículo memorable (véanse sus Prosas, publicadas por Sudamericana).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sí, hoy jueves, lo encontraré, me propuse unos &lt;br /&gt;días después, disponiendo esta vez de dos o tres horas antes &lt;br /&gt;del cierre. Había que rastrear la tumba de Vallejo entre unas ochenta, calculé, pues vagamente tenía que estar en tal &lt;br /&gt;sector, y comencé a escudriñar sepulturas. La lluvia, las &lt;br /&gt;hojas del furioso otoño parisino, que se introducen &lt;br /&gt;mañosamente en las inscripciones, borrando nombres, las &lt;br /&gt;incisiones apenas insinuadas sobre las lápidas acostadas, &lt;br /&gt;hacían difícil la tarea de leer.  Y así, huroneando al azar, &lt;br /&gt;por aquí y allá, de repente, a bocajarro, aparece en negro &lt;br /&gt;sobre blanco  un rollo desplegado de piedra que reza &lt;br /&gt;nítidamente "Nací un día que Dios estuvo enfermo". Es el &lt;br /&gt;estribillo percutor del último poema de Los Heraldos Negros, &lt;br /&gt;ese libro de 1918 que comienza con los magníficos "Hay golpes en la vida, tan fuertes..¡Yo no sé!/ Golpes como del odio de Dios;..." Es lápida de mármol verduzco, y sólo apartando las hojas deletreamos César Vallejo "qui souhaita reposer dans ce cimetiere". Abajo, una frase un tanto enigmática, "J ai tant neige pour que tu dormes" firmada Georgette, quien inhumara los restos de su marido en 1938, en el cementerio de Montrouge; sólo desde l970 están en Montparnasse. En los funerales del gran poeta peruano tomó la palabra Louis Aragon en representación  de la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. La esquela comunicando la dolorosa nueva y dirigida a los "Queridos camaradas" llevaba las firmas del mismo Aragon, de Jean-Richard Bloch, de André Chamson y de André Malraux.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había escrito, Vallejo, en el soneto Piedra Negra &lt;br /&gt;sobre una Piedra Blanca, entre los inmortales Poemas Humanos, los conocidos versos siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Me moriré en París con aguacero,&lt;br /&gt;   un día del cual tengo ya el recuerdo.&lt;br /&gt;   Me moriré en París -y no me corro-&lt;br /&gt;   tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Años después, en 1984, un gran número de latinoamericanos exiliados en Paris, junto a intelectuales y jerarcas franceses, se dieron cita en este lugar de Montparnasse. Enterraban a Julio Cortázar, a días de la publicación de Nicaragua tan violentamente dulce. Volodia Teitelboim trazó una excelente semblanza del escritor argentino, a su muerte ciudadano francés, en una reedición de la Policrítica en la hora de los chacales (Ediciones lar, a cargo de Omar Lara).  &lt;br /&gt;Encontrar a Julio Cortázar pudo ser imposible, porque su tumba carece de toda leyenda, pero esta vez sí ayudó &lt;br /&gt;el plan de la administración del cementerio, que ubica a &lt;br /&gt;Cortázar exactamente atrás y a la derecha de César, cuya &lt;br /&gt;escultura equina, de acero, hecha por él mismo, no puede pasar inadvertida. ¿Y cómo saber que se trata del lugar de descanso del autor de Rayuela? Pues, muy simple, porque la losa sepulcral está repleta de cronopios, de arriba abajo y de izquierda a derecha. Remuévelos, y no encontrarás inscripción alguna.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-8440038434964173737?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/8440038434964173737/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=8440038434964173737&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8440038434964173737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8440038434964173737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/01/en-busca-de-vallejo-cortzar-y-otros.html' title='En busca de Vallejo, Cortázar y otros escritores'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R5a0pwZ_YFI/AAAAAAAAAEE/RKcTT_Gabzg/s72-c/Cesar_vallejo_1929.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-5546022246624141997</id><published>2008-01-12T20:11:00.000-03:00</published><updated>2008-01-12T20:18:48.419-03:00</updated><title type='text'>Las marcas de Roberto Bolaño</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R4lKPtPzd8I/AAAAAAAAAD0/JOy-xCE_cBI/s1600-h/roberto-bolano.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R4lKPtPzd8I/AAAAAAAAAD0/JOy-xCE_cBI/s320/roberto-bolano.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5154732882206619586" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Por Miguel de Loyola&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestro país, no hay dudas, los muertos suelen gozar de mejor reputación que los vivos. Nuestro sentido común adhiere a la idea de que todos los muerto son santos, y debemos canonizarlos cuanto antes. Es cosa de ver las velas encendidas en los cementerios a los asesinos más despreciables. En nuestro estrecho círculo literario, a los escritores difuntos se los venera muy por encima de los vivos buscando -tal vez- apaciguar las conciencias culposas arrastradas por causa de no haberlos valorado a tiempo. El caso de Bolaño, por ejemplo, es comparable con el de Juan Emar, ambos son llamados hoy día genios de la literatura nacional. Pero también se habla en un tono semejante de Huidobro, la Mistral, Tellier, Rodrigo Lira, Mauricio Wacquez, Estela Díaz, María Luisa Bombal, Enrique Lihn, etc. La lista de venerables podría resultar interminable. &lt;br /&gt;La temprana muerte de Roberto Bolaño (1953-2003), sacudió las conciencias de críticos y amigos, y los comentarios post mortis respecto a su obra, lo han puesto a la altura de los más grandes escritores, ya no nacionales, sino mundiales de la lengua castellana. Sus obras se han traducido a muchos idiomas y se leen hoy en todo el mundo. Se trata, sin duda, de un escritor vanguardista que no alcanzó a cosechar los frutos de su temprana siembra. Ya en La pista de hielo (1993), nos encontramos frente a un estilo resuelto y provocativo que escarba en la conciencia del lector. En la novela funcionan tres narradores protagonistas que poco a poco van configurando una misma historia. Tal vez sea ésta, por ser la primera, la más autobiográfica, en tanto entrega los pormenores de los trabajos con los que el autor se ganó la vida durante los primeros años en Europa. El uso de un narrador en primera persona y protagonista responde a una característica de la literatura europea del momento, por lo tanto por allí no encontramos lo más novedoso de su narración, pero si destaca un ligero tizne de ironía solapada que en lo sucesivo será el germen medular de novedad en su estilo. Una ironía para componer los hechos narrados y también para juzgarlos, sin ese resentimiento primitivo que a tantos novelistas no permite alcanzar el tono literario, quedándose siempre en la crónica y fuera de la novela. En Estrella distante la ironía en sordina adquiere un mayor color, y termina por poner en evidencia que se trata del arma estratégica de Bolaño. La novela recrea diversos momentos que pueden leerse y anexarse también como parte de la vida real del autor, pero maquillados hasta convertirlos en sucesos literarios, más firmes y sólidos que la propia realidad. Como ocurre con el caso de Carlos Wieder y las atrocidades cometidas por la Dictadura. La demencia y la ferocidad de los torturadores queda así denunciada literariamente. Sin embargo, en La literatura nazi en América (1996), este soporte estilístico decae, acaso porque las semejanzas con la Historia Universal de la infamia (1935) de Borges, resultan demasiado evidentes, aunque sirve de evidencia para relacionar la pluma de Bolaño con la del eximio escritor Argentino. La distancia que toma Bolaño para narrar resultan semejante. Una distancia que permite al escritor desprenderse de los sentimientos para que sea el propio lector quien los imprima y juzgue en su imaginario personal. En Amuleto (1999), si bien Bolaño repite el uso del narrador en primera persona, ahora encarnado en una voz femenina, la novela presenta una estructura diferente a la tradicional. Los acontecimientos no caminan hacia el siempre esperado clímax y desenlace, y permanecen girando en torno a sí mismos. También Amuleto es una novela denuncia, como Estrella distante y las que seguirán. Bolaño parece obsesionado con la idea literaturizar la literatura nominando a cuanto escritor ha leído o conoce, dando cuenta así del universo intelectual de la época referida (1965). En Nocturno de Chile la voz narrativa focalizada en el personaje Sebastián Urrutia Lacroix, se hace cargo de exponer la situación literaria de chile, y concretamente la labor de sus críticos, jugando, como se ha dicho, con esa ironía que comienza a asemejarse también a la antipoesía de Nicanor Parra, poeta admirado por Bolaño y al cual emula -ya no cabe dudas- su forma de desvirtuar y mirar la realidad. Lo mismo que a Borges y a Ricardo Piglia, en quien pueden hallarse muchas semejanzas estéticas, me refiero a la búsqueda de un sentido nuevo de composición narrativa, distante del llamado Boom latinoamericano. &lt;br /&gt;Con posterioridad a estas obras cuyo eje temático gira fundamentalmente en torno a la denuncia política y a las dictaduras latinoamericanas que han marcado su juventud, pero sin un compromiso social sino más bien puramente estético, las sucederán otras, como Una novelita lumpen (2002), donde la denuncia adquiere un tono existencial, aunque siguiendo con el mismo estilo descarnado, exento de sentimientos, consiguiendo proyectar la desolación del hombre actual con mayor fuerza. La voz narrativa a cargo de la protagonista Bianca, nos pone al corriente de su vida junto a su hermano una vez que han sido abandonados a su suerte. El relato da cuenta de la soledad en que viven los jóvenes europeos. En el caso de 2666 (2004) obra monumental del autor, pueden apreciarse todas las marcas antes mencionadas, pero llevadas acaso a su máxima expresión. La parte de los críticos, Bolaño insiste en traer los temas literarios al lector, recreando el interés de un grupo de especialistas en la obra de Archimbol, pero ahora desde la perspectiva de un narrador omnisciente. La amistad entre Espinoza, Pelletier, Morini y Liz resulta de antología, y proyecta acaso la necesidad de encontrar pares en el mundo. &lt;br /&gt;La parte de Amalfitano, responde a la lógica de la historia sin sentido unívoco que ha venido desarrollando como tesis de fondo en sus novelas. El hecho de narrar acontecimientos que no se explican, y que ayer explicaba la novela decimonónica. Un recurso moderno que Bolaño lleva al extremo, siguiendo la línea del Ulises de J.Joice, lejos de la búsqueda racional del sentido del sin sentido, lejos de la lógica creada por el racionalismo aristotélico para ordenar y explicar la realidad. Bolaño la deja correr en su misterio inexplicable, cual reflejo de la vida misma, dejando al lector siempre con la misma libertad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-5546022246624141997?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/5546022246624141997/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=5546022246624141997&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5546022246624141997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5546022246624141997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2008/01/las-marcas-de-roberto-bolao.html' title='Las marcas de Roberto Bolaño'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R4lKPtPzd8I/AAAAAAAAAD0/JOy-xCE_cBI/s72-c/roberto-bolano.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-283026164597796749</id><published>2007-12-25T20:37:00.000-03:00</published><updated>2007-12-25T20:47:37.744-03:00</updated><title type='text'>Comentario sobre Cuentos del Maule, Simon Colombel</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R3GVZdPzd6I/AAAAAAAAADk/5_y7C0zgVfM/s1600-h/los+alpes.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R3GVZdPzd6I/AAAAAAAAADk/5_y7C0zgVfM/s320/los+alpes.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5148060113641371554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que el comentario del señor Juan Mihovilovich es sorprendente. Pero yo diría más bien : tan exacto, tan verdadero, y tan bien dicho. Este escritor tiene una manera hermosa de escribir, y no me extraña que la tuya le haya gustado tanto, al ser tan auténtica. ¡ Qué maravilla que tengas este don, que lo "explotes" tan bien y que podamos aprovecharlo, nosotros, pobres lectores prosáicos viviendo en otro planeta tan terrestre y tan trivial ! ¿ qué clase de hechicero eres ? Yo me siento muy a gusto en el Maule, tus cuentos despiertan recuerdos de mi infancia, de mi adolescencia, de mi abuelo. Otra vez puedo oir los pájaros que cantaban en los árboles que crecían detrás de la casa, a la orilla del río que lamía los peldaños de la cocina y a quién se le ocurrió alguna vez entrar hasta la chimenea, cuando había llovido demasiado…El ruido del agua, incesante día y noche, que entraba en nuestras habitaciones y nos acunaba a la hora de dormir… Y mis hermanos pescaban truchas a mano mientras yo pescaba japutas que ponía en un balde y que volvía a echar al agua después de haberlos observados cuidadosamente, buscando cómo diferenciarlos. Construíamos efímeros embalses de piedras después de las crecidas porque el corriente había cambiado…Había aguzanieves con su característico balanceo, y algún martín pescador que volaba delante de nosotros, formando una flecha azul, pájaros trogloditas con sus nidos el el muro de piedras que teníamos que trepar para llegar hasta una pradera con manzanos, perales y robles en los cuales mis hermanos edificaban chozas en las cuales no fue nunca porque no sabía trepar tan alto… Y las campanas de la iglesia colindante, que tocaban a cada hora, cada día…¿ Te das cuenta que los Cuentos del Maule son un poco míos también ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Simonne Colombel&lt;/strong&gt; nació en el suroeste de Francia. Estudió en el liceo de Grenoble, en los Alpes. En los Pirineos, ingresó por concurso a la Escuela de Formación de maestros en Toulouse. Fue maestra durante tres años y luego ingresó a la Universidad de Letras de Toulouse y simultáneamente a la Escuela de Formación de profesores de colegio. Se tituló de profesora de español y de francés. Para mejorar el conocimiento de la lengua española, fue a Barcelona a trabajar en un liceo y en el Instituto Francés. Allí cursa estudios de español en la Universidad y egresa con mención en español. Al cabo de seis años, regresó a Francia donde ha sido profesora de colegio, enseñando ambas lenguas. &lt;br /&gt;Simone Colombel ha traducido el libro&lt;strong&gt; Cuentos del Maule &lt;/strong&gt;al francés.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-283026164597796749?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/283026164597796749/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=283026164597796749&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/283026164597796749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/283026164597796749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/12/comentario-sobre-cuentos-del-maule.html' title='Comentario sobre Cuentos del Maule, Simon Colombel'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R3GVZdPzd6I/AAAAAAAAADk/5_y7C0zgVfM/s72-c/los+alpes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-1884185859736897529</id><published>2007-12-10T00:08:00.000-03:00</published><updated>2007-12-10T23:02:50.225-03:00</updated><title type='text'>Lanzamiento en Talca de Cuentos del Maule</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R1yt21Bsk6I/AAAAAAAAADI/JSgVCLE8DrQ/s1600-h/talca.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5142176032008999842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R1yt21Bsk6I/AAAAAAAAADI/JSgVCLE8DrQ/s320/talca.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; LA FUERZA DE NADAR CONTRA LA CORRIENTE.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién podrá contar los granos de arena a orillas de los mares, las gotas de lluvia, los días ya transcurridos?&lt;br /&gt;                                                                        Sirácides- 1,2.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Libro: Cuentos del Maule.&lt;br /&gt;Autor: Miguel de Loyola&lt;br /&gt;129 Págs.  Bravo y Allende Editores. 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Muchos  salmones regresan del  mar hacia los ríos, nadan  contra corriente, y recorren todo un hemisferio  de sur a norte, desovan, nacen las crías y ellas regresan desde las  corrientes de agua dulce al océano una vez que alcanzan la madurez.  Es un transito voluntario y necesario, una forma de proseguir la vida, de recorrerla, de sentirla entre las piedras y las profundidades, un manera de renacer siempre en el cíclico vaivén de las travesías eternas,  que dan la impresión de cambiar año tras año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Quizás, en parte por esa necesidad de nadar contra la corriente obligado por la historia   -o por las circunstancias de la historia-  Gerardo, el personaje inicial del primer cuento, se haya deslizado más tarde desde Canadá, su lugar de desarraigo,  para regresar un día hasta las quietas y mansas aguas del Río Maule frente a las riberas de Constitución,  “no porque quisiera morir…pero tampoco quiero llegar a Constitución muerto un día….”  Entonces se duerme en ese movimiento silencioso del bote sobre las aguas y nos retrotrae a un mundo antiguo y vigente, hecho de interioridades rurales, de sosiegos y pasiones,   de padecimientos y fugaces alegrías donde  hombre y  mujer habitan un espacio que pareciera brotar desde afuera y que, sin embargo, seduce por una confluencia inevitable, por un engarzamiento de los sentidos y el entorno, siendo prácticamente imposible disociarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Los cuentos de Miguel de Loyola arrastran luego la pesadumbre de un tiempo que se nos ha extraviado, que está allá lejos, enmarcado en el paisaje de un secano costero  o una ruralidad  medio árida y  deslucida por donde las vidas transitan lóbregas y casi ajadas, sujetas  a una paciente tradición ladina y traicionera, mezquina a veces, injusta casi siempre, insondable  o triste en ocasiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     En  estas paginas destilan las historias mínimas de seres mínimos que recogen los vestigios de una realidad  campestre que alguna vez nos rodeó desde los cerros con sus bosques nativos centenarios y que, de pronto, cedió  paso al bosque  artificial, preñado de consumo y afanes de mercado.  Nada nuevo, podrá decirse, o un discurso semi gastado y que va contra corriente.  Pero no.  De Loyola nos está increpando, nos comienza a molestar con ese tono algo  inocente, supuestamente ingenuo, pero terriblemente lúcido y certero.  Desde sus personajes emanan  los atributos de lo que somos: esa mezcla de ángel y bestia que se arrastra con nosotros desde nuestros orígenes.  Allá, en la quintaesencia de los terrenos perdidos donde los artefactos del progreso son -antes y ahora-  una cuestión de perspectivas  del mundo moderno, los seres de Cuentos del Maule se arrastran con pesadez animal  y suelen salir  -de  tarde en tarde-  de las madrigueras para seguir respirando el mismo aire que todo ser aislado, pero necesariamente gregario,  requiere y necesita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Entonces, de a poco, como si el lector fuera impulsado por esa corriente seductora, se deja llevar por el mágico encanto de estos personajes que están vivos, que atrapan y estiran la cuerda del entendimiento para que uno se revitalice con sus alucinaciones  (La agonía del fantasma), con la obnubilación de la conciencia  producto del alcohol (Por el atajo del Litre)   o la sensualidad monogámica del afuerino con Aurora. (Un Gringo enamorado), actores que representan roles diversos de una historia única, paradójicamente colectiva y personal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Desde sus escuálidos espacios,  donde la memoria surte el efecto de retrasarnos y hacernos palpar un presente vívido y alejado de las autopistas o los centros de poder, son los mismos seres quienes recobran su imagen corroída para hacerse carne, pasión y desventura.  No hay tiempo para el sueño.  Si se sueña se corre el riesgo de ser otro  u otras y el sello de una condena dejaría de ser tal.  Es verdad, destellos refulgen en las narraciones como avisos de otros universos, como señuelos imprecisos de una solidaridad ajena. Pero, la pobreza a veces, la ignorancia en ocasiones, la avaricia y la mezquindad en otras, se apodera de los vestigios de una existencia solitaria.  Así en La herencia de misia Aurorita, los vecinos acuden en masa a apoderarse de los bienes terrenales de la difunta en una seriación patética: los depredadores arrasan con todo y, sin embargo,  acudirán más tarde a depositar sobre su lápida las mismas flores robadas desde su jardín el día anterior. Quedará apenas la huella de una existencia que pareciera no haber sido tal en sus noventa y dos  años terrenos, como en cierta forma ocurrirá también  en Los Hijos de Mamá Regina, donde parte de  ese atávico egoísmo  emerge con toda su fuerza y a pesar de amamantar como nodriza a casi   un pueblo entero, apenas un  único individuo, de vez en cuando,  regresa a agradecer esa savia que le fuera ofrendada.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Cierto: queda poco sitio para la redención.  Pero, ella también es un intento. En El profeta en su tierra,  una narración inolvidable,  acudimos a ese proceso de reconversión. Samuel Villalobos, ebrio consuetudinario, se transforma en predicador, en salvador de almas y su metamorfosis intenta alcanzar a su mejor amigo, Corrales, tan perdido hoy como aquél antes. Pero, Corrales está marcado por el sino de la fatalidad. O acaso el nuevo profeta también. El encadenamiento de sus destinos hará que el desenlace sea sólo el resumidero de sus tribulaciones. No hay escape, entonces. Ese perfil engañoso con que los personajes de De Loyola procuran revestirse circunstancialmente, no basta.  No es suficiente.  ¿No es acaso entre el campesinado ese destino prefigurado una especie de advertencia, de reclamo, de aullido entre los matorrales y los bosques?  La religión aparece como una balsa para el naufrago, aunque su historia tiene otro itinerario. No. No basta la fe. En el hombre hay ciertos designios trazados de antemano y a algunos sólo les basta transitarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     No se trata de hacer de ello una apología del fatalismo.  Es simplemente el deslizamiento de las vidas sencillas que, a pesar de todo,  nos muestran la otra cara de la medalla: intentos de poder y grandeza efímera  en Las memorias de don Rojo o en Terratenientes, una suerte de esfuerzo y astucia en el primero o una mixtura de ésta última con la invariable sucesión hereditaria de la propiedad rural en la segunda, aunque en todo caso  traten de historias de proyectos y  esfuerzos  por  cambiar con la riqueza acumulada el sino de una tradición ineludible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Podríamos hablar sin tregua de éste libro y entusiasmarnos con cierto humor negro en Las Fiestas del Vino, enternecernos hasta bordear la emotividad  con La Escuela de Juan Grande, otro de esos personajes memorables, o atemorizarnos a distancia con La Pata del Diablo o ese susurro insinuante que crece hasta ser El viento en medio de la noche, un hálito de muerte y sombras que parecen hombres en un universo casi evanescente.  O por último, dolernos de ese asesino accidental  en La Despedida  o creer que la tierra prometida   existe en algún lugar como en La Vida Nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     No obstante, aquí están los derroteros de estos Cuentos del Maule, que no son la historia inconclusa del criollismo de Mariano Latorre…o quizás… quién sabe… puede ser un remezón a nuestra conciencia mundana, adormilada por los vicios del modernismo, cuando aquí mismo, en la trastienda de nuestros afanes frívolos, sí, aquí mismo, en el secreto encanto de una memoria que no puede ausentarse para siempre, pervive el sello ancestral de  nuestros comienzos, de esas mezcla  inviolable de sangres y apellidos que nos esforzamos en ocultar, como si la existencia brotara sólo de los rascacielos, sin ningún otro antecedente que el poder de lo fútil y pasajero, sin más remedio que la globalización de nuestra estrechez mental, mientras De Loyola nos retrotrae a vernos y ver lo que ocurre en el fondo  y en la forma de toda real humanidad.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Por eso y mucho  más, vale la pena deslizarse a  contracorriente y bucear sin prisa por éste río literario pleno de naturalidad, de dolorosa belleza, de precisas imágenes, de  inclaudicable amor por lo que somos y a veces parecemos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                               Juan Mihovilovich&lt;br /&gt;                                                                        escritor&lt;br /&gt;                                                          Diciembre 2007. Curepto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-1884185859736897529?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/1884185859736897529/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=1884185859736897529&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/1884185859736897529'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/1884185859736897529'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/12/blog-post.html' title='Lanzamiento en Talca de Cuentos del Maule'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R1yt21Bsk6I/AAAAAAAAADI/JSgVCLE8DrQ/s72-c/talca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3244750479320160264</id><published>2007-12-03T00:14:00.000-03:00</published><updated>2007-12-03T00:21:10.412-03:00</updated><title type='text'>Cuentos del Maule</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R1N1kFBsk4I/AAAAAAAAAC4/rNbn2NT1xBE/s1600-R/Cuentos+del+Maule+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5139580862444901250" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R1N1kFBsk4I/AAAAAAAAAC4/JvzaaPpFZr8/s320/Cuentos+del+Maule+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R1N1H1Bsk3I/AAAAAAAAACw/75OpmHkaKSQ/s1600-R/Cuentos+del+Maule.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Por Jaime Hagel&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Publicar un libro con un título criollista usado y con una portada en consonancia puede ser indicio de un escritor a quien no le interesa impresionar. Lo cual es, por cierto, sumamente impresionante. Pero lo que a primera vista parecen cuentos retro logran transformarse en un prodigio de amenidad con una fuerza, verosimilitud y profundidad ausentes en el costumbrismo al cual alude el título y la portada. Miguel de Loyola vuelve al espacio, personajes y situaciones de la narrativa criollista para presentarnos en forma muy peculiar y con intensidad la condición humana en relatos significativos que narran algo que va más allá de la mera anécdota. Al comenzar a leer este libro, el lector es sustraído de los acostumbrados ambientes citadinos de la literatura contemporánea para ser sumergido muy gratamente en lo rural, en el campo y sus tranquilos caseríos. La maldad, lo demoníaco están en la ciudad, en las metrópolis; la salvación, la bondad, la paz, el refugio se encuentra en los bucólicos espacios del campo. Este mito nos traiciona en estas páginas que están más cerca de Rulfo y Faulkner que de nuestros costumbristas y criollistas. Tenemos arte allí donde no se nota el artificio. Para el lector desprevenido, estos Cuentos del Maule casi no parecen ficciones sino testimonios directos de una región muy chilena, relatos más populares que literarios sin otra pretención que la de mostrar el color local, costumbres, modos de vivir y entretener. El autor consigue en todos estos quince cuentos la difícil naturalidad. Recién después de una detenida segunda lectura podemos captar los artificios que Miguel de Loyola, magister en literatura, maneja muy diestramente para darles forma de relatos a sus obsesiones, demonios y fantasmas a los que exorcisa a través de la escritura. Los hombres nacen aristotélicos o platónicos. A los primeros les interesa lo particular, lo íntimo, lo personal; y a los platónicos, las ideas, las formas, lo genérico. Por lo tanto, los aristotélicos son novelistas -giran en torno de un personaje-, y los platónicos escriben cuentos -relato, por lo general, de argumento-. En Cuentos del Maule esta clasificación no es aplicable, pues, realmente, el personaje es la ilustración del acontecer, y el acontecer la iluminación del personaje, y ambos -personaje y acontecer- inseparables del espacio maulino del cual son una emanación al igual que el narrador. Las descripciones están incorporadas a la acción y no caen en el paisajismo. Hay una armonía en los componentes de estas narraciones. Los personajes -algunos inolvidables como el fantasma borracho de calzoncillos largos-, el espacio, el acontecer y el narrador forman un todo inseparable. El narrador es otro personaje que con la voz de un campesino ya algo viejo que se cree culto, modula muy bien su propio castellano sin perder la calma, el ritmo, y sin entusiasmarse en los pasajes más climáticos. El tono original, convincente, de la voz narrativa produce esa impresión de inmediatez propia del relato oral. Cada vez que un personaje determinado aparece o reaparece en otro cuento lo hace con su característica más visible o notoria como el sucio sombrero negro del Beto o las ojotas de goma de neumático de Lalo. Los personajes flotantes -que aparecen en varios cuentos ya sea como protagonistas o secundarios- junto con la constante presencia del espacio maulino y las reiteraciones de algunos motivos como el alcoholismo, la pobreza,la violencia y la muerte contribuyen notablemente a la sensación de globalidad del conjunto de relatos. Estos tópicos, miseria, brutalidad, alcohol, se mezclan con el viento, el olor a humo, el aullido de los perros, etc. para configurar un mundo infernal, pero no sin esperanza, produciendo la impresión de que el ser humano se está perdiendo un paraíso por no entender bien las cosas. No por nada, personajes que se han alejado de su lar maulino regresan, regresan a buscar algo que perdieron o, ya viejos, vuelven para morir allí, en esas tierras, enfermos de nostalgia de algo que nunca tuvieron, pero que podrían haber tenido. El amor de buena ley aparece y con frecuencia se frustra por las condiciones del medio, por la despiadada lucha por subsistir y, a veces, por el ensimismamiento que estas condiciones producen en el personaje. Los cuentos de Miguel de Loyola muestran -no demuestran ni proponen soluciones, revelan la vida sin sentimentalismos ni cursilerías. Apartado de todo eufemismo, el lenguaje crudo le da mayor nobleza a los sentimientos, pasiones y nostalgia del relato. El autor logra originalidad, intensidad e incluso asombro con materiales que parecían desgastados, desacreditados por la falta de oficio, profundidad y autenticidad con que solían aplicar su receta los costumbristas. Pero no es solo el oficio, la técnica narrativa, sino también la ispiración, el serle fiel a sus propios fantasmas lo que transforma estas narraciones en algo que tiene que ver con todos nosotros. Mientras más personal, más universal, se suele decir. Pero junto con darle forma a sus fantasmas y demonios, Miguel de Loyola capta una realidad social y este conjunto le otorga una universalidad enorme a sus amenísimos relatos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3244750479320160264?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3244750479320160264/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3244750479320160264&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3244750479320160264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3244750479320160264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/12/cuentos-del-maule.html' title='Cuentos del Maule'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R1N1kFBsk4I/AAAAAAAAAC4/JvzaaPpFZr8/s72-c/Cuentos+del+Maule+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-7093329826933278070</id><published>2007-11-19T00:37:00.000-03:00</published><updated>2007-11-19T00:42:35.229-03:00</updated><title type='text'>El Maletín</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R0EGAZCnMQI/AAAAAAAAACo/MGcJUqqBm1Q/s1600-h/maletin.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5134391653970686210" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" height="220" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R0EGAZCnMQI/AAAAAAAAACo/MGcJUqqBm1Q/s320/maletin.jpg" width="278" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El maletín&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por estos días arden las especulaciones acerca de un posible maletín repleto de libros que generosamente el Ministerio de Educación regalará a los desposeídos de amor por la lectura. Al fin el Estado chileno se ha vuelto benefactor con su pueblo ofreciendo regalos del tipo viejito pascuero por doquier. Frente a tal generosidad uno no puede dejar de preguntar cuál será el verdadero motivo de semejante desprendimiento.&lt;br /&gt;La idea, sostienen los más entendidos en materias educativas, es mejorar el nivel de lectura en el país. Sucede que se han enterado las autoridades que la gente no lee, que prefiere la televisión o cosas por el estilo. Desde luego, se trata al parecer de una gran novedad. Pero cabe preguntarse si: ¿Leerán aquellos que no están acostumbrados a hacerlo por el sólo hecho de recibir un maletín cargado de libros? ¿Subirá el nivel de lectura de la familia chilena en las casas sin calefacción, ni ambientes separados después de recibir una docena de libros gratis? ¿Cambiará el porcentaje de lectores en un sector que apenas le alcanza para comer? ¿Es que alguien realmente puede creer que subirá el nivel de lectura en una sociedad bombardeada por el consumismo que la consume?&lt;br /&gt;Tal vez el problema del bajo nivel de lectura en nuestra nación no se deba precisamente a la inexistencia de libros, por cuanto en los últimos años se han implementado bibliotecas al por mayor a lo largo de todo el país, sino más bien, a la pésima educación entregada en las escuelas públicas y privadas a nuestros hijos, y, particularmente, a la planificación de la asignatura ayer llamada de Castellano y hoy, inexplicablemente, denominada Lenguaje y Comunicación. Responsables también de la falta de lectura pueden ser aquellos que desde el escritorio planifican la educación escolar, sin haber pisado jamás una sala de clases en calidad de profesores, y sin embargo, cuentan con poder para exigir a los maestros y estudiantes materias con las que sólo se consigue odiar la asignatura de Castellano. Como les ha pasado a mis hijos, sin ir más lejos. En las salas de clase hoy se destripa y conceptualiza la obra literaria hasta destruirla. ¿Quién, después de egresar del liceo, va a querer leer un libro si nadie le enseñó el amor por la lectura?&lt;br /&gt;Las dudas para este viejo lector son muchas, y si bien la idea de regalar objetos culturales por el estilo se ajusta a ese pensamiento idealista que a todos de vez en cuando nos asiste a la hora de soñar con un cambio radical de la triste realidad que nos circunda. En la práctica, bien probado está que con regalos no se consigue objetivo mayor que sacar dinero del Estado por la puerta ancha para entregarlo después a los verdaderos interesados por el subterráneo. Mal que mal, se trata de una suma bastante suculenta de dinero en efectivo y muchos la tienen ya en la mira. Entonces: ¿Quienes serán los verdaderos beneficiados con la medida? ¿ Los lectores,? ¿los autores? ¿los editores? ¿los intermediarios? Por otra parte.: ¿cuál será el criterio a la hora de seleccionar los títulos? ¿quiénes serán los ilustres jueces para decidir los libros del dichoso maletín? &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-7093329826933278070?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/7093329826933278070/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=7093329826933278070&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7093329826933278070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7093329826933278070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/11/el-maletn.html' title='El Maletín'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/R0EGAZCnMQI/AAAAAAAAACo/MGcJUqqBm1Q/s72-c/maletin.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-4908206289162449652</id><published>2007-11-09T00:18:00.000-03:00</published><updated>2007-11-13T23:21:21.952-03:00</updated><title type='text'>Taller Literario de José Donoso</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RzPZbA698aI/AAAAAAAAACg/WKgg4SO01sU/s1600-h/asado+en+casa+de+leticia+vigil.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5130683458632151458" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RzPZbA698aI/AAAAAAAAACg/WKgg4SO01sU/s320/asado+en+casa+de+leticia+vigil.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Asado en casa de Leticia Vigil 1986&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Foto Recuerdo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De izquierda a derecha:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Agata Gligo, Armando, Alberto Libedinsky y Sra., José Donoso, Alejandra Basualto, Leticia Vigil y Miguel de Loyola&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-4908206289162449652?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/4908206289162449652/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=4908206289162449652&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4908206289162449652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4908206289162449652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/11/taller-literario-de-jos-donoso.html' title='Taller Literario de José Donoso'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RzPZbA698aI/AAAAAAAAACg/WKgg4SO01sU/s72-c/asado+en+casa+de+leticia+vigil.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-8367501220274566087</id><published>2007-11-08T00:04:00.000-03:00</published><updated>2007-11-09T00:18:07.193-03:00</updated><title type='text'> Apologie du Café Platónico</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RzJ_OQ698ZI/AAAAAAAAACY/sxVzYc5dsLk/s1600-h/fotos+platonico+5.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5130302808565608850" style="FLOAT: right; 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La S.A. Metro a dénoncé le contrat de location. Il est donc actuellement dans l’attente de l’ordre d’expulsion que lui donnera le tribunal. Mais il ne veut pas non plus partir en fuyant, il n’a rien à cacher, rien à dissimuler. Au contraire, il connaît l’injustice qui se cache derrière cette injonction, et c’est pour cela qu’il a choisi d’attendre debout le coup de grâce, pour que le procédé paraisse au grand jour.&lt;br /&gt;Il se trouve que, poussé par la soif de justice, Platónico s’est battu, essayant de défendre son droit à la vie, au risque de la perdre, et bien que son ennemi compte sur le pouvoir pour le réduire en miettes. Il ne veut pas parler sans avoir auparavant dénoncé son cas devant les plus grands tribunaux, comme le sont sans doute ceux de la Conscience, puisque les autres, tôt ou tard se laissent manipuler et influencer. Et voici que, durant le procès, pas une personne du bureau de l’administration des locaux n’a su avancer une raison claire pour accepter sa condamnation et s’en aller. On a seulement entendu des phrases évasives, dites à mi-voix, des clichés classiques sur les "nécessités de l’entreprise", qui ne satisfont ni ne convainquent, et qui résonnent comme autant de fourbes coups de marteaux sur la tête. Comprenez bien, il ne s’est agi que de prétextes pour couvrir d’obscurs intérêts, hourdis dans l’ombre, à l’intérieur des bureaux publics bondés de personnages douteux nommés sur recommandation de l’" amistocratie" régnante.&lt;br /&gt;Dès l’arrivée des fonctionnaires de la Concertation pour l’Administration des locaux, commença la politique du harcèlement constant, d’abord avec un changement radical des conditions du contrat de location ; celui-ci, qui était à tacite reconduction, est passé à l’échéance à date fixe, avec de surcroît une hausse du prix de la location capable d’en assommer plus d’un. Ensuite, pour le déstabiliser encore plus, il y eut la persécution et les questions absurdes sur le secteur ou le sens commercial du Café Platónico, en l’immobilisant, l’empêchant ainsi de se renouveler, et n’ayant plus, dès lors, de contrat qui lui offre suffisamment de garanties et de confiance pour qu’il se risque à aller plus loin, ainsi que l’exige toute entreprise qui veut entrer en compétition dans le monde actuel. Vous comprenez maintenant qu’ils étaient en train de l’acculer pour mieux l’abattre.&lt;br /&gt;« Nous ne voulons pas de secteur alimentaire », dirent-ils, « nous avons le souci d’améliorer l’image corporative de la S.A.Metro », insistèrent-ils, « nous allons éradiquer tous les commerces d’alimentation », prévint un Haut Fonctionnaire.&lt;br /&gt;Mais brusquement et de façon surprenante, contrairement à ce qu’avait prêché ce haut Fonctionnaire, et dans cette même station Tobalaba, surgit un établissement de la chaîne Castaño. Tout de suite après, comme une gifle en plein visage, on apprend que dans cette même station, on va construire un restaurant. Et tout à coup , comme un éclair, la chaîne Savory vient s’installer dans cette galerie. On peut comprendre, bien sûr, que le vieux Platónico soit impressionné en voyant tout cela. Là, dans cette station, témoin oculaire de l’incohérence de l’action et de la pensée, du manque de transparence et de respect pour la vérité et la justice, le légendaire Platónico est troublé. Accusé et condamné à mort alors qu’il vend la même chose, après avoir été un pionnier dans son domaine, le premier à avoir loué un local vingt ans auparavant, non seulement Platónico le solitaire perd ses illusions, mais il devient fou, il sent le couteau de la trahison sur sa poitrine et le froid de la lame glace son âme devant un tel manque de loyauté. Au fond de son cœur, il nourrissait l’espoir d’une invitation à participer aussi aux remaniements de la station Tobalaba, à faire partie du nouveau projet en tant qu’ultime survivant de ces aventuriers qui s’installèrent pour la première fois dans une station déserte (1986) dans laquelle ne circulaient pas autant de personnes que maintenant.&lt;br /&gt;Que d’espoirs donnés par cette Justice Sociale de rêve, capable de prodiguer du bonheur à ceux qui n’ont pas accès au Pouvoir ! Car Platónico ne s’est pas enrichi durant vingt ans pour acheter des influences, comme l’obtiennent les grandes chaînes commerciales, impersonnelles et glaciales, sans montrer leurs visages, mais ayant, elles, du concret pour signer des pactes maintenant leurs intérêts au plus haut niveau. Ou peut-être bien que le Haut Fonctionnaire s’est imaginé que Platónico était riche, vautré dans un canapé avec un cigare planté dans la bouche et possédant sûrement un porte-monnaie plus garni que le sien ; il n’a donc pas eu de scrupules pour donner l’ordre d’expulsion, dépouillant ainsi radicalement Platónico de ses Actifs et Passifs. Car pour quiconque est au courant des problèmes commerciaux, il est évident qu’il ne pourra pas emmener la clientèle ailleurs, pas plus que les meubles, parce qu’il n’y contiendront pas. Tout sera perdu. Des décombres, tout compte fait. Des "ordures", un local qui procure du travail à cinq personnes (familles), dont les destins, évidemment, devront aussi finir dans le même réceptacle à déchets ? Est-ce logique, admissible, dans un pays où les sources de travail sont toujours rares ? Ils avaient l’obligation morale de leur offrir une autre alternative, alors que pendant tant d’années ils ont été des locataires sans problèmes.&lt;br /&gt;Voici pourquoi, maintenant, Platónico montre un visage désabusé, après avoir compris que tout est sujet à fraude quand on distribue les postes du pouvoir ; peut-être ne peut-il pas se présenter d’une autre façon. mais comme il a l’esprit fort de l’homme libre, et tant qu’il restera vivant dans le cœur de centaines de personnes ayant travaillé dans le secteur, il résistera en l’intégrant dans la routine des occupations quotidiennes. Oui, il résistera parce que Platónico est aussi un homme, un homme qui est encore capable de descendre dans la rue pour défendre sa liberté, comme il l’a défendue hier, comme il l’a aussi défendue tant de fois sous les dictatures ; il faudra qu’il continue à le faire maintenant, parce que les événements l’ont convaincu qu’ici on continue à commettre des abus de pouvoir contre lesquels il devient urgent d’aller se battre une fois de plus, pour la justice et la liberté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Miguel de Loyola&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Traducción de Simone Colombel&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-8367501220274566087?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/8367501220274566087/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=8367501220274566087&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8367501220274566087'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8367501220274566087'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/11/apogie-du-caf-platnico.html' title=' Apologie du Café Platónico'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RzJ_OQ698ZI/AAAAAAAAACY/sxVzYc5dsLk/s72-c/fotos+platonico+5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-8311241724565803399</id><published>2007-11-02T00:16:00.000-03:00</published><updated>2007-11-02T00:23:58.470-03:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RyqXQMoAmsI/AAAAAAAAACI/3KTX5fgGTFw/s1600-h/manguera.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5128077430237469378" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RyqXQMoAmsI/AAAAAAAAACI/3KTX5fgGTFw/s320/manguera.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Asuntos del diario vivir.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Agua dulce&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Alguien se ha detenido a observar como bota el agua la gente, no toda la gente, claro, pero si un porcentaje alarmante de personas? Les aseguro que por cuadra, en Santiago hay por lo menos dos terroristas de esta especie. Seres que a la hora de regar sus plantas o pastos, terminan también regando la acera y la calle, cómo si pudiera crecer algo en una superficie de cemento. También están los que para lavar sus autos, abren la llave de la manguera y dejan escurrir un arroyo por la orilla de la cuneta, convencidos, claro, que a mayor agua, más limpio dejarán las latas de su cacharro con ruedas. Los conserjes de los edificios, ah, esos son otros malvados sin nombre. Para no usar la escoba, barren con agua las hojas del otoño y hasta las migas de pan. Conozco varios a quienes les cortaría el pescuezo por las horas y horas que pasan derramando el más preciado líquido del planeta. Claro, también hay botadores de agua al interior de casas y departamentos, seres escrupulosos que se duchan cada media hora porque se sienten sucios, .sin sospechar que la suciedad la llevan por dentro. Uno se pregunta cómo es posible, cómo es posible que existan todavía seres sin conciencia ecológica de ningún tipo. ¿Acaso estos tarados no saben que el agua dulce día a día escasea más en este mundo? Tal vez están convencidos que se puede fabricar agua así como a diario se producen miles de toneladas de basuras y electrodomésticos.&lt;br /&gt;Para eso pago, suele ser su respuesta. Para eso pago, gritan, gritarán si alguien del municipio o del vecindario se atreve a llamarles la atención por eso. El agua potable debiera costar el 10 veces más de lo que vale, nada más que para joder a esta clase de imbéciles con los cuales estamos condenados a compartir la superficie maravillosa del planeta. Son éstos mismos desconsiderados los que en el futuro, cuando vayas por el desierto te arrebataran la cantimplora para tomársela al seco. O bien, le harán un agujero de un tiro para que tu ni yo podamos beber el resto. Igual que en esas películas del Lejano Oeste. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Miguel de Loyola&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-8311241724565803399?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/8311241724565803399/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=8311241724565803399&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8311241724565803399'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8311241724565803399'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/11/asuntos-del-diario-vivir.html' title=''/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RyqXQMoAmsI/AAAAAAAAACI/3KTX5fgGTFw/s72-c/manguera.gif' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-6608582174627915573</id><published>2007-10-18T18:16:00.001-03:00</published><updated>2007-10-18T18:26:00.368-03:00</updated><title type='text'>Cuento. Il Manichino</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RxfNVvaCMJI/AAAAAAAAAB4/z-6XjKh3BXk/s1600-h/elmaniqui1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5122788874543837330" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RxfNVvaCMJI/AAAAAAAAAB4/z-6XjKh3BXk/s320/elmaniqui1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Miguel de Loyola&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dopo aver attaccato l'avviso alla finestra con le sue stesse mani, in un clima di crescente aspettativa tra noi bambini che la guardavamo dal giardino, la nostra vita cominciò a cambiare a poco a poco, aprendoci porte che fino ad allora erano rimaste chiuse, come la gioia di assaporare una paletta di gelato negli intervalli, comprare ghiottonerie nel negozio dell'angolo il pomeriggio, collezionare figurine per i tipici album alla moda, aver accesso alle riviste di fumetti, tutti piccoli lussi e tesori che prima ci erano proibiti. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Non fu una decisione facile da prendere. Quella del cartello scritto con una calligrafia curata dalle diafane mani della Nina e attaccato alla finestra del suo appartamento che si affacciava sulla strada. Ci aveva messo molti anni prima di decidersi a farlo. Non per un fatto di orgoglio, come alcuni avevano pensato nell'isolato, ma per la sua esasperata timidezza di donna di provincia. In cuor suo, avrebbe provato più piacere che vergogna se i vicini si fossero accorti delle sue doti e abilità nell'arte del cucire quando eravamo appena arrivati ad abitare nel quartiere. Ma non le era facile farsi conoscere. La sua timidezza, dovuta al suo carattere, avrebbe tenuto sempre all'oscuro la sua arte e la sua creatività se la necessità non ci avesse bussato alla porta di casa, proprio come stava facendo in quel periodo a colpi di machete. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La prima persona del vicinato a venire, dopo aver letto l'avviso, fu l'agghindata vicina di lato. Apparve sulla soglia di casa nostra il pomeriggio stesso tra l'interesse e la cortesia. Sorridendo a noi bambini, sebbene ci rendessimo conto che era venuta più per la curiosità che per la reale necessità di doversi fare una gonna. Ricordo perfettamente perché eravamo molto attenti a ciò che accadeva. Quel giorno ci fu una continua attesa in tutti gli abitanti della casa. E, una volta scoperto il cartello, lo stesso accadeva nel quartiere tra i vicini di casa. Mamma venne due o tre volte dalla scuola per chiederci se era successo qualcosa. Noi, dopo essere tornati da scuola, non ci muovemmo un solo istante da casa, neppure per andare a giocare nella strada con i nostri soliti amici, come facevamo normalmente ogni pomeriggio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La Nina avvolta nella sua singolare cortesia di donna di provincia, la prima cosa che fece fu quella di offrire una tazza di tè alla strana visitatrice. La signora Lucrezia accettò volentieri, sedendosi comodamente sul divano. Sicuramente questo le dava più tempo per indagare su di noi, poiché per il modo di focalizzare l'attenzione sui mobili o sui felpati arazzi delle pareti, in quel momento risultava ovvio che gli interessavamo più noi della gonna. Voleva sapere tutto, dove eravamo nati, quale delle due donne adulte di casa era in definitiva la madre di quei bambini quasi della stessa età che circolavano per il quartiere, dov'era il padre, perché lei, la signora Lucrezia, non lo aveva ancora visto neppure in un ritratto. Era separata? Il marito era morto? O semplicemente non si trattava di figli legittimi?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nonostante i suoi sguardi inquisitori, la Nina le dovette fare una gonna e sopportarla settimana dopo settimana con la sua paziente indulgenza, manifestata con un sorriso più consono agli angeli che agli esseri terreni. Ma alla fine dette i suoi buoni frutti. Le amiche della signora Lucrezia, ossia le donne più agghindate delle Croce Rossa appena le videro sfoggiare la gonna nuova, che le correggeva in maniera elegante le protuberanze del suo corpo, le chiesero il nome e l'indirizzo della sarta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Così a casa nostra iniziò la processione di signore con importanti pettinature curate, con profumi nauseanti, con cappotti lunghi e binocoli legati a fini catenine, che di tanto in tanto si mettevano e si toglievano per guardarci come si guarda gli insetti rari. Ovviamente, dopo la signora Lucrezia si sarebbe pentita di aver dato l'indirizzo alle sue amiche, perché la Nina dopo avrebbe avuto meno tempo per riceverla in forma esclusiva, come all'inizio sembrava essere il suo unico desiderio. Nonostante tutto continuò a farlo con la stessa pazienza, senza mai arrivare a saziare la malata curiosità della nostra adorabile vicina. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Passarono i mesi e il cartello cominciò a catturare il vicinato. In quegli anni le donne erano abituate a farsi fare vestiti su misura, a differenza di oggi che ne esistono a montagne nei negozi. Inoltre è molto più economico comprarli già fatti. Non a quei tempi. Mamma diceva che i vestiti dei negozi costavano un occhio, e solo i più abbienti potevano permettersi il lusso di vestirsi in una boutique. A noi, naturalmente, ci vestiva la Nina. Le sue mani prodigiose si davano d'affare per confezionare il nostro guardaroba con scampoli di costumi comprati da mamma al mercato delle occasioni, ottenendo sempre risultati straordinari. Per questo sin dall'inizio le andò bene. Bene nel senso di farsi clientela a palate. Ma male, perché comunque incassava troppo poco per il lavoro che faceva. Tuttavia, questo poco, risultava una quantità di soldi extra esorbitante che entrava oltre al previsto quotidiano, abituata com'era a sopravvivere con lo squallido stipendio da maestra di mamma. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ogni pomeriggio al ritorno dalla scuola la trovavamo seduta alla macchina Singer, applicata al suo lavoro con la concentrazione e l'efficacia di una formica instancabile nel suo compito di routine. Qualche pomeriggio, mi prendeva un sentimento di infinita compassione, provavo pena nel veder i suoi piccoli occhi pieni di rughe che cercavano di infilare l'ago della macchina, nonostante fosse accesa quella piccola lampadina attaccata al capezzale. La sua vista non era buona, per un fatto genetico, e i suoi occhiali non potevano sicuramente essere i migliori in quegli anni da renderle i gradi di cui i suoi occhi avevano bisogno. L'ora più difficile per cucire risulta essere quella del tramonto, quando il sole appoggiato sul bordo dell'ultima linea dell'orizzonte, si dedica a scarabocchiare il mondo lanciando baleni di luce offuscata, mentre dall'altro estremo dello spazio la nebbia della notte si infiltra lentamente. In quest'ora del crepuscolo era più stanca, perché arrivava la maggior parte della clientela a provarsi i vestiti. Allora con spille e gesso alla mano segnava e cancellava qua e là le impunture necessarie per fare e disfare. Ma non era tutto. Le mie sorelle la aiutavano, sempre. Anche Daniel ed io correvamo a infilare gli aghi di cui aveva bisogno. Poi arrivava l'ora della cena e anche lì in cucina si dava d'affare con le pentole e i piatti…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;L'acquisto del manichino ci provocò uno stupore unico e irripetibile, e un'allegria frastornante quando lo vedemmo scendere da un camion in braccio ad un uomo. Non avevamo mai visto né toccato niente di simile. Un assemblaggio di cartongesso che simulava il busto, la vita e i fianchi della donna, al quale si potevano già fissare le pezze di una gonna, di un vestito, di un cappotto, di una camicia, ossia, tutto per rendere più facile il procedimento di un capo da cucire. I lavori cominciarono ad avanzare più rapidamente con l'aiuto del manichino. Dopo ci fu l'acquisto della tavola da stiro e altrettanti aggeggi indispensabili per il mestiere, ma nessuno ci stupì come il manichino. A volte, rimanendo nella stanza in penombra, il manichino vestito con alcuni capi quasi finiti, assomigliava ad una di quelle signore agghindiate e con seni prorompenti che, profumate di tutto punto, arrivavano ogni sera a provarsi i vestiti.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; Anche mamma cominciò a ritornare prima dalla scuola, non necessitando più di dare ulteriori lezioni, come era solita fare per aumentare le entrate. Non mancarono i soldi, ma non avanzarono neppure. In alcune occasioni la Nina ci dava un soldino ad ognuno per fare quello di cui più avevamo voglia. Forse questo era, come per noi, il suo momento di maggiore felicità, quando sorridendoci con il suo sorriso da madre immacolata metteva mano al suo portafoglio per dare ai suoi nipoti quello che le sue bianche mani riuscivano a guadagnare.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Molti anni dopo, frugando tra le sue cose ritrovammo il cartello, quando ormai nessuno se ne ricordava più, né si ricordava di questi tempi remoti, sprofondati in un passato lontano dal presente, non solo per la quantità di anni trascorsi, ma anche per il contrasto diametrale tra la scarsità di allora e l'abbondanza del mondo attuale. Era ancora intatto all'interno di una cassa insieme ad una serie di aggeggi indispensabili a quel tempo. Lì si trovavano le forbici del sarto, pesanti ed enormi, qualche cuscinetto per rinforzare le spalle, altri per metterci spille e aghi, ditali di metallo ammaccato per lo sforzo delle mani, aghi di diverse grandezze, piccoli pezzi di gessetto per segnare, metro per misurare, qualche modello frantumato dal tempo, un paio di riviste dell'epoca. Infine, una serie di elementi che avrebbero costituito un mondo, un mondo meraviglioso per il quale un tempo eravamo orgogliosi di lottare.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quello che non riuscimmo a trovare da nessuna parte fu il manichino. Provammo a pensare che il tempo, così come aveva fatto con la Nina, un buio pomeriggio se l'era portato via. Ma non fu così. Daniela, la minore delle mie sorelle, lo scoprì abbandonato in un angolo del sottotetto, non senza prima prendersi lo spavento nel pensare che si trattasse di un vero cadavere. L'aggeggio, commentò, nascosto nella sinistra oscurità del sottotetto le aveva fatto quella sensazione. E una domenica invitati a casa sua a cenare, con sorpresa lo espose davanti a noi perché potessimo ricordare….&lt;br /&gt;(Traduzione di Samanta Catastini) &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-6608582174627915573?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/6608582174627915573/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=6608582174627915573&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6608582174627915573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6608582174627915573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/10/cuento-il-manichino.html' title='Cuento. Il Manichino'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RxfNVvaCMJI/AAAAAAAAAB4/z-6XjKh3BXk/s72-c/elmaniqui1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-6845892887157620567</id><published>2007-10-07T13:24:00.000-04:00</published><updated>2007-10-07T13:30:16.745-04:00</updated><title type='text'>Asuntos del diario vivir</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RwkXafaCMGI/AAAAAAAAABg/qSd0zIdB4Cs/s1600-h/puertabanco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5118648195358011490" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RwkXafaCMGI/AAAAAAAAABg/qSd0zIdB4Cs/s320/puertabanco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Uno de los hechos que llaman mi atención como espectador sucede cuando voy al banco, concretamente al banco Santander donde tengo desde hace algunos años cuenta. Por lo general sucede que uno anda apurado. Se trata de trámites, y los trámites en este largo país saturado de  burocracia a nadie lo entusiasman. Claro, salvo a ciertos personajes particulares que gustan visitar sitios públicos con el fin de figurar en ciertas circunstancias. El caso es que a dichos recintos, la gente entra empujando las puertas sin importarle si otro ser semejante a ellos -de carne y hueso, con nombre y apellido, de cierta  edad y profesión determinada.- entra o sale también en ese mismo momento. Pocos accidentes ocurren a diario por ese motivo en el país. Uno puede ver la inminencia del portazo en las narices a cada rato, basta con permanecer unos minutos observando el entrar y salir de estos seres que han perdido toda noción de urbanidad y recorren las calles de la ciudad como animales desbocados, sin respetar las más mínimas normas, ignorando la existencia del resto de los mortales. Nadie se “comide”, diría en su lenguaje antiguo mi madre,  a abrirle la puerta a otro para dejarlo pasar primero, o, simplemente, a sostenerla por unos segundos para dejar pasar o salir a quien viene o pueda venir detrás suyo. A veces, el propio guardia del banco se encuentra parado allí mismo, a solo unos metros de la puerta, y tampoco éste personaje tradicional del diario vivir moderno, vestido regularmente de azul,  “se comide” a sostener,  menos aún a abrir la puerta mientras sale o entra la gente. Ocurre que el guardia, se siente rebajado por el simple hecho de abrirle la puerta a otro, cualquiera que sea,  y con los clientes del banco ocurre otro tanto toda vez que se requiere un gesto semejante de su parte. El resentimiento, esa vieja enfermedad que corroe como una rata hambrienta el interior del alma, se ve manifestado en acciones tan simples como estas. Porque no se trata de un problema de tiempo, un minuto más o menos en la vida a nadie puede afectarle, siendo, por lo demás, el tiempo algo tan subjetivo. En nuestro país pareciera que todo el mundo se siente humillado, rebajado,  dominado, al hacer un gesto que en otros países todavía  se sigue llamando: educación, gentileza, clase, jerarquías esenciales de la cultura para la armonía de los pueblos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-6845892887157620567?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/6845892887157620567/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=6845892887157620567&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6845892887157620567'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6845892887157620567'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/10/asuntos-del-diario-vivir.html' title='Asuntos del diario vivir'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/RwkXafaCMGI/AAAAAAAAABg/qSd0zIdB4Cs/s72-c/puertabanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2833906161824116434</id><published>2007-09-29T20:58:00.000-04:00</published><updated>2007-09-29T21:06:01.007-04:00</updated><title type='text'>Crónica: NIcanor Parra: El Poeta más joven del mundo</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv71CPaCL9I/AAAAAAAAAAc/lg9ivn48Guc/s1600-h/NicanorParra.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5115795645583732690" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv71CPaCL9I/AAAAAAAAAAc/lg9ivn48Guc/s320/NicanorParra.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Un sábado de agosto salimos de Santiago en dirección a la costa con el fin de visitar al poeta Nicanor Parra en el balneario de Las Cruces. Previamente alertado por Jaime Quezada que encabeza el grupo, el poeta nos recibe en su casa con la cordialidad con que se acoge a los amigos. Nos invita a pasar al salón, desde donde es posible contemplar la bahía del balneario, en un día que gotean del cielo plomizo algunos cristales de lluvia.&lt;br /&gt;Al comienzo conversamos de pie, frente a una foto de su época de estudiante en el Internado Nacional Barros Arana que se encuentra fija en la pared. Nicanor nos cuenta de las trágicas muertes de algunos de los jóvenes presentes en la fotografía, haciendo un breve raconto de sus vidas. Nosotros escuchamos sorprendidos las historias de estos seres que han salido del mundo, bajo circunstancias terribles. Luego nos invita a sentarnos, en tanto él se escabulle repentinamente del salón, dejándonos a los cuatro con la mirada ahora vuelta hacia la bahía, donde el mar se revuelca insatisfecho y lame con su lengua las rocas y la arena de la orilla.&lt;br /&gt;-Hemos venido a invitarlo a almorzar, Maestro-. Le recuerda en tono ceremonioso el profesor Juan Loveluck, apenas Nicanor se encuentra de regreso, cargando una botella de vino tinto para ofrecer a las visitas. El poeta al escucha estas palabras relacionadas con comida, vuelve a ausentarse misteriosamente otra vez del salón, para regresar a los pocos minutos cargando una bandeja con dos suculentos trozos de arrollado huaso, asegurando que son especies únicas en el mundo. Después de depositar la bandeja sobre la mesilla de centro, baña prolijamente ambos trozos con abundante salsa de ají.&lt;br /&gt;Jaime Quezada en tanto, distribuye los vasos y luego vierte sobre ellos la bebida excelsa de los campos de Chile. Una vez servidos, levantamos los vasos y hacemos el primer brindis por el poeta más emblemático de Chile.&lt;br /&gt;- Queremos invitarlo a almorzar-. Insiste el profesor Loveluck.&lt;br /&gt;Nicanor nos mira desde el fondo de sus ojos cargados de sabiduría y también de cierta incertidumbre. Acaso todavía sopesando el objeto de la invitación. Sabe que muchos acuden a él con más de algún interés publicitario.&lt;br /&gt;Propongo al Maestro que vayamos a La Candela de Isla Negra, tal vez porque desconozco otros lugares, pero ese restaurante me parece un sitio ideal para comer y conversar tranquilos, explico.&lt;br /&gt;El poeta comenta que le gustaría, pero no se decide a aceptar la invitación. Insiste más bien en que comamos arrollado huaso. Luego, permanece unos segundos meditando en silencio, sobándose las manos y enfocando sus pupilas encendidas hacia la bahía.&lt;br /&gt;El crítico literario, Antonio Avaria en tanto, se decide a probar los arrollados, rebanando un trozo con un cuchillo. Los demás seguimos sus pasos poco a poco. Los signos de exclamación de agrado frente a la degustación son múltiples. El fiambre está delicioso, recién elaborado por alguna mano experta en las más antiguas tradiciones campesinas. Nos abre la llave del apetito.&lt;br /&gt;Alguien vuelve a insistir en La Candela de Isla Negra. Pero la frase queda en el aire, mientras degustamos el sabroso arrollado huaso.&lt;br /&gt;-Conozco un lugar mejor-, asegura de pronto entusiasmado el poeta, mientras nos observa con una mirada cargada ahora de cierta benevolencia.&lt;br /&gt;-¡Partamos entonces!-, comentamos poniéndonos de pie, aunque sin dejar de pinchar algún trozo del delicioso arrollado que nos ha abierto voluptuosamente el apetito.&lt;br /&gt;Nicanor sale otra vez del salón, ahora en busca de su abrigo. Regresa a los pocos segundos envuelto en un abrigo marengo a cuadritos y con la cabeza cubierta por un gorro de lana, chilote, sin duda, nos confirma con una sonrisa que está listo para partir.&lt;br /&gt;Antes de abandonar la casa, nos invita a detenernos frente a algunos de sus Artefactos Poéticos que se hallan expuestos en el vestíbulo. Destacan entre ellos El insecto de Edison: una ampolleta sin el globo de vidrio que cubre los finos filamentos por donde pasan los electrones generando el calor que produce la luz, cuya forma -sin el vidrio y puro gollete- se asemeja a las antenas de un bicho terrestre genuino. Seguidamente, pasamos al escritorio, donde gruesos libros empastados saturan los estantes existentes. Sin embargo, el poeta afirma que no puede dejar muchos libros allí, porque se los roban.&lt;br /&gt;Una vez afuera, saco la máquina fotográfica que he traído conmigo, y le tomo una fotografía desprevenida al grupo. Luego subimos al auto, y partimos, dirigidos por el poeta que viaja envuelto con el manto del misterio relativo al lugar elegido, desconocido por nosotros.&lt;br /&gt;A la izquierda, me señala al momento de salir a la carretera principal que recorre los pueblos de la Costa Azul de Chile. Avanzamos por el camino que va desierto haciendo comentarios relativos al tiempo, a la lluvia que ha dejado de caer, y a la carretera que se nos abre vacía, únicamente para nosotros, como un túnel directo al objetivo.&lt;br /&gt;Llegamos a El Tabo, y poco antes de salir del pueblo, Nicanor -que viaja como copiloto- me señala repentinamente torcer a la izquierda otra vez, para enfilar por una calle de tierra húmeda que baja hasta llegar directamente a la playa. Una vez allí, me indica a la derecha, entonces giramos y avanzamos unos cien metros al norte por un sendero de arena y ripio que corre paralelo y pegado al mar, hasta encontrarnos de golpe con el Kaleuche:. un restaurante incrustado prácticamente al borde de la misma playa, mirando las olas que se derrumban como montañas cargadas de nieve espuma. El espectáculo es asombroso. El cielo continúa cerrado por un gris ceniciento, producto de los nubarrones encapotados. Solo a ratos algunas gotas de lluvia se desprenden de esas nubes oscuras.&lt;br /&gt;Nos bajamos del automóvil y nos quedamos contemplando el panorama, dichosos de hallarnos en día, hora y circunstancia en semejante sitio. Nicanor sonríe complacido, como viejo zorro, conocedor de todos los caminos.&lt;br /&gt;-¡Maravilloso, Maestro, Maravilloso!-, exclama el profesor Loveluck con júbilo.&lt;br /&gt;-¡Pero este sitio es único!- afirma deslumbrado Antonio Avaria también, ajustándose las gafas como para poder medir mejor cada centímetro del paisaje.&lt;br /&gt;-¡Yo no había estado nunca aquí tampoco!- comenta el investigador Jaime Quezada, con tanto o más asombro.&lt;br /&gt;- Pasemos entonces-, invita solemnemente el poeta, encaminándose en dirección a los escalones de piedra laja que suben hasta la puerta de acceso al restaurante.&lt;br /&gt;Los dejo adelantarse algunos pasos, mientras nervioso abro el portamaletas en busca de la máquina filmadora. La cargo en un dos por tres con la batería, y cuando intento hacerla funcionar enfocando hacia las figuras que se encaminan hacia el restaurante, me encuentro con que los botones del aparato no responden. Entonces le saco la batería pensando que ahí está el problema y le ajusto la de repuesto. Pero la operación me resulta idéntica a la primera. No funciona. Concluyo que ambas baterías están vacías de la energía suficiente como para hacer rodar una película semejante. Es mejor vivirla. Me apresuro entonces a seguir a mis compañeros, introduciendo otra vez la filmadora en el bolso, al mismo tiempo que vuelvo a sacar resignado la pequeña máquina fotográfica, para al menos asegurar una instantánea que pueda reproducir el momento presente en el futuro. Pero mis amigos ya han ingresado al Kaleuche, y la mampara se cierra y debo empujarla para entrar.&lt;br /&gt;El lugar es amplio, de ventanas redondas mirando hacia al mar. El piso es de piedra, algunas están pintadas de colores vivos. La arquitectura es simple, acogedora. La luz entra también al recinto a través de un techo con sectores transparentes. Las puertas de las dependencias interiores están hechas con lampazos, también listones de esas mismas cortezas de los árboles sostienen los ventanales y conforman los muros. Algunas mesas se encuentran con gente comiendo al otro extremo del comedor. Los garzones se adelantan a saludar al poeta. Para nadie Nicanor pasa inadvertido. A pesar de que su larga cabellera blanca y su rostro vivaz pueden a la distancia confundirse con las apariencias de un hombre joven. Sus movimientos corporales en nada se parecen a los de un hombre que se encuentra a pasos de cumplir los ochenta y ocho, como nos asegura. Se mueve con la soltura y propiedad de un jovencito.&lt;br /&gt;Escogemos una mesa amplia, que enfrenta un ventanal redondo donde el mar parece encima. Le ofrecemos la cabecera al Maestro, pero la rechaza y opta por sentarse a un costado. La lluvia tenue que a ratos cae sobre el techo, canta una canción que se confunde con la del mar, más robusta, más sólida, dueña absoluta de la costa marítima.&lt;br /&gt;El mozo se acerca y nos entrega la carta. Nicanor sin mirarla sabe lo que va a pedir. Asegura: la Paila Marina es un plato infalible en esas latitudes. Yo sigo sus consejos sin pensarlo un minuto, y me inclino por pedir lo mismo. Los demás en cambio, optan por platos de su particular preferencia. El menú del restaurante es variado, cargado a los frutos más preciados del mar.&lt;br /&gt;Mientras preparan los platos, el poeta nos insta a pedir empanaditas fritas de marisco, las que llegaran pronto a la mesa. El generoso catedrático Juan Loveluck no escatima en pedir el mejor vino de la casa, asesorado por Jaime Quezada que es un especialista en cepas vitivinícolas. La primera botella alcanza para una corrida, pero vendrán varias más durante esa tarde que se abre como un refugio legendario en un rincón junto al mar. Hacemos entonces el segundo brindis del día por el Maestro, por su poesía, por su "montaña rusa", que le cambió el rumbo a la poesía en nuestra lengua. El nos agradece. Su mirada algo extrañada al principio de la visita, va destiñéndose poco a poco, hasta cobrar el color natural del hombre sencillo de nuestra tierra, de costumbres y gustos campesinos. Nicanor ha vivido a lo largo de medio Chile, pasando también en sus tiempos mozos más de alguna pellejería. Son esas las raíces comunes de los hombres más grandes que ha producido nuestro suelo patrio.&lt;br /&gt;La charla se abre como una botella de champaña y nos mojan a todos sus burbujas. Pero el Maestro lleva la voz cantante en la mesa. Tiene mucho que contar. Además el vino abre las almas con su filudo cortaplumas. Surgen así recuerdos suyos de Chillán, de Temuco, del antiguo Pedagógico, de "el Pablo", del "Pablito", como denomina a ratos en el recuerdo a Neruda. Son recuerdos bellos, amistosos, anécdotas donde se confunden las estaturas de estos gigantes chilenos que han rozado la eternidad en vida.&lt;br /&gt;Repentinamente recita un fragmento del Poema 20 de Neruda, y luego afirma que nada hay en el mundo mejor que eso. Que es un poema insuperable, nos explica. Luego queda en silencio y por unos segundos la nostalgia nos visita junto al recuerdo de Violeta Parra, amada hermana suya. Alguien del restaurante ha puesto sus canciones como telón de fondo a nuestra charla. La música se entremezcla con la conversación y el mar, y también con algunas lágrimas de lluvia.&lt;br /&gt;Los platos llegan a la mesa con presteza, abundantes y perfumados con las mejores esencias. La charla no se detiene un solo segundo. Saboreamos las palabras lo mismo que la comida y el vino.&lt;br /&gt;Las personas que ingresan al restaurante, se detienen a saludar al Maestro. Lo hacen con cariño, con admiración, con el respeto que se merece. Pero luego la charla continúa. Trayendo en cada ola un recuerdo nuevo, iluminado por el aquí y ahora, que es una de las cuestiones esenciales para el Maestro. Aquí y ahora es lo que importa. Nicanor ha buscado con su poesía siempre eso, y ahora nosotros podemos claramente comprobarlo al lado suyo. Su lenguaje recoge las expresiones cotidianas porque es allí donde radica la vida. -¡Esa es la vida!-, exclama arrobado, alzando ambas manos al cielo. -La lengua viva y no la lengua muerta de los pesados libros de historia y filosofía-. Su pasión la conocemos desde hace mucho, pero tal vez nunca hasta ese momento comienza por fin a entrar por la carretera más profunda de nuestro entendimiento.&lt;br /&gt;Llegan los postres y la charla continúa su curso. El Maestro Nicanor no pierde el hilo, da puntadas profundas, luego de haber hilvanado el conveniente pespunte. Los punteros del reloj avanzan. Pasan veloces en sus trenes los minutos, dando paso a las que horas que a ratos se confunden con los segundos.&lt;br /&gt;El bajativo y el café pasan también como las olas, uno tras uno. Nadie quiere moverse. La tarde viene cayendo como un aeroplano con sus alas extendidas, produciendo sombras allá en el horizonte marítimo. El profesor Loveluck insiste ahora en volver al principio, en devolver el tiempo. Llama al mozo para pedir una botella de vino tinto como si se tratara de la primera. Nicanor no se cansa de hablar, ni nosotros tampoco de oírlo. Es más joven que todos nosotros juntos. Bebe su copa como un pez de río, no se ahoga, no acusa cansancio alguno, tampoco necesidad de la siesta que caracteriza a los hombres de edad madura.&lt;br /&gt;Ahora nos remite a Shakespeare, su autor favorito. Leyendo, releyendo y traduciendo al español las obras del dramaturgo inglés, confiesa que ha invertido la mayor parte de su fortuna temporal. Especialmente en Hamlet, a donde nos remite a cada momento, declamándonos a ratos parrafadas completas en un inglés victoriano que sospechamos perfecto, y luego nos traduce al castellano coloquial de nuestros días.&lt;br /&gt;La tarde termina de cerrarse poco a poco allá afuera, en la playa, y también en el interior del Kaleuche. Una luz tenue como los destellos de un farol perdido en la tinieblas del océano se enciende, y se derrama sobre nuestra mesa, y también por la cabellera del Maestro, haciendo brillar sus finos hilos de plata. El mar ruge cada vez más furioso afuera, mientras nosotros, lentamente, comenzamos a sentirnos marineros de ese Kaleuche mítico, que todavía recorre los mares australes que azotan bravamente las costas de Chile. Nuestro capitán en el puente de mando firme al timón no le da soga a la tempestad, y continúa llevando el rumbo. Han transcurrido cerca de ocho horas de navegación por los mares más turbulentos de la memoria. Y cuando presentimos la inminencia del puerto, el Maestro se levanta como un gigante de la silla, y nos recita completo su poema "El hombre imaginario", para que el Kaleuche vuelva su proa al frente, hacia la tempestad, hacia el mundo que gravita en el poema. Y así nos volvemos a sumergir en un mundo imaginario, "contado por seres imaginarios", "que suben las escaleras imaginarias", "entonando canciones imaginarias", "que representan hechos imginarios", "en lugares y tiempos imaginarios", "circundado de cerros imaginarios", "a la orilla de un río imaginario"...&lt;br /&gt;El Kaleuche arriba a la costa lentamente, plegando una a una sus velas imaginarias. El capitán es el último en abandonar la nave, sin antes dejar de agradecernos la invitación. Nos despedimos del Kaleuche. Bajamos las gradas de piedra laja en dirección al automóvil que se encuentra estacionado abajo, ahora todo el grupo junto. El flash de mi máquina fotográfica relampaguea buscando capturar las figuras de esos marineros imaginarios, cruzando el puente imaginario, hacia el puerto imaginario...&lt;br /&gt;Nos metemos todos al auto y partimos en dirección a Las Cruces. Por la carretera mientras conduzco, el Maestro me pregunta repentinamente quién soy yo, en qué trabajo, a qué dedico mi vida, porque sin duda mi rostro acusa los rasgos propios de un aparecido, de un fantasma como los que habitan el castillo de Hamlet. No me decido a confesarle que yo soy un hombre imaginario, semejante al que él fuera alguna vez cuando logró plasmar el poema. Y permanezco en silencio, concentrado en al camino, pero sintiéndome atravesado por las linternas encendidas en los ojos de Nicanor.&lt;br /&gt;Llegamos pronto. Nos bajamos a despedirlo. Mi máquina fotográfica ahora busca capturar los abrazos de la despedida. A pesar que nos invita a pasar nuevamente a su casa. Pero es tarde, y la noche está cerrada en un nudo de nubes apretadas que reventarán en un aguacero en cualquier momento. Debemos regresar a la ciudad de Santiago. Nos separan ciento treinta kilómetros que hay que recorrer, ahora cargando la nostalgia de un viaje a los más profundos mares de la memoria de Nicanor Parra, el poeta más joven del mundo.&lt;br /&gt;-¡Volveremos, Maestro!-, le aseguran Juan Loveluck, Jaime Quezada, Antonio Avaria y también yo, el narrador imaginario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel de Loyola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2833906161824116434?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2833906161824116434/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2833906161824116434&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2833906161824116434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2833906161824116434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/09/crnica-el-poeta-ms-joven-del-mundo.html' title='Crónica: NIcanor Parra: El Poeta más joven del mundo'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv71CPaCL9I/AAAAAAAAAAc/lg9ivn48Guc/s72-c/NicanorParra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2305123850597948280</id><published>2007-09-21T00:22:00.000-04:00</published><updated>2007-09-28T23:31:30.136-04:00</updated><title type='text'>El Jardín de al lado, de José Donoso</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3G5_aCL7I/AAAAAAAAAAM/KO8X92Hl4Xk/s1600-h/jardin+del+lado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5115463451338223538" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3G5_aCL7I/AAAAAAAAAAM/KO8X92Hl4Xk/s320/jardin+del+lado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Julio Méndez, escritor chileno exiliado en Sitges durante la dictadura, viaja a Madrid con su mujer (Gloria) a pasar la temporada de verano en el departamento que su amigo, también chileno y afamado pintor, Pancho Salvatierra, generosamente le ha prestado.&lt;br /&gt;El matrimonio se instala en el piso ubicado en un sector pudiente de la ciudad, colindante con un palacete de propiedad del duque de Andía, familia de abolengo y títulos nobiliarios, cuyo atractivo jardín se puede apreciar desde las ventanas del departamento. Y mientras Julio intenta avanzar en su novela, el jardín de al lado captura su interés por la juventud de los personajes que allí se mueven, ya en traje de baño junto a la alberca existente, como también en traje de etiqueta a la hora de las cenas y de las grandes fiestas. A poco andar, Julio se enamora de la rubia dueña de casa, y a quien ha descubierto besándose en ese jardín con un hombre que no es su esposo.&lt;br /&gt;Paralelamente, su mujer, que también vive las frustraciones propias del exilio, sumadas a otros desencantos como la distancia que los separa de su hijo Pato, quien se hace llamar ahora Patrick, buscando una nueva identidad que le permita respirar una atmósfera diferente a la de sus padres.&lt;br /&gt;El robo de un cuadro del pintor Salvatierra por parte de Bijou, amigo de Pato, quien los visita con frecuencia en el departamento prestado abusando de esa amistad y de la cercanía existente entre sus padres, Beta Sánchez y Hernán Lagos, también exiliados chilenos, será la gota que rebalsará el vaso de Gloria, detonando un ataque depresivo que la mantendrá en cama sin deseos de hablar y aislada por el resto de la temporada en Madrid.&lt;br /&gt;Durante ese período Julio consigue terminar la novela y entregársela a Núria Monclús (agente literario de prestigio) para su publicación, la cual será rechazada. Así las cosas, Julio buscando escapar del infortunio, y de las culpas que lo asaltan, ya como escritor, padre, esposo y también como hijo (su madre ha muerto sin que él se halla dignado a ir a verla),termina robando uno de los cuadros famosos de su amigo Pancho Salvatierra para venderlo y con el dinero partir con su mujer a visitar a su hijo Patrick que se encuentra en Marrakesh,África.&lt;br /&gt;La novela, desde luego, pone al corriente al lector de la problemática de los exiliados chilenos, perfilando sus personalidades desarraigadas, la perdida de la confianza, el abandono y la depresión como el resultado de la búsqueda de un centro que no encuentran. Julio es un escritor amargado, a pesar de haber recibido todos los elogios en su patria. Quiere insertarse en el medio editorial español como los escritores del Boom a quienes envidia, pero no puede.&lt;br /&gt;Sin embargo, en el último capítulo de la novela, Donoso da una vuelta de tuerca y mete la novela dentro de otra novela, la historia de Julio no es más que un producto de la novela que Gloria ha estado contando y la cual consigue publicar por intermedio de la amistad con Nora Monclús. Se trata de una jugarreta muy usada por Donoso en sus obras para transformar la realidad de la ficción.&lt;br /&gt;No sé si la solución es buena desde el punto de vista estructural. Pero si me parece que la visión de los exiliados chilenos durante la dictadura, está bastante mejor retratada en esta novela que en otras del mismo tipo y de otros autores. Donoso concentra su imaginación y sus propias vivencias para proyectarlas en forma novelesca, y no a través de la tesis dogmática en la que otros incurren buscando también hacer novela. Las reflexiones de los protagonistas, acordes con su vida errante, constituyen una evidencia recreada de la situación de los chilenos en el exilio. Las que hoy, por cierto, ya resultan rancias, pero sirven para demostrar que lo único rescatable para la literatura es la ficción.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2305123850597948280?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2305123850597948280/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2305123850597948280&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2305123850597948280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2305123850597948280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/09/el-jardn-de-al-lado-de-jos-donoso.html' title='El Jardín de al lado, de José Donoso'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3G5_aCL7I/AAAAAAAAAAM/KO8X92Hl4Xk/s72-c/jardin+del+lado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2636182276703228361</id><published>2007-09-21T00:15:00.000-04:00</published><updated>2007-09-21T00:20:35.850-04:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2636182276703228361?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2636182276703228361/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2636182276703228361&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2636182276703228361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2636182276703228361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/09/blog-post.html' title=''/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3829631234290475626</id><published>2007-08-23T23:41:00.000-04:00</published><updated>2007-09-28T23:36:52.177-04:00</updated><title type='text'>Capítulo de novela Campus Oriente</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3IQ_aCL8I/AAAAAAAAAAU/maGc1tJDOqQ/s1600-h/PUC-Oriente-arcade.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5115464945986842562" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3IQ_aCL8I/AAAAAAAAAAU/maGc1tJDOqQ/s320/PUC-Oriente-arcade.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;29. De la poesía y los poetas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde Samuel me interceptó de sopetón en uno de los pasillos para decirme que estaba decidido a dejar la carrera para dedicarse por entero a escribir poesía. Al principio me asusté sobremanera con la aparición, porque el tipo apareció repentinamente por detrás de una de las columnas que sostienen los pisos altos del edificio. Dichas columnas se encuentran a lo largo de los pasillos del primer piso conformando un cuadrilátero y son las que proporcionan al campus un aire entre medieval y gótico. Samuel, entre otros, era uno de los que tenía por costumbre aparecer y desaparecer en los momentos más increíbles desde las sombras oblicuas de las columnas. -Me voy, añadió decididamente después. Me voy compadre. Dejo por fin de este agujero y me voy a Chiloé a cultivar papas, a criar cerdos y por sobre todo a vagar por los mares australes como mis antepasados los onas, en una precaria embarcación fabricada con cueros de animal. Estoy cansado de esta ciudad mausoleo, revestida de cemento, mi poesía necesita respirar aires más puros, vivir bajo un clima de paz y sosiego. Tu deberías irte también, Bernardo. Si quieres nos vamos juntos. De lo contrario, te vas terminar pudriendo aquí. Fíjate que conozco un par de personas allá que están dispuestas a darme trabajo en una granja. A mí esta universidad me tiene reventado, no soporto su clima de colegio de monjas, aquí nadie parece darse cuenta de los catastróficos acontecimientos que nos asolan. Aquí en esta universidad no hay estudiantes sino ignorantes que han venido a ocupar un lugar nada más que porque pueden costear la maldita mensualidad que apenas podemos pagar nosotros. Te aseguro que ninguno de los de nuestra generación ejercerá en el futuro la carrera, porque los profesores en este país con la Dictadura han perdido el poco status que les quedaba y ya ni si quiera ganan para llevar una vida digna. Este país compadre pinta para otra cosa, para el comercio, para el lavado de dinero, para las grandes transacciones en dólares, pero no para el desarrollo de la cultura. He estado pensándolo mucho durante todo este tiempo y he decidido que la única alternativa para desprenderme de toda esta mierda es largarme lo más lejos posible.&lt;br /&gt;- La otra alternativa podría ser la lucha -le dije interceptando su monólogo que ya me estaba pareciendo extremadamente largo.&lt;br /&gt;- La lucha, compañero, en este sistema es equivalente al suicidio ¿Qué podría conseguir un poeta como yo que no fuera la muerte ante un pelotón de milicos? Nos hallamos bajo el poder de un régimen que ha sesgado todo intento de lucha. Estamos presos en su historia, no podemos hacer mucho por cambiarla. Sólo nos está permitido acatar sus órdenes, sus malditas órdenes. Te aseguro que no me voy a arrepentir de largarme de aquí. Allá voy a entrar en la vida de una vez con el pie derecho. Te voy a enviar mis poemas desde la isla y podrás apreciar los cambios. Porque la poesía necesita más de la experiencia que la novela para crecer, para florecer y aquí nos estamos deprimiendo más de la cuenta con tanta inmovilidad. Aquí no pasa nada. Y posiblemente no seguirá pasando nada de aquí a unos diez años más. Al fin y al cabo los poetas no necesitamos estudiar una profesión porque nacimos con ella metida en los huesos. Tu también deberías entender bien eso si de verdad quieres llegar a convertirte en escritor algún día. Tu sabes que la vocación es un llamado profundo del alma al que no se le puede cerrar la puerta. Aunque algunos idiotas opinan que no es más que cuestión de oficio. En todo caso, si deseas ir a verme alguna vez, no tienes más que tomar el tren a Puerto Montt y de ahí cruzar el canal del Chacao hasta topar con la isla soberana de Chiloé. Yo viví gran parte de mi infancia en la isla grande, y el recuerdo de su clima y de su ambiente me persigue siempre. A veces despierto por la noche creyendo que estoy allá. Entonces siento el viento, la brisa, la garúa intermitente de la isla, junto con su inconfundible perfume marítimo. La isla me llama, me reclama como una madre a uno de sus hijos, me llama desde el fondo de sus laberintos, es la tierra la que clama mi presencia y quiero volver a ella como a veces también quisiera el hombre volver al vientre de la madre para olvidar las tristezas y sufrimientos que depara el mundo. A veces también acuden a mi mente el sonido d los tambores de los indios y siento como el alma se me inflama por dentro del pecho como un globo que en cualquier momento puede llegar a estallar de gozo. Los tambores que son el eco de las voces de nuestros ancestros que reclaman por la muerte de sus hijos, la muerte de tantos hermanos a lo largo del tiempo y que el legendario tambor vuelve cada cierto tiempo a resucitar. Por eso necesito partir a Chiloé a reencontrarme con los míos, con mi madre tierra y con mi padre mar, para que así a través de mi pluma vuelva otra vez el verso a derramarse sobre el papel, sobre la hoja blanca que es el símbolo de la existencia. Aquí estamos saturados de poetas citadinos, de poetas acomodados que nada entienden ni conocen de las entrañas de su propio país. Aquí estamos saturados de poetastros que con un par de palabras ridículas, consiguen ridiculizar la realidad. Claro que lo hacen de manera muy racional, como un chiste del intelecto, como si en verdad el sufrimiento y la angustia permanente del hombre sobre la tierra lo fuera, y no una degradante injusticia a la que ha sido sometido por las clases poderosas. Aquí estamos hasta la coronilla con las vacas sagradas en poesía, con los poetas que hacen vista gorda a los hechos, a los atropellos, a los asesinatos, a la oscuridad, al Toque de Queda, a la infamia, a la represión, a la impunidad, el país necesita poetas humanos, cargados de pasión y no de la maldita razón con que construyen sus poemas. Nosotros necesitamos una poesía HUMANA, no una INHUMANA POESIA. Porque la poesía es la voz oculta del hombre, la voz que el hombre omite por temor, la voz que le oprime el pecho, la voz que no alcanza expresión sino a través de la pluma del poeta…&lt;br /&gt;Cuando Samuel terminó finalmente de hablar, le di la mano en señal de aprobación. Sus palabras me tocaban el alma, sin duda. Su pasión me contagiaba como pocas. Cuando recién lo conocí, el primer año de la carrera, parecía apenas un muchachito, un muchachito frágil, delgado, puro esqueleto. En cambio ahora, hasta la voz la tenía distinta. Ahora su voz era la de un poeta, de un poeta delirante, cargado de la vehemencia suficiente como para llevar adelante su proyecto de vida. Nos dimos un abrazo de despedida. Quedamos en que nos escribiríamos. También le dije que algún día iría a encontrarme con él en esos mares turbulentos del sur. Bajamos las escalinatas de la salida juntos. Y fue allí cuando me preguntó repentinamente por Paola. Tuve que decirle simplemente que era un sueño como otros que se habían ido, para no entrar en detalles. A esa hora de la tarde, casi noche, me hacía mal acordarme de ella. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3829631234290475626?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3829631234290475626/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3829631234290475626&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3829631234290475626'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3829631234290475626'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/08/captulo-de-novela-campus-oriente.html' title='Capítulo de novela Campus Oriente'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3IQ_aCL8I/AAAAAAAAAAU/maGc1tJDOqQ/s72-c/PUC-Oriente-arcade.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-5592924521746788940</id><published>2007-08-23T23:37:00.001-04:00</published><updated>2007-08-23T23:37:52.597-04:00</updated><title type='text'>Chequen mi Slide Show</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;embed src="http://widget-f1.slide.com/widgets/slideticker.swf" type="application/x-shockwave-flash" quality="high" scale="noscale" salign="l" wmode="transparent" flashvars="cy=bb&amp;amp;il=1&amp;amp;channel=648518346347621873&amp;amp;site=widget-f1.slide.com" style="width:350px;height:262px" name="flashticker" align="middle"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div style="width:350px;text-align:left;"&gt;&lt;a href="http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;ad=0&amp;amp;id=648518346347621873&amp;amp;map=1" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://widget-f1.slide.com/p1/648518346347621873/bb_t028_v000_a000_f00/images/xslide1.gif" border="0" ismap="ismap" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;ad=0&amp;amp;id=648518346347621873&amp;amp;map=2" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://widget-f1.slide.com/p2/648518346347621873/bb_t028_v000_a000_f00/images/xslide2.gif" border="0" ismap="ismap" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-5592924521746788940?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/5592924521746788940/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=5592924521746788940&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5592924521746788940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5592924521746788940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/08/chequen-mi-slide-show.html' title='Chequen mi Slide Show'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://img399.imageshack.us/img399/4425/foto17ts.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-8730515931850032502</id><published>2007-07-23T20:14:00.000-04:00</published><updated>2007-08-28T15:01:23.425-04:00</updated><title type='text'>El desenredo</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RqVE3yljO4I/AAAAAAAAAB8/Bt7qbJclSgk/s1600-h/EL+DESENRREDO.bmp"&gt;&lt;span style="color:#ffff00;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090550679074978690" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RqVE3yljO4I/AAAAAAAAAB8/Bt7qbJclSgk/s200/EL+DESENRREDO.bmp" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#ffff00;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Por Hernán Poblete Varas&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Sería buena idea que algunos editores volvieran a los antiguos correctores de prueba y que ciertos escritores se acostumbraran a consultar el diccionario. Tendríamos un gran ahorro de disparates y los lectores menos razones para sorprenderse con elementos ajenos a la literatura.&lt;br /&gt;Por ejemplo: en una novela chilena leo la descripción de un sucio y desordenado recinto con “pululación de sendos roedores”. ¿serán grandes roedores o un roedor para cada montón de mugre?&lt;br /&gt;Otro habla de “los dos sendos Fiat 125”. Aquí, al menos, hay una excusa pues en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El desenredo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, novela breve de Miguel de Loyola, el narrador habla en primera persona, y como se trata de un estudiante de enseñanza media, el disparate puede correr por cuenta de él.&lt;br /&gt;Sendos aparte. Miguel de Loyola ha creado un perdosaje que interesa desde su aparición en las primera páginas: aunque sus compañeros lo llamen “el filósofo”, es un ser extraviado en sus propias dudas e indecisiones, temeroso, vacilante, desconfiado de sí mismo y de sus propias fortalezas, tímido y enamorado de una compañera de clases que –mujer al fin- es mucho más segura, más resuelta. Pasearle la cuadra, como se decía entones, y observar desde la acera la lucecilla de lo que puede ser su dormitorio es lo más que el Filósofo puede exigirse.&lt;br /&gt;¿Por qué podría interesarse en en él una muchacha tan dueña de sí misma, tan bonita, tan asediada por casi todos los demás compañeros de curso? El Filósofo no cree en sí mismo. Es, en esencia, un adolescente.&lt;br /&gt;Adolescencia no es desamparo: siempre habrá algo, una mano, un acontecimiento, un gesto, que ayude a despejar las tinieblas de las dudas y la inseguridad. Para el Filósofo, esto ocurrirá en esa fiesta “de toque a toque” (estamos en plena dictadura), con tragullos, sánguches, tortas, pasteles y mucho bailoteo movido o aperrado, que el Filósofo observa desde un sillón, ajeno por timidez a todas las audacias de sus compañeros. Mientras él mira y se lamenta de sus indecisiones, algo se teje en las sombras, y al terminar la noche habrá algo más que la luz matutina.&lt;br /&gt;Por medio de su personaje, Miguel de Loyola se maneja bien en el relato de estas aventuras y desventuras, y si por momentos la narración es confusa, no lo es menos el estado emocional de éste. Las comparsas –amigos y compañeros de colegio- son mucho más que eso y podemos reconocer en ellos algunos rostros vislumbrados en la propia adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El desenredo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; es una breve novela que se deja leer, que atre y que conforta en medio del maremagnum de sandeces de que somos víctimas, a menudo, los lectores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fuente: Revista de Libros El Mercurio, viernes 10 de marzo de 2006.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-8730515931850032502?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/8730515931850032502/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=8730515931850032502&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8730515931850032502'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8730515931850032502'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/07/el-desenredo.html' title='El desenredo'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RqVE3yljO4I/AAAAAAAAAB8/Bt7qbJclSgk/s72-c/EL+DESENRREDO.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-1385112950366092444</id><published>2007-07-12T12:32:00.000-04:00</published><updated>2007-07-12T12:35:29.040-04:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Travesuras de la niña mala.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Por Miguel de Loyola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que en Travesuras de la niña mala, Mario Vargas Llosa recuerde y exponga muchos sueños de su propia juventud, envueltos, claro, con el ropaje universal de la literatura. Un narrador en primera persona, muy adaptado a las actuales tendencias narrativas, sin los retruécanos y dobleces propios del llamado boom de la narrativa latinoamericana de los años 60’, consigue cristalizar una muy buena historia de principio a fin.&lt;br /&gt;            Un joven de nacionalidad peruana, pero radicado por más de treinta años en París, nos pone al corriente de su vida a partir de su relación amorosa con una mujer, también de origen peruano, excepcional. El deseo de vivir en París, muy propio todavía de la juventud intelectual de la época de los 60’, lleva a Ricardo a establecerse en la Ciudad Luz por esos mismos años, presumo, en que lo hizo el propio Vargas Llosa. Alquilando un piso pequeño en el barrio latino y dedicándose al, por entonces, también codiciado oficio de traductor o intérprete en la UNESCO o en cualquier otro organismo internacional.&lt;br /&gt;La inserción de este personaje en una época claramente establecida, sirve al narrador para entregar una mirada pormenorizada de los hechos históricos más relevantes de la época, tanto en Perú, como también en Europa y el Caribe. Las amistades del peruano con personajes inmersos en la efervescencia política de la época, como la Revolución Cubana, el mítico Mayo del 68’ en París, los primeros movimientos hippies en  Inglaterra y posteriormente en el mundo, etc., pasean al lector por un período histórico de mucha importancia para la nueva configuración de la sociedad occidental y latinoamericana, sus conflictos políticos y sus cambios radicales.  Ricardo, amigo de uno de los fundadores del MIR peruano, contará también los pormenores de la configuración de esa facción izquierdista que sirvió en América para remover las bases más reaccionarias, como también la instauración de las dictaduras de la misma naturaleza que llegarían después. El detalle de esos hechos históricos, muy conocidos y trabajados por Vargas Llosa desde sus tiempos de juventud como intelectual preocupado de la situación, la novela los entrega con mayor verosimilitud que el discurso del historiador, gracias al entramado novelesco que asigna connotaciones que van más allá de la realidad propiamente tal..&lt;br /&gt;Sin embargo, como se entenderá, la novela no adquiere relieve ni interés por lo bien o mal que recree la historia real, sino por la configuración de un hecho ficticio a partir de lo real. Ricardo Somocurcio, o Ricardito, como se autodenomina a sí mismo el personaje narrador toda vez que se siente un hombre estúpido, disminuido frente al mundo, acusando con ello esa baja autoestima connatural   a la gran mayoría de los seres del Tercer Mundo. El es un peruano que aunque proveniente de uno de los barrios pudientes de Lima (Miraflores) , no consigue templar una personalidad lo suficientemente fuerte para imponer su voluntad en su vida amorosa, y se deja arrastrar por una muy antigua pasión de juventud, a sabiendas de su inconveniencia. Esa pasión perdurará toda su vida, a pesar de vivir uno y mil desengaños con la ”niña mala.”&lt;br /&gt;Ricardo se enamoró de “Lily” mientras vivía en Miraflores, cuando “la niña mala” se hacía pasar por chilenita, pero entonces nunca pudo materializar su amor. Años más tarde, ya radicado en París, vuelve a toparse con ella, ahora de paso a Cuba, como supuesta guerrillera del MIR peruano (con la chapa de camarada Arlette)que va en busca de instrucción paramilitar. De ahí en adelante, volverá a encontrarla en muy distintas ocasiones, ya como esposa de un colega suyo (madame Arnoux), como mujer de un inglés (Mrs. Richardson), mas tarde como querida de un contrabandista japonés (Kuriko). Durante todas esos encuentros, Ricardito seguirá enamorado, le ofrecerá matrimonio, y ella lo premiará de vez en cuando con un par de noches de amor y algo más. Sólo hacia el final, en medio de la tragedia a la que ha arrastrado su vida la peruanita, se resignará a vivir y a casarse con él, para más tarde volver a abandonarlo por un anciano millonario.&lt;br /&gt;Este encuentro de dos personalidades opuestas, la de Ricardo, hombre estable y timorato, con la de la peruanita, desinhibida y ambiciosa, tal vez sea el aspecto más interesante de cuestionar desde un punto de vista psicológico y social. Por un lado está el problema de la fractura de la personalidad,  en contraste con la unidad que asiste a los seres por cuestiones de educación, y por otro, la cosa social que marca diferencias sustanciales entre uno y otro individuo de acuerdo al medio y sus circunstancias.&lt;br /&gt;Sin embargo, hay que advertir que tampoco se concentra en esta problemática la riqueza de la novela, y si bien consigue perfilar y proyectar dichas problemáticas tan propias  al siglo de la desintegración del Yo para dar paso al nacimiento de un yo múltiple en la conciencia del individuo, su valor se desplaza todavía unos metros más arriba de lo social y psicológico, rozando la magnificencia y plenit&lt;br /&gt; ud del valor estético por sobre cualquier otro.&lt;br /&gt;Vargas Llosa consigue otra vez con esta obra crear y recrear un mundo novedoso, imbricado con todos los aceites propios de la vida real del hombre contemporáneo, sumados a los tintes universales del arte de la literatura que transportan la historia hacia el plano de la fantasía. La novela arrastra al lector hacia esos planos donde la incertidumbre cristaliza la “inminencia de una verdad a punto de revelarse”, como llamó Borges al hecho estético.&lt;br /&gt;Travesuras de la niña mala , vuelve a poner al peruano Vargas Llosa en el primer plano de la narrativa latinoamericana, alejándolo de los facilismos de los últimos tiempos, los que han hecho de la novela un triste objeto utilitario y de consumo rápido.&lt;br /&gt;Stgo., 23/7/06&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-1385112950366092444?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/1385112950366092444/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=1385112950366092444&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/1385112950366092444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/1385112950366092444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/07/travesuras-de-la-nia-mala.html' title=''/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2045113038734391725</id><published>2007-07-10T12:20:00.000-04:00</published><updated>2007-07-11T18:59:24.932-04:00</updated><title type='text'>Arte poética e Integración - Narrativa, 2007.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estuve a principio de Junio en Santa Cruz de la sierra, en el Encuentro de escritores “Arte poética e integración – narrativa 2007”, invitado por el Centro Simón I. Patiño” El encuentro reunía a escritores de tres países, Argentina, Chile y Bolivia. Fue una semana de conferencias ininterrumpidas relativas a la producción literaria de cada exponente, como también, referida a la literatura universal, con ponencias que hablaron de Cortázar, James Joyce, Cervantes, Gabriela Mistral, etc.&lt;br /&gt;Los escritores bolivianos presentes resultaron ser tanto o más amistosos que los mismos argentinos, a quienes por razones o sin razones conocemos bastante más que a los bolivianos. Conversé con ellos como si nos hubiésemos conocido desde siempre. Adolfo Cáceres, Gary Daher, Oscar Díaz Asnaú, Centa Reck, Ramón Rocha Monroy, aunque tal vez no debiera nombrarlos porque de seguro se me escapa alguno. Su cordialidad y llanura permite ir tierra adentro en la amistad, en el intercambio de pareceres, en la Integración cultural de los pueblos que tanto necesitamos todavía en este rincón del mundo . En ese sólo sentido “Arte Poética e Integración” fue un éxito y debiera repetirse año tras año en todos los países del cono sur. La verdadera integración de los pueblos pasa primero por el intercambio cultural antes que por cualquier otro tipo de acercamiento. El comercio, desde luego, suele ser una primera aproximación, pero no establece los lazos de intimidad entre los pueblos que alcanza el intercambio cultural. El arte consigue el conocimiento del otro, la aprensión de otras entidades y sentires. Sólo de esta manera podemos llegar a comprender otras culturas y a integrarlas en la nuestra.&lt;br /&gt;Los bolivianos son un pueblo replegado en un sí mismo que se aferra a su historia, como los mexicanos, los peruanos, los ecuatorianos...y ese aferrarse convierte a sus escritores en artistas del pensar profundo, reflexivos y consecuentes, todavía libres de la cultura light que ha impuesto la economía de mercado ya en todo el mundo.&lt;br /&gt;Unos de los tópicos de mayor coincidencia en las ponencias de los escritores bolivianos y también argentinos, fue el de la resurrección de la ayer llamada novela histórica. La novela que toma como eje matriz de su narración un hecho o un personaje histórico de cierta relevancia, recreando y revisando a través suyo las raíces de la paria, familia o secta. Esta revalorización de la novela con tintes históricos, sabemos, es un tópico que ha tentado a los escritores de todos los tiempos. Recuérdese en los inicios a (Walter Scott 1771-1832), a quien se le atribuye la creación moderna del género, a Benito Pérez Galdóz, al propio Gabriel García Márquez (El general en su laberinto), al mismo Vargas Llosa (La fiesta del Chivo) con, Arturo Pérez Reverte (El húsar, Cabo Trafalgar…) Miguel Delibes (El Hereje) Isabel Allende (La Casa de los espíritus), por nombrar algunos de los tantos autores que han incursionado en el género. Porque la historia, contada por los historiadores propiamente tales es “una camisa de fuerza”, sostuvo en su ponencia la escritora argentina María Rosa Lojo. En cambio la literaria, la que se escribe con fines artísticos, evidentemente, se introduce en el alma de los pueblos, trasciende a planos superiores de entendimiento, creando conciencia de una realidad desconocida también como parte de la nuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La revalidación de la novela histórica resulta un rasgo importante a considerar a la hora de preguntarse hacia donde fluyen las tendencias de la narrativa hispanoamérica actual, pero más importante resulta preguntarse cómo y porqué resurge hoy ese interés en los escritores actuales por el pasado, el cual, a ojos vista, al mundo moderno para nada le importa. Baste con mirar como se destruyen en nuestros países razas, palacios y construcciones antiguas en aras del progreso y la modernidad, arrasando así con el pasado para erguirse en un nuevo mundo Parece obvio que el alma de una nación se resiste a perder sus raíces, y el arte, que es fruto del alma de los pueblos sale hoy nuevamente a reivindicar su historia, a recuperar su memoria llaman otros al mismo fenómeno.&lt;br /&gt;Juan Murillo y Luisa Talarico moderaron las ponencias resaltando la generosidad del Centro Patiño y de su directora Roxana Moyano para financiar un encuentro de escritores que ya ha comenzado a dar sus frutos, partiendo por el intercambio de libros y artículos entre los escritores asistentes. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2045113038734391725?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2045113038734391725/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2045113038734391725&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2045113038734391725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2045113038734391725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/07/arte-potica-e-integracin-narrativa-2007.html' title='Arte poética e Integración - Narrativa, 2007.'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3590420583471454405</id><published>2007-06-14T21:52:00.000-04:00</published><updated>2007-07-10T12:34:22.358-04:00</updated><title type='text'>DESPEDIDA DE SOLTERO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por Fernando Jerez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace algunos días apareció un comentario muy inoportuno firmado por Miguel de Loyola, sobre una antigua novela mía, &lt;strong&gt;El miedo es un negocio&lt;/strong&gt;. Digo inoportuno porque por aquellos días yo terminaba de leer con mucho entusiasmo &lt;strong&gt;Despedida de soltero&lt;/strong&gt; -mi primer acercamiento a la narrativa de este escritor chileno poco conocido-, y,por consiguiente, deseaba escribir algo al respecto. En un país de tantas suspicacias y de practicar el auto bombo hasta poner en peligro la extinción de los adjetivos más ampulosos, sobre todo en literatura, pensé que mi nota sonaría a una vuelta de mano poco sincera. Pero no es así.&lt;br /&gt;Su libro me gustó porque está bien escrito y por una conjunción de cualidades que me llevaron con agrado hasta la última página.&lt;br /&gt;Miguel de Loyola, nacido en 1957, profesor de castellano, formó parte del taller que dirigía nuestro recordado José Donoso. Su novela nos sumerge en la más recóndita conciencia del doctor Fernando Durrett un funcionario de hospital que recibe una invitación para asistir a la despedida de soltero de un joven colega suyo. Este hecho lleva al casi anciano médico a contrastar su situación de jubilado ad portas, de vida marchita, con el proyecto lleno de ilusiones del novio. Desde su alma, vamos a conocer pues, los senderos por donde ha transcurrido su vida como una suerte de rendición de cuentas ante la asamblea que conforma un solitario espectador: él mismo.&lt;br /&gt;Una de las magias del arte en general, y particularmente de la literatura consiste en la llamada visión de mundo de sus autores. En definitiva lo que leemos en despedida de soltero es el yo interior del doctor Fernando Durrett, ejercicio de voyerismo que no es posible practicar con tan ilimitadas posibilidades de expansión imaginativa como en las realidades que presenta la literatura. Porque a pesar de que las vidas humanas parecen ser idénticas entre sí, clones de otras vidas, a la hora del balance, cuando aparecen en la planilla contable los arrepentimientos, las frustraciones, las ilusiones y desengaños, los amores y los odios, clones todos, todas esas existencias están llenas de originalidades, como la hoja de un árbol nunca será igual a otra hoja del mismo árbol.&lt;br /&gt;Así pues, el doctor Durrett utilizará el bisturí ya no para explorar los cuerpos de sus pacientes sino que para hacer incisiones en su propia alma, en la que descubrirá tejidos de distinta naturaleza, algunos sanos, otros muertos, otros en crecimiento, como si se tratara de las células de un recién nacido no desarrolladas aún.&lt;br /&gt;Al final, en la despedida de soltero propiamente tal, la novela sufre un vuelco temático y estilístico como si la linealidad de la vida del médico estallara en mil pedazos y se dejara poseer por hallazgos inéditos.&lt;br /&gt;Hay veces que he llegado al final de un libro con la misma sensación de haber ingerido un alimento de efectos contraproducentes para mi salud. La influencia funesta que produce en el escritor la lectura de un libro construido con recursos precarios obliga al afectado a una purificación urgente, por ejemplo, con un J.M. Coetzee. O un Pedro Salinas.&lt;br /&gt;En cambio, despedida de soltero me ha producido una grata impresión. Llama la atención eso sí que Miguel de Loyola, un desmesurado devorador de libros, haya permanecido durante tanto tiempo sin entregarnos nuevas obras. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Año,2005.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3590420583471454405?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3590420583471454405/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3590420583471454405&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3590420583471454405'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3590420583471454405'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/06/despedida-de-soltero.html' title='DESPEDIDA DE SOLTERO'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-6799899556042245224</id><published>2007-05-14T22:46:00.000-04:00</published><updated>2007-05-15T12:15:05.760-04:00</updated><title type='text'>CUENTOS DEL MAULE, de Miguel de Loyola</title><content type='html'>&lt;p align="left"&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s1600-h/Cuentos+del+Maule+2.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;PRONTO EN lIBRERÍAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s1600-h/Cuentos+del+Maule+2.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064613566010216034" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s200/Cuentos+del+Maule+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Cuentos del Maule&lt;/strong&gt; reúne un puñado de historias provincianas y rurales contadas desde la perspectiva interior de sus personajes, recreando sueños, amores y nostalgias. Denunciando también la falta de justicia social que asola todavía los campos de nuestro suelo patrio. Pero no por estar remitidas a lugares concretos pierden su valor literario universal. Muy por el contrario, por ese mismo motivo encarnan sentimientos y pareceres propios a toda la humanidad.&lt;br /&gt;Su lectura resultará apasionante para todo lector, y en especial, para aquellos en cuyo imaginario todavía repican las voces ancestrales, toda vez que alguien desde el presente inmediato remueve con un verso o una narración sus más viejos y amados recuerdos alojados en el lugar más seguro y secreto del alma.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-6799899556042245224?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/6799899556042245224/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=6799899556042245224&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6799899556042245224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6799899556042245224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/05/cuentos-del-maule-de-miguel-de-loyola.html' title='CUENTOS DEL MAULE, de Miguel de Loyola'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s72-c/Cuentos+del+Maule+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-8441854369935718811</id><published>2007-05-14T18:29:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:39:50.505-04:00</updated><title type='text'>PLATAFORMA, de Michel Houellebecq</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;Miguel de Loyola&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;La novela de Houellebecq nos introduce en el mundo del turismo, de los viajes de placer. Michel, funcionario del departamento de cultura del gobierno francés, después de la muerte de su padre y transformarse en su único heredero, sale de viaje con destino a Tailandia. Durante el viaje conoce a Valérie –quien forma parte del grupo de turistas en que va Michel. Con ella, después de regresar a París, vivirá una larga aventura amorosa, sumada a otros muchos viajes rotulados con las mismas características.&lt;br /&gt;Michel, en tanto narrador protagonista de la historia, responde a lo que ya podríamos denominar personaje clásico de las novelas europeas de los últimos decenios. Un ser en principio solitario, anodino, sin grandes pasiones, más bien del tipo depresivo, pero capaz de vaciar su mundo interior ante los ojos del lector, desde una perspectiva consciente y extremadamente racional. Este narrador decodifica punto por punto sus placeres, especialmente sexuales, acercándose por momentos a la novela pornográfica por el grado de impudicia de algunas de sus escenas. Sin embargo, no nos dice mucho acerca de sus dolores. La muerte de su padre se parece en mucho a la perspectiva apática del personaje de &lt;strong&gt;El Extranjero,&lt;/strong&gt; de Camus. Asistimos a él a través de su mirada distante, indolente, que no se deja afectar por nada de lo que acontece a su alrededor. Salvo, como dijimos, el sexo, en tanto forma probada de placer.&lt;br /&gt;La historia esta contada -y muy bien contada- en primera persona ,y, por momentos pareciera que es básicamente el morbo sexual el soporte mayor de la intriga que conduce al lector a leer hasta la última página. Sin embargo, vemos como poco a poco, una vez que Michel conoce a Valérie y establecen una relación de pareja estable, aunque muy al estilo europeo, la novela comienza a cobrar mayor peso psicológico, moral y también social, en tanto obra literaria capaz de convertirse en una apología del mundo moderno, sustentado por un capitalismo implacable. Valérie trabaja en turismo a alto nivel y a través de los proyectos de la empresa donde trabaja, la novela cuestiona todo este aparato gigantesco creado por las empresas del rubro con el fin de ganar dinero, gatillando en la conciencia colectiva de los turista el deseo del placer erótico.&lt;br /&gt;Los viajes de Michel y Valérie a países exóticos, Tailandia, Cuba, y otros, son recreados y cuestionados ante los ojos del lector por este narrador que no se debilita en ningún momento en su afán de describir ya como una filmadora y como supraconciencia de lo que ve, piensa y siente a su alrededor, lo mismo con lo que sucede en su interior.&lt;br /&gt;Tal vez diríamos que la tensión de la narración decae en las últimas páginas. Nunca ha sido fácil un final para la ficción. Pero, con todo, la novela ya ha hecho lo suficiente como para agradecer la narración. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-8441854369935718811?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/8441854369935718811/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=8441854369935718811&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8441854369935718811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8441854369935718811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/05/plataforma-de-michel-houellebecq.html' title='PLATAFORMA, de Michel Houellebecq'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-7351722873560104850</id><published>2007-05-12T23:27:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:43:40.303-04:00</updated><title type='text'>EL HOMBRE DUPLICADO, JOSE SARAMAGO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;                                                                                                                           Miguel de Loyola&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tertuliano Máximo Afonso mientras mira una película recomendada por un colega ("Quien no se amaña no se no se apaña"), descubre que uno de los personajes secundarios de la cinta es idéntico a él. Ni más ni menos su más fiel retrato. De ahí en adelante el protagonista de no volverá a dormir tranquilo, y hará en lo sucesivo todo lo posible para saber de quien se trata, indagando en otras cintas hasta dar con el nombre real del actor, para conocerlo y encararlo con el propósito de saber cuál de los dos es el impostor.&lt;br /&gt;Esta búsqueda obsesiva del doble, puede traducirse como una clara búsqueda de sí mismo, de la identidad. Una identidad que Tertuliano, el protagonista, por su forma de actuar y de pensar, duda en tenerla, a pesar de ser un respetable profesor de historia de 38 años, y aunque divorciado de su mujer, con una novia (María Paz) que a todas luces lo comprende y lo ama. Sin embargo, esta carencia de identidad no le permite tomar decisiones, y lo llevan a vivir bajo un clima de permanente incertidumbre. En cambio, su doble, de nombre Antonio Claro, como lo confirma después de una y mil indagaciones, casado con Helena y aunque protagonista de papeles secundarios en el cine, se proyecta ante los ojos de Tertuliano como un hombre seguro de sí mismo, al punto que al comienzo no manifiesta ningún interés por conocerlo a él, a pesar de la similitud calcada en la que insiste Tertuliano que hay entre los dos. Similitud que en la novela, naturalmente, raya en la fantasía, pero alcanza el grado de verosimilitud suficiente para hacer funcionar la historia en cuestión.&lt;br /&gt;En esta novela de Saramago, como en tantas otras de su misma factura, se trasluce la profundidad de la tesis psicológica que se va tejiendo paralela a las acciones delirantes e imaginativas que mueven a los personajes, haciendo de la obra una alegoría que no sólo denuncia y nos muestra el problema de la identidad, sino que también ofrece soluciones interesantes, cuando plantea en medio de los juegos de máscaras propias del arte de la novela, que la falta de consistencia de la psiquis o del alma humana, es posible enrostrarla, combatirla y vencerla con el ejercicio de la voluntad. Esa fuerza interior que lleva al hombre maduro a salir de las tinieblas, y a esgrimir su espada contra la oscuridad.&lt;br /&gt;Tertuliano Máximo Afonso, por falta de esta consistencia sólida que le permita tomar partido por las cosas, dejará entrar al "caballo de Troya" en su vida, sin sospechar que la consecuencia del no hacer nada por impedirlo, será la pérdida definitiva de su identidad. Tertuliano tendrá que ser en lo sucesivo Antonio Claro, y renunciar a sí mismo, desvaneciéndose definitivamente en otra personalidad, porque para todos el tal Tertuliano Máximo Afonso, profesor de historia, murió en un accidente automovilístico junto a su novia María Paz cuando regresaban a casa desde las afueras de la ciudad..&lt;br /&gt;La idea de usar el arquetipo del caballo de Troya para ilustrar la consecuencia de la falta de seguridad a la que se expone una persona carente de identidad, me parece brillante, y más todavía la de relacionar a Casandra con el Sentido Común, con esa vocecilla interior que sabe siempre mejor que nadie lo que corresponde hacer frente a tal o cual situación, pero a la que aún así dudamos en hacer caso. Tal y como le sucede al protagonista, a quien vemos naufragar por esta razón.&lt;br /&gt;Impresiona el fraseo de Saramago, y el tratamiento del narrador, quien habla al lector al estilo del narrador omnisciente, pero en un juego novedoso y ágil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-7351722873560104850?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/7351722873560104850/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=7351722873560104850&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7351722873560104850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7351722873560104850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/05/el-hombre-duplicado-jose-saramago.html' title='EL HOMBRE DUPLICADO, JOSE SARAMAGO'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2047278979001866326</id><published>2007-03-15T23:14:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:45:44.385-04:00</updated><title type='text'>DAVID CONTRA GOLIAT, Apología del Platónico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfoPSQyu2qI/AAAAAAAAABQ/yaZ7cZQ9jGA/s1600-h/fotos+platonico+4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5042359539214506658" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfoPSQyu2qI/AAAAAAAAABQ/yaZ7cZQ9jGA/s200/fotos+platonico+4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;El &lt;strong&gt;Café Platónico&lt;/strong&gt;, ubicado en el interior de la estación del Metro Tobalaba, y conocido en el sector como &lt;strong&gt;Platónico&lt;/strong&gt; propiamente a secas, ha sido condenado a muerte. Metro S.A. le ha cortado el contrato de arrendamiento. Por eso hoy día está a la espera de la orden de desalojo proveniente del tribunal. Pero tampoco quiere salir huyendo, no tiene nada que esconder, nada que ocultar. Por el contrario, sabe la injusticia que hay detrás y por eso ha optado por esperar de pie el tiro de gracia, a fin de que el proceso culmine a la luz pública.&lt;br /&gt;Sucede que movido por hambre de Justicia, el Platónico ha dado pelea, tratando de defender su derecho a la vida aún a costa de perderla, aunque su enemigo cuente con poder para hacerlo mil pedazos. No quiere irse sin antes denunciar su caso a los más altos tribunales, como lo son sin duda los de la Conciencia, ya que los otros, más temprano que tarde, se manejan con influencias. Ocurre que durante el proceso nadie de la oficina de administración de los locales, supo darle una razón transparente para aceptar su condena y largarse. Sólo oyó evasivas a media voz, los clásicos clichés de “necesidades de la empresa” que no conforman ni convencen, resuenan todavía como martillazos arteros en su cabeza. Comprende, sólo fueron pretextos para encubrir intereses oscuros, urdidos por detrás, al interior de oficinas públicas atestadas de dudosos personajes nominados a dedo por la &lt;em&gt;amistocracia&lt;/em&gt; imperante.&lt;br /&gt;Desde la llegada de los funcionarios de la Concertación a la administración de los locales, comenzó la política de constante hostigamiento, primero con un cambio radical de las condiciones del contrato de arriendo, el cual de carácter indefinido pasó a vencimiento plazo fijo, además de un alza del canon capaz de aturdir a cualquiera. Luego, para desconcertarlo todavía más, vino la persecución y el cuestionamiento absurdo del rubro o giro comercial del Platónico, inmovilizándolo, impidiéndole de esa manera renovarse al no contar desde entonces con un contrato que le brindara suficiente garantía y confianza para arriesgarse a llegar más lejos, como lo exige toda empresa para competir en el mundo actual. Ahora comprende, lo venían arrinconando para matarlo.&lt;br /&gt;“No queremos el rubro Alimentos”, le dijeron, “nos preocupa mejorar la Imagen Corporativa de Metro S.A.”, insistieron, “vamos a erradicar todos los negocios de comida”, le advirtió un Alto Funcionario. Pero de pronto, de manera sorpresiva y contrariamente a lo predicado por dicho Alto Funcionario, surge en la misma estación Tobalaba un local de la cadena Castaño. Y de pronto, como una bofetada en pleno rostro se anuncia la posible construcción en esa misma estación de un Patio de Comida. Y de pronto, como un rayo, aparece la cadena Savory instalada en esas mismas galerías. Y claro, se comprenderá, el viejo Platónico allí mismo viendo todo esto se impresiona. El legendario Platónico allí en esa misma estación siendo testigo ocular de la falta de coherencia en el hacer y el pensar, de la falta de transparencia y respeto a la verdad, a la justicia en buenas cuentas, se altera. Y el solitario Platónico allí mismo acusado y condenado a muerte por vender lo mismo, después de haber sido pionero en la ruta, primero en arrendar un local con esos mismo fines 20 años antes, no sólo se desilusiona, enloquece, siente el cuchillo de la traición en el pecho, el frío del metal ante la falta de lealtad hiela su alma. En el fondo de su corazón abrigaba la esperanza de una invitación a participar también en los cambios de la estación Tobalaba, a formar parte del nuevo proyecto, como arrendatario más antiguo, desde luego, como último sobreviviente de aquellos aventureros que se instalaron por primera vez en una estación desolada (1986), por donde entonces no circulaban tantas almas como en la actualidad.&lt;br /&gt;¡Qué esperanzas de esa soñada Justicia Social capaz de prodigar felicidad a los desposeídos del Poder! Porque Platónico no se ha enriquecido en estos 20 años para comprar influencias, como lo consiguen las grandes cadenas comerciales, impersonales y gélidas, sin rostros visibles pero efectivas para pactar al más alto nivel sus intereses. O a lo mejor el Alto Funcionario puede haberse figurado al Platónico rico, apoltronado en un sofá con un puro enterrado en la boca, de seguro con una billetera más forrada que la suya y por eso no ha tenido escrúpulos para dar la orden de expulsión, despojando así de cuajo al Platónico de sus Activos y Pasivos. Porque para cualquier entendido en asuntos de negocio resulta obvio que no podrá llevarse la clientela a otro lugar, ni tampoco los muebles, porque éstos en cualquier otro espacio no pueden encajar. Todo será pérdida. Escombros, en buenas cuentas. ¿“Basura” un local que prodiga trabajo a cinco personas (familias), cuyos destinos, por cierto, también deben ir a parar al mismo tacho de los desperdicios? ¿Resulta lógico, admisible, en un país donde escasean siempre las fuentes de trabajo? Tenían el deber moral de ofrecerle otra alternativa a quien fuera durante tantos años un arrendatario que nunca dio problemas.&lt;br /&gt;Por eso el Platónico proyecta ahora un rostro desencantado, después de comprender que todo no es más que una fraude cuando se reparten los puestos de poder, tal vez no se puede lucir de otro modo. Pero como tiene el espíritu fuerte del hombre libre, y mientras permanezca vivo en el corazón de muchos de los cientos de trabajadores del sector que lo conocieron, haciéndolo parte de su rutina en el tráfago de la vida diaria, resistirá. Sí, porque Platónico es también un hombre, un hombre todavía capaz de salir a la calle a defender su libertad, como la defendió ayer, como la defendió tantas veces en dictadura, y tendrá que seguirlo haciendo ahora, porque los acontecimientos lo han convencido que aquí se siguen cometiendo abusos de poder que dan cuenta de la urgente necesidad de salir a pelear otra vez por la justicia y la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Platónico = Miguel de Loyola&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2047278979001866326?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2047278979001866326/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2047278979001866326&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2047278979001866326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2047278979001866326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/david-contra-goliat-apologa-del.html' title='DAVID CONTRA GOLIAT, Apología del Platónico'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfoPSQyu2qI/AAAAAAAAABQ/yaZ7cZQ9jGA/s72-c/fotos+platonico+4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-5865567369854726826</id><published>2007-03-13T23:20:00.000-04:00</published><updated>2007-03-13T23:22:55.073-04:00</updated><title type='text'>RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfdqVQyu2mI/AAAAAAAAAAw/SaJe5IuHlKQ/s1600-h/untitled.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5041615221382109794" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfdqVQyu2mI/AAAAAAAAAAw/SaJe5IuHlKQ/s200/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-5865567369854726826?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/5865567369854726826/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=5865567369854726826&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5865567369854726826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5865567369854726826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/red-mundial-de-escritores-en-espaol.html' title='RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfdqVQyu2mI/AAAAAAAAAAw/SaJe5IuHlKQ/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-4179661462744387620</id><published>2007-03-12T23:18:00.000-04:00</published><updated>2007-07-31T00:04:36.990-04:00</updated><title type='text'>CRÓNICA: RETRATO DE UN AMIGO, ANTONIO AVARIA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5041616896419355266" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/Rfdr2wyu2oI/AAAAAAAAABA/3worSW9hTXg/s200/Antonio+Avaria+3.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Conocí a Antonio Avaria en la SECH con motivo de un homenaje a Jorge Edwards, por allá a principios de este nuevo siglo. Cuando el acto culminó, Jaime Hagel hizo el puente respectivo, ellos se conocían desde los tiempos de la “Difícil juventud.” Avaria me tendió su mano gruesa, al mismo tiempo que repetía su nombre en señal de saludo con esa voz de barítono tan gruesa como su mano. En la conversación, se interesó por conocer mi novela Despedida de Soltero, por ese entonces recientemente publicada. Quedé de hacérsela llegar a su casa, él insistió en la posibilidad de almorzar juntos con ese motivo. La idea me entusiasmó, su nombre no me resultaba para nada desconocido, por el contrario, había leído los cuentos de su libro Primera Muerte, y guardaba cierto cariño nostálgico por los escritores de su misma generación que habían padecido el exilio o las consecuencias ingratas y dolorosas de la Dictadura en la plenitud de sus vidas (Luis Domínguez “Citroneta blue”, Mauricio Wácquez “Excesos”, Carlos Olivares Concentración de bicicletas, etc. Había comprado esos libros siendo estudiante de literatura en “China” (calle San Diego), al decir de José Donoso en ese cuento maravilloso con ese título.&lt;br /&gt;Después de terminado el acto en la SECH, nos trasladamos a charlar a un bar ubicado a un costado del parque Forestal recomendado por Jorge Edwards, quien aseguró alcanzarnos tan pronto terminara su consuetudinario artículo de opinión para La Segunda del día siguiente. Llegamos un grupo bastante numeroso: entre ellos el propio Claudio Giaconi, vestido elegantemente de terno y abrigo largo. Era invierno, y algunos goterones soltaba el cielo sobre las calles crepusculares de Santiago, humedeciendo la tierra, el cemento y el ambiente. Al pasar por la calle Gral. Santiago Bueras en dirección al Parque Forestal, preguntó si sabía cual era el segundo apellido de aquel ilustre héroe. Para nuestra sorpresa, resulto ser: Avaria. Cuando llegamos al bar, ubicado en un lúgubre subterráneo, aparte de tablas de queso, no había nada más para comer. Pasaron las horas y Edwards no llegó. Antonio fue el único que lo esperó y terminó cenando con él esa noche en un boliche de la calle Lastarria.&lt;br /&gt;Una semana después, le dejé mi libro en el buzón de su casa, esperanzado, por cierto, en que además de leerlo, pudiera comentarlo en el diario, como el mismo generosamente lo había insinuado. Es la clásica esperanza típica que suele asistir a todo escritor desconocido.&lt;br /&gt;Hasta ahí puedo recordar cronológicamente el inicio de nuestra gran amistad. Porque en lo sucesivo comenzamos a juntarnos todas las semanas con Hagel y aun dos y tres veces también para asistir a las más variadas actividades culturales y a comer algo, por cierto, porque tanto tenía de Quijote como de Sancho mi buen amigo que ahora en paz descansa. Le gustaba mucho cenar en restaurantes una vez terminadas las actividades. Amante de la buena mesa y la bebida, no quedaba contento si no regresaba a su casa después de haber cenado algo con algún amigo escritor. Traía la cultura del hombre que ha vivido en los más diversos países, sin los típicos problemas del chileno acomplejado para pedir al mozo un plato para dos, sobre todo cuando el dinero es escaso.&lt;br /&gt;Antonio era un hombre informado, leía tres diarios por la mañana, sabía todo lo que estaba pasando en la ciudad en materia de actos culturales. Nadie podía sorprenderlo con alguna noticia referente a eso, ni tampoco con los títulos de las novelas de los escritores chilenos de todos los tiempos. A mí, francamente, me impresionaba su memoria de elefante para tales menesteres, y la mucha que la faltaba para manejar el programa Word Perfec, mediante el cual todavía escribía sus artículos, y asunto por el cual solía llamarme muy a menudo en esos primeros tiempos. Muchas veces, bromeando, le dije que guardara un poco de memoria para manejar mejor el computador, sin ocuparla toda con los asuntos inútiles de los diarios. Pero era un hombre de prensa, de esos que quieren tener junto al primer café de la mañana, las noticias al alcance de la mano. “Pierdo toda la mañana en esto” me dijo también muchas veces, reconociendo esa manía como una debilidad y una pérdida de tiempo. Pero no lo podía evitar, tenía una necesidad imperiosa de enterarse de lo que pasaba en Chile y el mundo.&lt;br /&gt;El primer autor del cual hablamos largo y tendido, y no sólo una vez, sino en muchas ocasiones, fue Thomas Mann, particularmente de algunas escenas de La Montaña Mágica, acerca de las entradas y salidas de madame Chauchat al comedor, del fru fru sensual de sus vestidos, y de aquella escena dudosa y memorable en la sala de música del Sanatorio donde para algunos queda implícita la consumación del deseo amoroso de Hans Castorp. Para Avaria eso aparecía claramente dicho en la novela, para Hagel también. Yo no estaba tan seguro que así fuera, pero terminé de convencerme ante la opinión de los dos más grandes lectores que he conocido de cerca. A Hagel, por cierto, siempre lo relaciono con Hans Castorp, por su ascendencia alemana y su apariencia juvenil, y a Avaria con Joachim, por su presumible contextura física a la edad de aquel. Hablamos mucho en esa primera época de La Montaña mágica, de aquel mítico Sanatorio internacional “Berghof”ubicado en los Alpes Suizos, cerca Davos-Platz, y también, como era de esperar, de Muerte en Venecia, cuyos canales recorrimos junto a la góndola de Von Aschenbach, en nuestro caso persiguiendo a las hermanas del polaco, cuya belleza sugerida en la novela resulta también alucinante. La escena de la peluquería la comentamos una infinidad de veces, por lo extraordinariamente lograda, como tantas otras de esa obra perfecta del Nóbel Alemán. La relación con Los papeles de Aspern, de H. James, por compartir el mismo escenario, para mi resultaba inevitable, no obstante, creo que nunca logré a entusiasmar a Avaria con esa misma idea. No le gustaba mucho H. James, le resultaba un escritor más bien tedioso. No conocía, extrañamente, el cuento Lo real, pero cuando lo leyó, algo cambió de opinión respecto al mayor discípulo de Flaubert. Después pasamos a Madame Bovary y sus amantes, otra novela maestra cargada de una sensualidad e intriga hábilmente dosificada a través de sus páginas. Lo curioso es que no hablábamos de las novelas en términos de su lograda escritura, acaso porque era un asunto por lo demás implícito en nuestro mutuo fervor por destacar sus escenas maestras. Gentileza que no tiene hoy la novela actual, y pasa por encima de los escenarios., remitiéndose al incesante divagar del narrador.&lt;br /&gt;Pasamos también por la La educación sentimental, obra que releí en una edición muy valiosa que el mismo me facilitó de su biblioteca personal. Ahora que lo pienso, el protagonista de dicha obra, es el prototipo o ideal de Avaria. El buen mozo, de Maupassant, fue otra novela comentada por esos primeros tiempos, a raíz de Mandame Bovary, y por lo poco conocida para el común de la gente. Muchos creen que Maupassant escribió solamente cuentos. Repasamos, por cierto, las anécdotas de El collar y Bola de Sebo, a su juicio los dos mejores de esa larga lista de cuentos del escritor francés. Seguimos adelante con El extranjero de Camus, novela que defendía con dientes y muelas ante mis comentarios negativos e intentos de desbaratar sus juicios respecto a su valor actual. Creo que Antonio se identificaba con el personaje, como la gran mayoría de los escritores de su época, y los que seguían teniendo los ojos puestos en París como capital de la cultura.&lt;br /&gt;Sobre Kafka nuestros diálogos circularon en torno a El Proceso, tan semejante al nuestro, al que vivimos a diario en nuestra sociedad. Discutimos sobre la personalidad de abogados y magistrados, tan bien retratados en la obra. Antonio estudió derecho en la Universidad de Chile durante tres años, con bastante éxito, pasaba por alumno sobresaliente, pero su espíritu inquieto, ansioso de aventuras, lo llevó a abandonar la carrera en la mitad del camino. Pero eso le confería autoridad para hablar de los hombres encargados de las leyes. Por supuesto, nos deteníamos a comentar también la arquitectura de esos edificios demenciales recreados en la novela donde funcionan los ministerios de justicia, tan semejantes a los nuestros, por lo demás. Lo mismo hicimos con Dostoievski y Tolstoi, Ana Karenina, por cierto, por su relación con Madame Bovary, y Crimen Castigo, por su discurso polifónico. Aunque ahora estoy seguro que no teníamos la misma sintonía con los rusos. A él le gustaban mucho más los autores franceses, ingleses, norteamericanos, alemanes, y, por cierto, los latinoamericanos.&lt;br /&gt;En tanto, comenzaron a correr los días y Avaria no hablaba de mi libro. Su indiferencia al respecto resultaba inquietante. Jaime Hagel había advertido que Antonio pasaba por un crítico muy “exquisito.” Retrato de grupo con señora, de Heinrich Boll fue una obra que leí por consejo suyo, pero no me entusiasmó. Lo encontré demasiado moroso y repetitivo. Tal vez en alemán resulte otra cosa, para los que tienen acceso a esa lengua, por cierto. Coincidíamos en cierto disgusto mutuo por Hermann Hesse, pero salvábamos entre sus innumerables obras a Damian, por su clima enrarecido y tenebroso.&lt;br /&gt;Recuerdo las interesantes sesiones culturales organizadas por Tobac and Friend, a las que asistimos, lo mismo que a una infinidad de lanzamientos de libros, recitales y conferencias. A los muchos escritores que me presentó con la mayor naturalidad del mundo. Zurita, José Miguel Varas, Roberto Rivera, Fernando Jerez, Lilian Elphik, Poli Délano, Jaime Quezada, Elizabeth Subercaseaux, Gonzalo Rojas, Manuel Silva Acevedo, Oscar Han, Antonio Skármeta, Gonzalo Contreras (el poeta), Floridor Pérez, Manuel Peña Muñoz, Enrique Lafourcade, Francisco Vejar, Fernando Sáez, Armando Uribe, Carlos Iturra, Oscar Bustamante, Diego Maqueira, Darío Oses, Roberto Ampuero, Hernán Loyola, Roberto Alifano, Virginia Vidal, Eugenia Echeverría, Esther Edwards, Diamela Eltit, Faride Zerán y tantos otros escritores y escritoras que se me escapan.&lt;br /&gt;En los escenarios públicos, Antonio Avaria se desenvolvía como dueño de casa, hacía de puente entre unos y otros, conocía a todo el mundo, y le gustaba saludar a las personas. Era de una sociabilidad impresionante. No quería perderse ninguna actividad social relacionada con libros. Eso, tal vez, en este país del pelambre, le jugo más de alguna mala pasada. A pesar que nunca lo oí quejarse de sentirse cuestionado, a veces lo percibí en el ambiente. Los chilenos, y particularmente los escritores, somos tan retraídos y ensimismados que a veces nos molesta o desconcierta una actitud contraria. Por supuesto, Antonio no sólo conocía a los escritores, sino también a los editores y hombres de otras artes. De los políticos, no se le escapaba ninguno. A todos los conocía desde sus tiempos de militante en la Izquierda Cristiana.&lt;br /&gt;Difícil resulta precisar cuál era su autor predilecto, incuestionable. De los autores latinoamericanos, García Márquez encabezaba la lista, pero sin dejar fuera a Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Cortázar, Sábato, Mallea, Rulfo, Borges... Antonio en ese sentido, no era un lector excluyente, reconocía méritos en todos aquellos que podían terminar y publicar sus obras. De los chilenos, Carlos Droguett, Mauricio Wacquez, José Donoso, Coloane, Miguel Serrano, Skármeta, Dorfman, Lafourcade, Edwards, Hernan Valdés, Jorge Guzmán.., creo que podrían encabezar la lista. Pero si uno le hablaba de Manuel Rojas, por ejemplo, o de los criollistas, asentía con una venia reflexiva acerca de su indudable valor. Solía recordar muy a menudo el cuento La picada, de Luis Durand, acaso porque le había tocado dormir una noche en la intemperie en los tiempos de su juventud, cuando después de viajar desde Santiago a Talca a fin de visitar a una novia que no lo invitó a quedarse a dormir, a sabiendas que venía ex profeso a verla desde tan lejos.&lt;br /&gt;De los poetas, Neruda, el primero, por supuesto, eso es seguro, y ese verso de Walking Araound “el día lunes arde como el petrólero/ cuando me ve llegar con mi cara de cárcel…” lo citábamos lunes tras lunes durante años. A Nicanor lo visitamos juntos en muchas ocasiones en su casa de Las Cruces y Avaria le recordaba el impacto que produjo en Chile el lanzamiento de sus Poemas y Antipoemas. También citaba a menudo el poema de Gonzalo Rojas “ que se ama cuando se ama”, a Jorge Teillier, con quien fundara la revista Árbol de Letras ( 1967-1968). A Enrique Linh y a Manuel Silva Acevedo, Gonzalo Millán, etc…De los poetas del Siglo de Oro español conservaba en la memoria intactos muchos de sus más ilustres versos.&lt;br /&gt;Sin duda, Antonio Avaria era, para usar una imagen patentada por Enrique Lafourcade, un “animal literario.” Vivía en función de la lectura, a pesar de la falta de trabajo, de las contadas oportunidades laborales que tuvo después de su regreso al país, y de las puertas que le cerraron sus amigos de ayer en el exilio, cuando alguna de sus opiniones críticas publicadas en la Revista de Libros de El Mercurio afectaba sus egos. Esa situación, invariablemente, me traía a la memoria un juicio severo de Ignacio Valente referido al temperamento arrogante de los escritores chilenos, el que por entonces me molestaba mucho y me sorprendía que apareciera conformando parte de un libro como “Introducción a la Literatura”, de su autoría. El caso es que le tocó padecer en carne propia las reacciones más sorprendentes de muchos de sus (ex)amigos. Le envidiaban, tal vez, que escribiera en El Mercurio, sin saber, desde luego, que el diario nunca le dio un trabajo estable, y que los libros y autores criticados por su pluma, siempre le fueron impuestos.&lt;br /&gt;Por los días de la víspera a su inesperado deceso, Antonio estaba leyendo La amante de Bolzano, del escritor húngaro Sándor Márai, de cuyos libros se había hecho adicto, y había terminado recién con la lectura de Las travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa. Esta última novela la había despachado el fin de semana reciente con una avidez asombrosa, y estaba impresionado por las escenas sadomasoquistas propiciadas por el amante japonés de “La niña mala.” La recreación de Paris de los fines del sesenta y la situación histórica retratada en la novela, sin duda despertó muchos recuerdos dormidos de su propia juventud, cuando estaba en vías de consolidar su carrera de escritor y las vueltas del destino le fueron mutilando esas ansias. Antonio se quejaba de lo mucho que le costaba sentarse a escribir, y del terror a la página en blanco. Por eso mismo, destacaba en la obra de Mario Vargas Llosa, a quien conocía de los tiempos de aquel mítico congreso de escritores de Concepción en 1962, su perseverancia y laboriosidad inagotable.&lt;br /&gt;El escritor húngaro Sándor Márai a partir de la lectura de El último encuentro, se había transformado para nosotros en una revelación, y no podíamos explicarnos el motivo por el cual no alcanzó a ser reconocido en vida y hubo que rescatar sus obras después de su muerte. Sus novelas son obras maestras para estos tiempos en que la novela se ha ido transformando en objeto desechable, de consumo rápido. Para Avaria, que había vivido y pasado por los más diversos países de Europa durante su exilio, cruzando desde China hacia Europa en el Transiberiano, la temática de Márai, gatillaba su curiosidad por conocer esos retratos íntimos de la decadencia social del enigmático y fastuoso imperio Austrohúngaro, tan bien retratado en la psicología de sus personajes, la gran mayoría pertenecientes a la clase aristocrática. Una aristocracia tan distinta a la nuestra, basada en códigos de honor y en valores nobles, al punto que sus obras nos parecían verdaderas clases magistrales de ética, y por ende también de estética. La comparación con la gran novela del conde Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo (1958), resultaba inevitable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-4179661462744387620?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/4179661462744387620/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=4179661462744387620&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4179661462744387620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4179661462744387620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/retrato-de-un-amigo.html' title='CRÓNICA: RETRATO DE UN AMIGO, ANTONIO AVARIA'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/Rfdr2wyu2oI/AAAAAAAAABA/3worSW9hTXg/s72-c/Antonio+Avaria+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3650202621832097029</id><published>2007-03-12T23:15:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:49:14.224-04:00</updated><title type='text'>Crítica: A propósito de ciertos comentarios sobre J.L. Borges</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;A menudo se oye hablar de Borges en círculos literarios, a menudo he leído artículos referidos a él. A diario es citado Borges a propósito de cualquier cosa en revistas "literarias", pero la verdad que en contadas ocasiones he leído algo que vaya un centímetro más allá de la cosa general con que se suele hablar hoy por hoy de todo, sin tener el debido conocimiento, o por lo menos alguna astilla de esa sabiduría que se desprende de una lectura atenta e interesada en plantearse donde están las fortalezas de este genio de la literatura llamado Jorge Luis Borges.&lt;br /&gt;En estos comentarios generales sólo se repite una vaguedad tras otra, una seguidilla de lugares comunes que no acotan en lo más mínimo el universo borgiano. Son muy pocos los que se detienen a analizar un detalle concreto de alguna de sus obras, dejando así al lector tan ignorante como al principio. Aunque, desde luego, deslumbrado ante las alusiones altisonantes del articulista.&lt;br /&gt;El problema se explica por sobre todo, porque la obra literaria de Jorge Luis Borges no es de interpretación ni de lectura fácil, y se requiere de una dosis importante de esa llamada "competencia literaria" para entrar en su laberinto. Un cuento de Borges, no se lee como un cuento de un autor convencional, sujeto al canon tradicional del género. En los cuentos de Borges el lector tiene que trabajar, poner de su parte, porque suele perderse, y en muchos párrafos necesita volver atrás para reinformarse de lo que allí se cuenta. Trabajo que lectores ni críticos de nuestro tiempo se dan, y por esos sus comentarios no pasan más allá del nivel del "comentólogo" que raya en la pedantería.&lt;br /&gt;Los cuentos de Borges se adentran siempre por caminos llenos de curvas y cuestas abismantes, buscando la novedad, buscando de algún modo cuestionar, remecer los paradigmas que perviven en el imaginario del lector. Las historias de Borges no tienen principio ni fin, en el sentido que habitualmente le damos a una historia. Tampoco trasuntan metafísica, en el sentido literal del término. Avanzan siempre hacia lo fantástico, pero sin caer en ese género propiamente tal, desconcertando al lector con un desarrollo escabrosamente racional, frío, metálico, rigurosamente elaborado, adquiriendo así un carácter literario que ningún otro escritor de su tiempo ni de su lengua alcanza todavía. Por eso más de alguien ha dicho que Borges es el escritor más literario de todos los tiempos. Aunque explicar lo que "literario" significa, bien podría extraviarnos en un ensayo de mil páginas sin la seguridad de definir el término.&lt;br /&gt;Aquí, tendríamos que conformarnos con decir que "literario" es todo texto que se construye bajo el convencimiento que es una mentira deliberada, recreada por una mente capaz de ordenarla para provocar al lector. Todo ha sido previamente seleccionado con un propósito, con un fin. Tal vez por eso que al lector corriente le cuesta leerlo, y de hecho no lo lee, y tienen que pasar algunos años para empezar a comprender, y más que eso, a disfrutar la literatura de Borges.&lt;br /&gt;El uso del idioma en sus obras es medido, comprimido, sin aspavientos lingüísticos tendientes a deslumbrar al lector con adjetivos artificiosos. Es un castellano que contiene la influencia inequívoca del uso de otras lenguas más precisas y más breves que la nuestra. Es una prosa que sintetiza, donde cada palabra alcanza un sentido matemático, por eso si el lector no está atento, se pierde, porque una palabra de Borges contiene la información que antecede a la que vendrá, y sobre la cual el texto no volverá otra vez en el futuro. Leer a Borges es, lo que llaman hoy en computación, defragmentar, descomprimir para luego recomponer un hecho puntual.&lt;br /&gt;El cuento Emma Zunz podría servirnos de plataforma para concretizar lo que hasta aquí estoy tratando de decir. Se trata de una historia que se va descomprimiendo palabra tras palabra para llegar a un final que reordena el orden del cuento tal y como si nos lo hubiesen contado de manera lineal. El narrador va entregando en pequeñas gotas lo que sabe, abriendo así núcleos narrativos que resumen la vida entera de Emma con una economía de lenguaje impresionante, creando a su vez una atmósfera cargada de misterio e incertidumbre. Una historia que parece desinformada (al principio no entendemos mucho), pero que informa todavía mejor que si la información la entregara completa. Y si bien después de una vez conocido el plan de Emma este puede resultar macabro, dada su complejidad y su orden meticulosamente premeditado, al final termina por liberar ese deseo de venganza que ha generado en el lector, convirtiéndose la consumación del crimen en un triunfo de la moral, por sobre el pecado.&lt;br /&gt;Es indudable que la configuración del cuento es magnífica, y que tal vez sea este uno de los grandes cuentos del Aleph (1949), donde se advierte que cada palabra, cada idea, ha sido escogida y ordenada por el autor. Es decir, existe un orden racional previo a escribir la historia que Borges descompone en un puzzle para que lo vuelva a armar el lector con su propia imaginación. Desde luego, este trabajo de ordenar y reordenar es el que no puede hacer un lector sin competencia literaria, y es posible que abandone su lectura bajo el convencimiento de no haber entendido el cuento, sin comprender que por allí está la pillería, la jugarreta, el gran ludo maestro de Jorge Luis Borges.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3650202621832097029?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3650202621832097029/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3650202621832097029&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3650202621832097029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3650202621832097029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/propsito-de-ciertos-comentarios-sobre.html' title='Crítica: A propósito de ciertos comentarios sobre J.L. Borges'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-695030388347187490</id><published>2007-01-19T03:22:00.000-03:00</published><updated>2007-05-14T18:54:00.466-04:00</updated><title type='text'>CUENTO: Muerte en la playa</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkh59R0yI/AAAAAAAAAAk/DKtK1qbCHiU/s1600-h/playa.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021624118174405410" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkh59R0yI/AAAAAAAAAAk/DKtK1qbCHiU/s200/playa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkJZ9R0xI/AAAAAAAAAAY/T8vC2xYNxt4/s1600-h/playa.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333300;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;No hace mucho tiempo atrás, estando de vacaciones en un balneario solitario, maté a un hombre. Llevaba una semana instalado en una cabaña frente al mar, dedicado por entero al reposo, cuando el macabro suceso tuvo lugar. El año recién pasado había sido más duro que de costumbre. Si no estaba quebrado, lo estaría de un momento a otro. A menos que cambiaran las circunstancias. Por dichos motivos, y otros tales como el divorcio que me afectaba, según opinión de un especialista que fui a ver poco antes de salir de vacaciones, me encontraba al borde de perder el juicio. Comentario que me pareció bastante exagerado. Además, lo último que me estaba faltando escuchar por esos días de catástrofe personal.&lt;br /&gt;En fin. El caso es que necesitaba, ya por prescripción médica o por decisión propia, apartarme de los problemas. Por eso me encontraba allí, dejando correr el tiempo, apartado de la civilización, escondido en esas playas solitarias, entre dunas desérticas, doradas por el sol, bebiendo el aire fresco del mar, tal y como solía hacerlo en mi juventud. Aunque también a ratos sentía correr la flecha del tiempo a una velocidad semejante al reloj implacable de la ciudad. Los días comenzaban a deslizarse pegados unos de otros, transformándose en una sola masa informe, donde resultaba imposible distinguir uno de otro. ¿Había llegado un viernes? ¿Un lunes? ¿En qué día me encontraba? No tenía mucha importancia después de todo. Aunque a veces necesitaba precisarlo, y no podía hacerlo.&lt;br /&gt;A pesar de esa sensación de cansancio y hastío metida hasta en las médulas de los huesos con que había llegado, al poco tiempo comencé a sentirme bastante a gusto. Cada día esa carga iba perdiendo su consistencia al interior del serpentín cerebral, donde circulaban mis más ruinosos pensamientos.&lt;br /&gt;Por la mañana me levantaba tarde. Después de las 10 a.m. Tomaba desayuno a la antigua, como los que acostumbraba a servirme en casa de mi madre en tiempos de soltero. Café con leche, huevos revueltos, y abundante pan con mantequilla. Terminado el desayuno, me largaba a caminar por la orilla del mar hasta donde me dieran las piernas. Las más de las veces llegaba hasta un lugar llamado Tumén, donde entraba a una Cocinería y terminaba almorzando allí un plato abundante de mariscos, sumado a otro de pescado frito. Después regresaba a la cabaña con la idea ciega de dormir una siesta interminable, tumbado como un muerto sobre la cama. Cierto es que algunos días después de la caminata de regreso, y gracias a la humedad siempre refrescante del mar, se me quitaba el sueño. Pero cierto es también que no me costaba nada reactivarlo con unos buenos tragos de tinto una vez que me hallaba en la cabaña. Ese verano contaba con una provisión de vino espectacular, y, desde luego, mi mayor deseo pasaba por darle lo más pronto posible el bajo.&lt;br /&gt;Finalizada la siesta, me largaba otra vez a caminar en traje de baño, dispuesto a mojarme el pellejo en cualquier momento. El hielo de las aguas del Pacífico en un principio parecía congelarme el alma, pero después resultaba muy agradable sentir la secuencia ininterrumpida de olas refrescando cada uno de mis pensamientos, lavando los más oscuros y angustiosos, esos que anidaban en los rincones. No sabía nadar, así que no avanzaba mar adentro, me mantenía pegado a la orilla, donde el agua no llegaba mucho más arriba del pecho. Y cuando venía una ola, no me agachaba para esquivarla, al contrario, me dejaba azotar por esa agua salada el cuerpo completo. A veces el latigazo mezcla de arena y sal me hacía arder el pellejo lo mismo que en mi infancia. Pero insistía en mantenerme largo rato allí, embistiendo como un torero esa furia inexplicable del océano. Después, me revolcaba en la arena igual que un perro hasta quedar embadurnado de arena.&lt;br /&gt;En eso consistía mi rutina diaria. Estaba tranquilo, tan tranquilo como un adolescente de vacaciones. Con la salvedad que me hallaba a sólo unos pasos de cruzar la barrera roja del termómetro de los cincuenta. Asunto que también influía en mis estados anímicos. No obstante, había días que, mientras caminaba por la orilla sorteando las olas espumosas, conseguía sentirme el mismo muchacho rebosante de salud del pasado. Entonces me ponía a trotar pletórico de vida, para luego tenderme en la arena y dejándome acariciar como una lagartija por los cálidos rayos del sol. Creo que la soledad y el enorme espacio disponible para mí en aquel lugar, contribuía en mi rejuvenecimiento. Sentía que necesitaba de la soledad, lo mismo que del aire, para recobrar la entereza y el vigor anímico que me faltaba. Aunque veces recostado en la arena, venían a mi mente agolpadas y confusas imágenes de mi vida, y sentía el cuchillo de la angustia clavándome el estómago. Veía a mis acreedores apuntándome, y a mi ex-mujer echándome a patadas de la casa, acusándome de infidelidad y otras miserias de la vida diaria.&lt;br /&gt;Fue una de esas tardes cuando advertí por primera vez la presencia del extraño. Sentí el peso de la mirada implacable de un hombre acechándome desde una de las ventanas de la cabaña. Cierto es que en un primer momento me sobresalté de la impresión. Bien podía ser visión o realidad. Quise levantarme para volver a mirar hacia el lugar donde creía haberlo visto, pero después me relajé y asocié el asunto a la mezcolanza de lecturas que en ese momento estaba haciendo otra vez en mi cabeza como en mis tiempos de adolescente. Recuerdo que entonces solía encarnar con tal vehemencia algunos de los personajes que aparecían en mis lecturas, que después, cuando debía volver a la realidad, el porrazo resultaba demasiado brutal y, por cierto, me sentía absolutamente decepcionado de mi pedazo de existencia. Por eso no me gustaba el cine. El contraste terminaba siendo todavía más deprimente.&lt;br /&gt;Cuando horas más tarde estuve de regreso en la cabaña me reí íntimamente de esa estúpida suposición. Por cierto, no había nadie. Ningún acreedor con pistola en mano esperándome, ni mi ex-mujer con los pelos crispados echándome la culpa de la quiebra del negocio. Todo estaba exactamente en su sitio respectivo. El acostumbrado desorden diario. La cama sin hacer, los platos sucios en el lavaplatos, la mesa saturada de loza, el cenicero al tope de colillas reventadas como gusanos, los calcetines tirados en el sofá, el pijama colgando de otro... En suma, llegué a la conclusión que sería mejor olvidar el asunto, creyendo que se había tratado de una alucinación patológica momentánea.&lt;br /&gt;Sin embargo, al día siguiente, mientras revolvía los huevos y el jamón en la sartén, volví a sentir la presencia inequívoca del extraño. Salí disparado en busca del revólver y recorrí el perímetro completo de la cabaña por fuera, sin conseguir ver ni descubrir a nadie. O al menos algo que pudiera darme una pista de lo que pasaba. Nada. Las cabañas contiguas a la mía, estaban desocupadas desde la reciente temporada de vacaciones. Nadie las arrienda en esta fecha, me había confirmado el cuidador el mismo día que llegué. Así, no tuve más que tomarme el desayuno en un clima de creciente incertidumbre. Aunque igual me devoré los huevos y el pan amasado.&lt;br /&gt;Debo estar viendo visiones, pensé cuando terminé con la paila de huevos. O el clásico: me estoy volviendo loco, argüí entre dientes. Igual la situación comenzó a inquietarme. A nadie le gusta sentirse loco, y menos aún de vacaciones. La cuestión es que traté de ignorar el asunto pensando en otras cosas, y en parte lo conseguí. Esa tarde no me moví de la cabaña y estuve casi todo el día durmiendo a pata suelta desnudo sobre la cama. Salvo dos o tres veces que me levanté a jugar un par de solitarios y a tomarme un trago para aplacar la sed que me asaltaba. La cabaña recibía de frente el pesado sol de la tarde. Entraba colado a mi habitación con el fuego amarillo de sus rayos.&lt;br /&gt;Al día siguiente me fui caminando por la orilla del mar con la intención de almorzar en Tumén, y mientras caminaba hacia esa dirección, al mirar en algún momento hacia atrás, advertí, ya sin duda alguna, que a unos cien pasos venía un tipo siguiendo los míos. Volví entonces a mirar otra vez para asegurarme si se trataba de un ser real, y esta vez mis ojos capturaron algo que me pareció entre divertido y trágico: el tipo que venía tras mis huellas si no era completamente idéntico a mí, era yo mismo en persona. Pero no me amilané. Seguí caminando. Mejor dicho, caminando-corriendo, por cuanto al darme vuelta, aquel hombre continuaba avanzando sigiloso tras mis pisadas de animal asustado. Sentí en algún momento el deseo y la necesidad de correr a toda velocidad para zafarme de mi celador, pero opté racionalmente por continuar al mismo tranco sobre la arena húmeda y salpicada de sal. Procurando dejar bien marcadas mis huellas para compararlas al regreso con las suyas. Aunque me invadía un presentimiento que me decía que aunque volara, o desapareciera, aquel extraño sujeto haría también lo mismo hasta encontrarme.&lt;br /&gt;En cuanto estuve en Tumén, entre a la cocinería de Juanita y me instalé en la mesa pegada a la ventana con indisimulable extrañeza en el rostro y en los ademanes. Al extremo que la propia Juanita lo advirtió apenas me vio.&lt;br /&gt;-¿Le sucede algo, Ricardo? - recuerdo que me preguntó. Y como no cabía comentarle a ella el motivo de mi preocupación por parecerme estúpido, le respondí que me dolía un poco la cabeza. Entonces la vi hurgar amablemente en sus bolsillos, y extraer una aspirina. Instante que aproveché para acariciarle igual que otras tardes la mano. La tenía suave, aterciopelada y tibia, a pesar de su trabajo con los platos. Una mano que irradiaba algo entre sobrenatural y voluptuoso.&lt;br /&gt;-Es el calor -creo que fue lo que comentó. A lo que agregué un tímido seguramente, sin soltarle todavía la mano cuyo latido sentía al unísono con el mío. Después le pedí que me trajera un caldillo de congrio y un buen jarro de vino blanco. Cuando ella venía con el plato humeando sobre la bandeja, y mis pupilas vibraban con el movimiento de sus pechos, entró el mismo sujeto que había visto seguirme a lo largo de la playa.&lt;br /&gt;Tragué saliva de la pura impresión, pero esta vez lo miré detalladamente, a pesar de que hizo siempre lo posible por mantener la cabeza gacha para que nadie pudiera observarlo. Después de unos minutos, no tenía la menor duda. El extraño, a pesar de la barba, era ni más ni menos, mi más fiel retrato. Incluso en la frente estaba el lunar de nacimiento que me caracterizaba. Sin embargo, había algunos detalles que lo hacían diferente. Su mirada resultaba demasiado turbia y su voz denotaba una timidez que en principio me sorprendió sobremanera. Apenas se hacía perceptible el sonido de sus palabras. De hecho allí en la cocinería uno perfectamente podía oír de una mesa a otra el pedido que se le hacía a la mesera. No obstante, cuando habló, ni siquiera Juanita pudo oírle, porque tuvo que volver a preguntar qué que quería almorzar el señor.&lt;br /&gt;En más de algún momento, viendo allí tan apabullado y acoquinado a mi perseguidor, tuve toda la intención de acercarme a él para preguntarle, con mi pedazo de voz siempre firme y agresiva, qué demonios se proponía. Pero después desistí de tal idea por considerarla improcedente. Llegué también al convencimiento que a aquel mequetrefe me lo podía sacar del camino de un sólo puñetazo. Aquel verano había estado haciendo algunos ejercicios y me sentía, por cierto, como el mismo Don Quijote, todavía orgulloso de mi fuerte brazo. Y bueno, también contaba con el revólver calibre 45 para meterle un par de tiros en el cuerpo.&lt;br /&gt;Después de almorzar volví caminando a la cabaña, y no me di vuelta en todo el trayecto a mirar hacia atrás. Aunque intuía que aquel extraño sujeto me seguiría de todos modos. Pero al parecer no fue así. Mientras caminaba intenté identificar sus huellas entre las que iban en dirección a Tumén, pero no lo conseguí. Se las había llevado, como a las mías, la lengua hambrienta del mar, o las alas abiertas del viento. No quedaban rastros del extraño.&lt;br /&gt;Cuando por fin estuve de regreso, pude cerciorarme que nadie venía tras mis pasos. De hecho, me paré en la terraza para tomar una amplia panorámica a mi alrededor con los prismáticos. Al fondo estaba el mar, abierto de para en par, inmutable a los acontecimientos, bufando igual que un animal enjaulado. Alegando, de seguro, alegando y reclamando libertad. Más acá, la playa, semejante a un desierto por lo árida y solitaria. No vi una sola alma viviente en todo el contorno esa tarde. El tipo aquel, si en verdad existía, se había quedado en Tumén. De todos modos, aseguré bien la puerta y las ventanas, y recién después me acomodé tranquilo en el sillón para dormir mi siesta, no sin antes, por cierto, beber un par de copas de ese vino de Macal que estaba casi para mascarlo.&lt;br /&gt;Cuando desperté, el tipo de barba estaba sentado frente a mí. El sol había descendido bastante más que unos cuantos grados de su órbita y se hallaba casi a punto de caer rendido en el regazo cristalino y movedizo del mar. Mi primera reacción fue irme con mis puños sobre él. Sin embargo, una fuerza sobrenatural me retuvo con firmeza en el sillón. El hombre aquel se veía cansado, triste, ojeroso. Infundía más lástima que temor.&lt;br /&gt;-¿Quién demonios eres tú? -fue lo primero que se me vino a la mente preguntarle después de unos segundos.&lt;br /&gt;-¿Acaso ya no me reconoces? -contestó el intruso con toda la maldita tranquilidad del mundo, acomodándose mejor en una silla con aire distraído, y acariciándose los pelos de la barba con la mano derecha.&lt;br /&gt;-¿Y por qué habría de reconocerte? -Creo haberle contestado de muy mal humor.&lt;br /&gt;-Pero me conoces, y muy bien -insistió el intruso, al mismo tiempo que comenzaba a producirse una singular metamorfosis en sus gestos y ademanes. Poco a poco el tipo parecía ir recobrando las fuerzas, la energía, el vigor. Sus ojos ya no estaban apagados, sino luminosos como los de un maldito búho atrapado en la oscuridad.&lt;br /&gt;-Soy bastante buen fisonomista, jamás olvido un rostro, menos aún si es feo -le aseguré, buscando la confrontación.&lt;br /&gt;-Sin embargo, no eres capaz de reconocer el tuyo propio -dijo el hombre ahora con ironía y sarcasmo pintado en su rostro de comediante.&lt;br /&gt;-¿Qué pretendes decir con eso? -pregunté todavía más tenso y asombrado. Mirándolo con las pupilas afiladas por el cuchillo de la incertidumbre.&lt;br /&gt;-Es simple, muy simple. El hombre que estas viendo eres tú. Tan simple como eso.&lt;br /&gt;Me reí, no sé si de rabia o miedo. Después entiendo que me paré y fui hasta la mesa a servirme otro largo trago. También creo que me toqué, miré otra vez hacia el mar, para cerciorarme de que aquello no fuera más que producto de mi imaginación desatada por el alcohol. Nada. Todo estaba igual. Al fondo el mar, luego la playa, más acá la cabaña y aquel extraño mirándome con sus ojos de búho. Poco le faltaba al desgraciado para estar pierna arriba en el sillón apuntándome con el dedo. Cuando lo volví a mirar, me dijo otra vez tranquilamente:&lt;br /&gt;-Yo soy tú. ¿Qué te parece? Este desgraciado que está sentado aquí eres tú, si así lo prefieres.&lt;br /&gt;-Demuéstralo -le grité con una rabia pronta a desbordarse en un puño engrifado.&lt;br /&gt;-No hace falta. En el fondo de tu conciencia sabes perfectamente que es cierto. Demasiado cierto. Sabes que no eres más que un payaso, un mentiroso, en definitiva. ¿Acaso te imaginabas que en esta playa solitaria te podrías esconder de ti mismo, pedazo de burro? ¿Acaso todavía no comprendes que a donde quieras que vayas tienes que arrastrar contigo, con tu miseria, con tu ignominia, con tu falsa manera de ser, con este rostro que es sólo en apariencia el de un hombre humilde. Pero detrás de él está tu perdición, tu pecado, tu amargura, tu maldita frustración? ¿Acaso no has comprendido aún que detrás de la timidez no hay más que rebeldía, orgullo, soberbia, envidia, rencor, resentimiento contenido hacia el mundo y todo lo que te rodea? La timidez no es más que la máscara de la maldita cobardía. Estoy aquí ahora nada más que para eso, para que te veas de una vez tal y como eres: un hipócrita. Porque un hombre que no muestra las garras y los dientes al mundo, no es más que un maldito cobarde. Porque quien no pelea a muerte con la vida no es más que un miserable bicho rastrero. Y mira lo que has hecho durante estos años, no has hecho otra cosa que huir, escapar como una zorra de los jinetes y los lebreles. Huir, escapar, igual que una gallina asustadiza hacia cualquier parte con tal de salvar tu sucio pellejo. ¿De qué te ha servido leer las estupideces que has leído, si todavía no puedes transformarte en un hombre, un verdadero hombre que no vacila frente a su destino, sea este feliz o desgraciado?&lt;br /&gt;Permanecí en silencio largo rato, pero larguísimo rato. Desconcertado, aturdido, sin hallar qué pensar, ni tampoco qué decir, ni hacer. Cierto es que las lecturas me habían llevado siempre muy lejos, pero esta vez la cosa rayaba francamente en la paranoia. Seguramente era el efecto del alcohol, diría más de algún perito más tarde.&lt;br /&gt;Cerré los ojos. Los volví a abrir. Y todavía seguía frente a mí aquel sujeto desagradable, escrutándome con la mirada como si fuera un juez y yo el acusado de un delito que todavía no alcanzaba a comprender. Después supuse que estaba riéndose burlonamente de mi rostro, de mi vida, de mi ser, de mis sueños, de mi imaginación incluso. De todo parecía reírse malévolamente el desgraciado, como si se tratara del mismo demonio encarnado en ese cuerpo que aseguraba ser el mío.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando tuve deseos de matarlo, de acabar de una sola vez con él, y sentí la seguridad de poder hacerlo, movido por el desconcierto y el odio, un odio feroz que manaba de lo más profundo de mis entrañas. Lo agarré por el pescuezo sin más trámite, igual como se agarra a una gallina, y lo estrangulé allí mismo en el sillón, mirándolo bien al fondo de los ojos para que no olvidara el odio sobrenatural que enloquecía los míos. Después, creo que cavé lentamente un agujero en la arena y lo enterré como a un animal podrido.&lt;br /&gt;Al día siguiente, desperté sobresaltado. Lo primero que hice fue salir en pijama y con pantuflas a mirar la tumba. Por suerte se hallaba bien disimulada bajo la arena blanda y gris de la playa. Eso me tranquilizó. Entré a prepararme el desayuno y después, recuerdo que continué con mi rutina diaria, mucho más relajado todavía que los días anteriores. Al extremo que cuando se agotó la reserva de vino, salí a comprar al pueblo en auto.&lt;br /&gt;Después, sucedió lo que todo el mundo ya sabe por la prensa. Pero no fue la policía quien descubrió el cadáver, como han dicho, sino Juanita, cuando la noche siguiente llegó a la cabaña a visitarme como de costumbre, y no me encontró por parte alguna.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-695030388347187490?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/695030388347187490/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=695030388347187490&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/695030388347187490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/695030388347187490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/01/muerte-en-la-playa.html' title='CUENTO: Muerte en la playa'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkh59R0yI/AAAAAAAAAAk/DKtK1qbCHiU/s72-c/playa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-116899987613457894</id><published>2007-01-16T23:08:00.000-03:00</published><updated>2007-05-14T18:50:20.972-04:00</updated><title type='text'>CUENTO: La Señorita Elisa</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXjfRw06OI/AAAAAAAAABY/50MIIwTQojI/s1600-h/mistral.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5045689084022155490" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXjfRw06OI/AAAAAAAAABY/50MIIwTQojI/s200/mistral.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/Ra5lM59R0wI/AAAAAAAAAAM/L7vKEjYEV7U/s1600-h/mistral.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;A la señorita Elisa le gustaba conversar con Gabriela Mistral en la plaza, por ese motivo algunas personas al sorprenderla en esa situación la tildaban de lunática. Los niños no podían evitar reírse cuando la oían hablando con la inmutable efigie de piedra. Los ancianos en cambio, sentados en los escaños en los días soleados ojeando el diario, guardaban respetuoso silencio frente a tales circunstancias. Después, cuando terminaba su soliloquio, la saludaban con cordialidad, y ella correspondía el saludo con una venia, una venia característica, moviendo varias veces consecutivas su cabeza blanca, mientras en su rostro de tez clara, casi transparente, se encendía una singular sonrisa de benevolencia. Luego solía hacer algún comentario relativo al tiempo y al estado del aseo de la plaza. Se preocupaba de su limpieza, y reprendía con severidad a cualquiera que sorprendiera botando alguna basurilla fuera del basurero existente. Su espíritu cívico parecía propio al de los descendientes de emigrantes de la Europa oriental. Ella lo era, por cierto. Aunque nadie podía precisar con exactitud de donde procedía exactamente su prosapia.&lt;br /&gt;Nadie en San Clemente osaba preguntarle acerca de sus diálogos con la poetisa. En sus alusiones en público, con motivo de alguna celebración patriótica, no se cansaba de enfatizar su gran admiración por la ilustre Premio Nóbel de literatura, y el respeto que le debía el pueblo de Chile a su obra y a su imagen. Además, y resultaba un tanto majadera en eso, insistía en el cuidado y la mantención del monolito, porque los desvelos para conseguirlo no habían sido pocos. Contaba entonces que durante años anduvo golpeando las puertas del Intendente de Talca para que lo regalara a la localidad de San Clemente. Y que solo por una casualidad el sueño llegó a materializarse. Según ella misma explicaba, la máxima autoridad zonal mandó un día a esculpir una escultura de la poetisa para la ciudad de Talca a un renombrado artista de Las Vertientes especialista en mármol, y el mismo día en que fueron a retirarla los funcionarios del municipio, al momento de subirla al camión, se les resbaló al suelo, partiéndose en consecuencia la figura de la Mistral en dos partes. El artista no quiso responder por el descuido de los funcionarios municipales, y el Intendente, como una forma de salvar algo de lo perdido, lo instó entonces a transformar los restos en dos bustos de la poetisa. Así, uno quedó en Talca, y el otro fue cedido a San Clemente gracias a la directa intervención de la señorita Elisa.&lt;br /&gt;En su calidad de Presidenta de la Cruz Roja, disponía de bastante autoridad, y la ejercía de vez en cuando para llamarle la atención a los niños cuando los sorprendía tratando de subirse, o bien estando ya encaramados en la base de la estatua, desde donde les gustaba saltar, como desde un trampolín, hacia el césped más verde de la plaza, o en dirección a las matas de acantos junto a los escaños. Aunque a los niños les bastaba verla asomar por una de las bocacalles para mejorar su conducta. Imponía respeto por presencia, ya por su figura y manera singular de mirar, su cabello cano y reluciente la distinguía de las demás mujeres de su edad, cuyas cabelleras -si bien canas también- no tenían el brillo y la luminosidad del blondo cabello de la señorita Elisa, lavado con agua de quillay, porque jamás usaba champú de la botica. Cuidaba de su cabello y de su salud, lo mismo que de la estatua de doña Gabriela. Algunos comentaban que ambas mujeres se parecían, pero en honor a la verdad, el rostro de la señorita Elisa resultaba bastante más dulce. Sus ojillos azules, en cambio, siempre despiertos, denotaban sentimientos altruistas, lo mismo que los de la gran poetisa chilena.&lt;br /&gt;Llevaba una vida frugal y sana. Se levantaba al canto de los primeros gallos para darse un baño de tina, y luego volver a la cama envuelta en una sábana blanca, no sin antes haber pasado por la cocina en busca de su desayuno, consistente en una taza de leche tibia y galletas de soda untadas en miel pura de abeja. Volvía a levantarse a las nueve, nunca antes, tampoco después. A esa hora salía a la calle en dirección a la Cruz Roja, vistiendo regularmente un traje dos piezas de color claro en verano y oscuro en invierno, acompañado de una cartera de cuero que colgaba de su hombro izquierdo. A muchas damas les llamaba la atención el detalle de la cartera, que aunque de cuero fino, nunca hacía juego con sus trajes de tela. Se trataba de una cartera negra, con una cerradura de bronce que crujía al momento de abrirla y de cerrarla. Su tamaño excedía el tipo regular de las carteras para damas, o bien la señorita Elisa resultaba una persona demasiado menuda para el tamaño de ésta. Así recorría las tres cuadras distantes entre su casa y la Cruz Roja, haciendo crujir los tacos de suela de sus zapatos sobre el duro pavimento, a un ritmo acompasado, lento, pero regular, propio de las mujeres de cierta edad. Algunos afirmaban que pasaba fácil la barrera de los setenta y cinco años. Pero nadie podía certificarlo. Las veces que alguien intentó preguntarle la edad, siempre supo dar a entender, de manera cordial, por cierto, que a las damas no correspondía hacerles esa clase de preguntas.&lt;br /&gt;A la hora de almuerzo comía hortalizas frescas o cocidas y abundante fruta de la temporada. Eso constituía la base de su frugal alimentación. Jamás probaba la carne, tampoco el pollo ni el pescado. Las verduras las preparaba en la Cruz roja, puesto que no regresaba a casa a esa hora del día. Después de almorzar, se tendía un rato largo en una de las camillas del consultorio, y dormía allí una siesta plácida. Aunque al menor ruido solía despertarse. Y las tardes en que no llegaba nadie al consultorio y el silencio reinaba, su siesta se prolongaba hasta la hora del ocaso.&lt;br /&gt;En San Clemente no existía hospital, el consultorio de la Cruz Roja atendía las necesidades de salud de sus habitantes. También estaba a su cargo el reparto de la leche entregada por el gobierno para los niños. Ocasión en que la señorita Elisa, provista de sus lentes de armazón metálico encasquetados sobre su menuda nariz, iba tiqueando una por una a las personas al momento de retirarla, no sin dejar de mirar con benevolencia y su característica sonrisa a esas madres que aunque jóvenes de edad, a veces le parecían mujeres ancianas, desgastadas por las agotadoras labores del campo y por su prematura maternidad. De vez en cuando solía hablarles a ellas de Gabriela Mistral, de sus luchas por la liberación de la mujer en América. También en algunas ocasiones repartía poemas de la poetisa, copiados con una letra de caligrafía impecable.&lt;br /&gt;La especialista en inyecciones era la señorita Elisa, y aplicaba tanto las intramusculares como las endovenosas. Cuando algún paciente por el grado de su enfermedad sobrepasada los conocimientos de las enfermeras, la señorita Elisa lo remitía al hospital de Talca mediante un certificado firmado por su puño y letra. Nadie dudada de sus conocimientos de enfermería, y algunas mujeres le pedían consejo también para sus asuntos más íntimos, ya que sus hijos llegaban al mundo con la sola ayuda de la partera, sin pasar por el hospital. Aunque la señorita Elisa les recomendaba mucho hacerlo, por la salud del niño, pero también por la de la madre.&lt;br /&gt;La tarde en que sufrió el accidente vascular, había recorrido casi la totalidad de su rutina diaria. Se había dado su baño de tina, lavado el pelo con agua de quillay, tomado el desayuno correspondiente, caminado las tres cuadras hasta el consultorio por la calle Alejandro Cruz, con su habitual parada en la plaza a saludar a Gabriela, su "amada amiga" como expresaba toda vez que se refería a ella en público.&lt;br /&gt;Se encontraba tomándole la presión a una mujer embarazada del fundo Mariposas cuando le sobrevino el ataque, manifestado en un dolor de cabeza tan intenso que, luego de tomarse dos comprimidos de Cafiaspirina, la llevó a tenderse en una de las camillas. Después se sacó los lentes y los depositó sobre la mesilla metálica de color blanco, esa tipo velador que servía allí para poner los utensilios médicos junto a la camilla. Los lentes los había comprado en Santiago, y resultaban unos anteojos muy vistosos para ese entonces.&lt;br /&gt;Dicen que después cerró los ojos, y ya no los volvió a abrir otra vez. Cuando Mariana y Adelaida golpearon el vidrio de la puerta, al esperar por unos segundos respuesta y no recibirla, entraron sigilosamente a la habitación. La señorita Elisa parecía dormida sobre la camilla, dijeron ambas, pero estaba muerta. Su pelo blanco, sin embargo, relucía igual al pelo fresco y voluminoso de una muchacha. El rictus de su boca dibujaba una sonrisa, la misma sonrisa translúcida que destacaba como una característica singular de su persona.&lt;br /&gt;La noticia la esparció por el pueblo y sus alrededores el viento, el viento que solía levantarse por la tarde en San Clemente. Un viento tibio, precordillerano. Un viento cargado de voces conformando un rumor extraño, cargado a veces de señales incomprensibles, de murmullos provenientes de los fundos y haciendas colindantes.&lt;br /&gt;Nadie se atrevía en el pueblo a tomar la iniciativa de los funerales. Ni siquiera el teniente de policía estaba decidido a llevar a cabo las diligencias correspondientes. No se le conocían familiares a la difunta. Se confirmó que había llegado treinta años atrás a vivir a San Clemente, pero no se sabía tampoco su exacta procedencia. De manera que no existía un alma posible para decidir qué hacer con su cuerpo y menos con sus pertenencias materiales. Anita Collados, quien hacía aseo y lavados en su casa tres o cuatro veces por semana, parecía en ese momento la persona más cercana a su persona. Y a ella misma citó Fernando Rodríguez a su despacho, con el fin de averiguar si sabía de la existencia de algún documento que acreditara su origen. Al no poder avanzar en su investigación, le dio finalmente el encargo de vestirla para el viaje. Después, el teniente tuvo que tomar algunas precauciones para entrar a la casa de la señorita Elisa en busca de sus documentos personales, puesto que en su cartera de mano sólo encontró una botella de colonia Inglesa, un espejito y polvos para la cara, además de un frasco de Cafiaspirina, pero ningún documento que acreditara su identidad. Después, mandó al sargento Primero a hacer un catastro de sus bienes y a clausurar las puertas con candados, antes que alguien pudiera aprovecharse de la situación saltando las tapias comunicantes con los patios interiores de las casas de la calle Alejandro Cruz. Aunque sus bienes desaparecieron de igual modo, uno por uno, según cuentan. Su amiga Adelaida, después de haber pasado el primer impacto por la muerta repentina de su amiga, aclaró ya muy tarde que la difunta quería que al momento de su fallecimiento sus bienes pasaran íntegros a las manos del Hogar de Menores.&lt;br /&gt;La urna la compró el padre Aldo con dineros de la iglesia, después que el teniente le confirmara que le sería devuelto con posterioridad. La velaron en la Sacristía. Y todo el pueblo acudió a su sepelio. Mas tarde, el carro de pompas fúnebres salió cargando la urna tapizado de flores de distintos colores. El ruido del traqueteo de las pisadas de los caballos sobre el duro pavimento de la calle, se transformó en la música fúnebre que acompañó esa tarde al cortejo. Una vez en el cementerio, la urna fue llevada al crematorio, siguiendo el deseo expreso de la difunta. Sus cenizas fueron esparcidas en la plaza, a los pies de la estatua de Gabriela Mistral.&lt;br /&gt;Tiempo después, se presentaron en San Clemente dos hombres acreditando mediante Libreta de Matrimonio en mano, ser hijos legítimos del matrimonio Pérez - Muller, contraído en el Registro Civil de La Serena en el año 1904. Venían, según se supo a las pocas horas, a reclamar la herencia de su madre.&lt;br /&gt;No quedaba, por cierto, de sus bienes más que una casa vacía, los libros de Gabriela Mistral y posiblemente el tiesto donde acostumbraba a remojar el quillay para el cuidado de su cabello. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;Miguel de Loyola&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-116899987613457894?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/116899987613457894/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=116899987613457894&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/116899987613457894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/116899987613457894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/01/la-seorita-elisa.html' title='CUENTO: La Señorita Elisa'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXjfRw06OI/AAAAAAAAABY/50MIIwTQojI/s72-c/mistral.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112526187066162690</id><published>2005-08-28T13:41:00.000-04:00</published><updated>2007-03-12T23:56:34.419-04:00</updated><title type='text'>Novela: Despedida de Soltero</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/598/1466/1600/956736996-8.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/598/1466/320/956736996-8.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;"La Invitación, la víspera y la despedida son las tres partes de esta novela humana y despiadada que cautiva con la comedia y el horror cotidiano.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los demonios y obsesiones de Miguel de Loyola -el deterioro, lo grotesco, la angustia famélica, el tiempo- son los fantasmas de toda la humanidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tua res agitur. Esta novela trata de ti y de los que te rodean. ¿Prepárate!".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Jaime Hagel Echeñique&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112526187066162690?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112526187066162690/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112526187066162690&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112526187066162690'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112526187066162690'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/despedida-de-soltero.html' title='Novela: Despedida de Soltero'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112524794953378354</id><published>2005-08-28T12:47:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:55:26.072-04:00</updated><title type='text'>El guardían entre el centeno, de J.D. Salinger</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXkBBw06PI/AAAAAAAAABg/3J3DKdxtbH0/s1600-h/guardian.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5045689663842740466" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXkBBw06PI/AAAAAAAAABg/3J3DKdxtbH0/s200/guardian.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt; Miguel de Loyola&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un estilo desenfadado, que apela en forma directa a un tú correspondiente al lector, Salinger nos introduce en la problemática del adolescente de todos los tiempos, el que busca explicación y el sentido de su vida, una vez traspasado ese umbral seguro de la infancia.&lt;br /&gt;El personaje, narrador protagonista, después de aclararle al lector algunas cosas que le parecen importante, recorre un largo periplo desde Pency hasta su casa en Nueva York en busca de respuestas a su problemática. Respuestas que no encuentra en el camino. Por el contrario, el anecdotario revela que cada acontecimiento vivido, lo va hundiendo más en el estado depresivo que viene devastando su vida estudiantil. Salvo, el recuerdo y el encuentro con su hermana menor Phoebe, a quien Holden ama y admira más que a ninguna otra persona en el mundo. A Holden lo han expulsado de distintos colegios por motivos de rendimiento, y ese viaje de retorno a su casa otra vez con malas noticias, lo dilatará todo lo posible.&lt;br /&gt;Este hecho singular, induce a pensar en la posible tesis planteada por Salinger en la novela respecto del quiebre emocional que significa pasar de un estado de conciencia a otro. Junto al descubrimiento de la realidad del yo, hecho que se produce en plena adolescencia, sobreviene el quiebre existencial que a muchos jóvenes y a otros no tan jóvenes, los conduce al rechazo de la realidad, llevándolos por el mundo angustiados y sin rumbo. Holden siente cercanía con Phoebe porque ella no ha perdido la inocencia del niño, no ha entrado todavía al mundo infinito del yo, por donde vaga sin sentido el protagonista. Y busca aferrarse a ella, porque a su edad los paradigmas están todavía firmes.&lt;br /&gt;La novela, desde luego, ofrece diversas lecturas. Pero en lo fundamental acota el mundo adolescente, y de ahí su cercanía con el lector joven que se descubre a sí mismo en un Holden desorientado y sorprendido como él mismo.&lt;br /&gt;El guardan entre el centeno guarda sino mucha, alguna relación con la novela En el camino, de Jack Kerowac. Existe cierta similitud en el estilo narrativo, ambas en primera persona y con protagonistas jóvenes y desenfadados que le hablan al lector como si se tratara de algún amigo a quien le están contando sus peripecias. En ambas novelas los protagonistas viajan. Aunque en el caso de Kerouac, el viaje del adolescente es todavía más errático y no lo conduce a ninguna parte. En el guardián... Holden termina en una clínica siquiátrica.&lt;br /&gt;En una de las conversaciones de Holden con el profesor Antolini, a quien considera el mejor profesor que ha tenido, pero del cual terminará desilusionándose también después de pasar la noche en su casa. Este, a propósito de la conversación que sostienen ambos, cita al psicoanalista Wilhelm Stekel a modo de iluminar el futuro de la vida de Holden, y le dice "lo que distingue al hombre insensato del sensato, es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundó aspira a vivir humildemente por ella". Sabemos que Holden es la oveja negra de la familia. Su hermano mayor es una lumbrera que ya ha llegado a Hollywood escribiendo historias y guiones de cine. Phoebe a su edad también lo parece. Allie, hermano muerto, también vive en la conciencia de la familia como un héroe. En cambio él se siente un bueno para nada, a pesar de ser un alumno destacado a la hora de escribir composiciones. Pero no son precisamente los hechos concretos los que atormentan Holden, sino la propia angustia existencial de saberse vivo y enfrentado al futu&lt;/span&gt;ro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112524794953378354?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112524794953378354/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112524794953378354&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524794953378354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524794953378354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/el-guardan-entre-el-centeno-de-jd.html' title='&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El guardían entre el centeno&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, de J.D. Salinger'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXkBBw06PI/AAAAAAAAABg/3J3DKdxtbH0/s72-c/guardian.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112524764648453157</id><published>2005-08-28T12:42:00.000-04:00</published><updated>2007-03-12T23:55:27.719-04:00</updated><title type='text'>La despedida, cuento de Miguel de Loyola</title><content type='html'>Mañungo esperaba impaciente en la garita que llegara de una buena vez el camión, Estaba arrimado a una mesa, con la chupalla inclinada sobre la frente, Dos cañas de vino pipeño se había metido en el cuerpo esperando el momento de partir.&lt;br /&gt;Hacía frío esa madrugada del domingo, Sin embargo, su nuevo acompañante aguardaba a fuera, a la intemperie, fumando, sentado sobre una de las gradas de piedra laja que subían hasta la casa.&lt;br /&gt;Nadie estaba enterado que esa noche se irían, Don Raimundo, a esa hora dormía en su camastro a pierna suelta, sin sospechar que su hijo se largaba, dejándolo con el peso de la vejez encima, El hombre estaba viejo, cansado, Tenía los huesos astillados de tanto trajinar por los cerros, arrastrando pinos con la yunta de bueyes, Y vuelta otra vez en busca de otro y otro y otro árbol muerto, Rebanado por la dentadura mortal de la motosierra que los convertía en troncos estériles, Tumbados en el suelo, esperando la cuadrilla de jóvenes que los despojaba de sus ramas, antes que a él, le tocara el turno de remolcarlos hasta el aserradero.&lt;br /&gt;Mañungo esperaba oír el zumbido del motor del camión para ponerse de pie, Sabía que desde allí lo oiría apenas doblara la primera curva de la cuesta que miraba hacia el valle, donde a esa hora dormían las casas del pueblo, alineadas al borde del camino, blanqueadas con cal y abrigadas con sombreros de greda.&lt;br /&gt;Hacía mucho tiempo que los hermanos planeaban largarse de allí, Aunque a Toño le había costado al principio convencerlo, Después, siempre fue el más decidido de los dos, Su hermano le había cargado la cabeza con la pólvora de los sueños, La que algunas veces estallaba en fuegos de artificio, imaginando un mundo más justo al suyo, donde podría ganarse lo suficiente para vivir, sin esa angustia que lamía allí sus vísceras, porque alcanzaría para comer cuando se tiene hambre, para vestirse, También para ahorrar unos pesos, y así comprar un terrenito propio, donde parar una casa algún día, aunque fuera de puros lampazos.&lt;br /&gt;Toño, en innumerables ocasiones le había explicado que allá las cosas serían muy distintas, que se podría ganar buena plata hasta de cargador en el Mercado, de empaquetador en alguna tienda, de chofer, de albañil, de operario, Incluso que juntos podrían hacerle una buena pensión al viejo, Porque allá -insistía- no ganarían lo mismo que en el aserradero de Eleodoro Díaz. No, claro que no, Allá ganarían un dinero justo, Podrían optar al Seguro Social, y jubilarse cuando viejos, Sin tener que morir machacándose los huesos como su padre, quien todavía no tenía donde caerse muerto, si no salía a trabajar con los bueyes.&lt;br /&gt;Cuando el zumbido del camión llegó a sus oídos, Manuel se puso de pie, agarró su morral, y bajó al camino, Juan apagó el cigarrillo reventándolo con la suela del zapato, igual que a un bicho, El camión venía enganchado, quejándose como un animal mortalmente herido, Sus luces rebotaban en el bosque que corría al costado del sendero, produciendo un fulgor amarillo que alumbraba hacia el valle, las viejas casas de adobe, los ranchos destartalados, y algunos perales retorcidos por la fuerza del viento y de los años.&lt;br /&gt;Los dos muchachos se miraron sin decir palabra cuando el camión se detuvo frente a la garita, Se encaramaron con la agilidad de dos gatos de monte sobre la carga, hasta dar con el pequeño espacio rectangular, que Gilberto les dejara abierto entre los cuartones, Allí viajarían de polizontes, sin que nadie del aserradero pudiera descubrirlos.&lt;br /&gt;Luego, el camión comenzó a rodar otra vez sobre el camino de arcilla, levantando el polvillo suelto, mientras la luna salía a alumbrar los campos con su linterna blanquecina. Juan y Mañungo, con los ojos cerrados, sin articular palabra, y con la respiración contenida, por las vueltas que daba el vehículo sabían perfectamente los lugares que iban cruzando, reconocían cada montículo, cada acequia, cada puente que pisaban los neumáticos del camión removiendo las tablas sueltas.&lt;br /&gt;Así, atrás fueron quedando Las Tato, La Cordillera, El Agua del Chipe, Una lágrima rodó por la mejilla de Mañungo cuando pasaron Las Piedrecitas, Todo ese mundo que conocía lo mismo que la palma de su mano, quedaría atrás, hundido en la noche, perdido en el tiempo, porque estaba seguro que su viaje sería sin retorno.&lt;br /&gt;Al pasar junto al viejo cementerio, poblado de tumbas fantasmales bajo el resplandor del astro nocturno, ambos jóvenes se persignaron al unísono, Ya no volverían tampoco a estar entre esas desoladas sepulturas, Allí donde sus seres queridos dormían el sueño eterno.&lt;br /&gt;Mañungo, al principio se resistía a creer las maravillas que contaba su hermano de la ciudad, pero con el tiempo, la idea fue ganando terreno en su mente, hasta decidirse, Además, ahora tampoco podría quedarse en el bosque despuntando a golpe de hacha esos enormes pinos, Cada grito de ¡árbol a tierra! anunciado por el maestro Gabriel, le devolvería a la memoria el accidente, Y la espada de la angustia, Y el pavor, Y el horror, se clavaría en su estómago hasta la misma empuñadura, Entonces volvería a ver al asesino ladearse en dirección equivocada, y a verse a sí mismo desesperado, gritándole a su hermano que el gigante iba directo hacia la quebrada, hacia donde Toño había bajado en busca de agua para la cuadrilla, y a oír otra vez ese estruendo sobrenatural que produce el árbol, cuando su cuerpo moribundo se desploma y cae a tierra.&lt;br /&gt;Los martillazos de la culpa, restañaban en sus oídos, acusándolo de no haber gritado más fuerte, de no haber alcanzado a correr, de no haber estado en su lugar, de no haberse largado juntos, antes, como era su mayor sueño, el único sueño que a Toño lo desvelaba, que lo mantenía vivo en medio del infierno del aserradero, de la sierra criminal que silbaba mientras rebanaba los maderos...&lt;br /&gt;-¡Parece que el finado era harto sordo. Mire que no oír el aviso!&lt;br /&gt;Esas palabras del capataz durante el funeral, también le retumbaban, Tampoco quería volver a oírlas, ni ver ese rostro inmutable, cuando tuvo que implorarle dinero para la urna y el entierro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112524764648453157?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112524764648453157/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112524764648453157&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524764648453157'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524764648453157'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/la-despedida-cuento-de-miguel-de.html' title='&lt;strong&gt;&lt;em&gt;La despedida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, cuento de Miguel de Loyola'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112524684168517742</id><published>2005-08-28T12:25:00.000-04:00</published><updated>2007-03-12T23:54:42.583-04:00</updated><title type='text'>Crítica: ROBINSON CRUSOE, DE DANIEL DEFOE</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Robinson Crusoe&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Daniel Defoe&lt;br /&gt;---------------&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Por Miguel de Loyola&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Robinson Crusoe es una novela de aventura por excelencia, el periplo que recorre el protagonista junto al sin número de peripecias por las que tiene que pasar antes de su retorno a Inglaterra, constituyen las características propias del género con ese rótulo. Como sabemos, Robinson Crusoe, el protagonista narrador, movido por su espíritu aventurero -rasgo inherente a la juventud de todos los tiempos-, sale a los dieciocho años de su casa en York, para regresar treinta años más tarde, después de haber sobrevivido en una isla deshabitada durante veintiocho años, cuando sus padres ya han muerto y nadie puede reconocer su identidad.&lt;br /&gt;Este esquema de salida-viaje-retorno, que se repite en el género de aventuras desde los cuentos de Las mil y una noche, y, posiblemente aún de mucho más atrás en la línea del tiempo, Leonardo Defoe lo maneja magistralmente en su novela, creando la expectación suficiente para que lectores jóvenes y adultos alcancen la última página movidos por intriga de saber que pasará al final con el personaje (héroe), que ha cautivado su imaginación.&lt;br /&gt;Interesante resulta preguntarse que ha cambiado, o si ha cambiado en algo este esquema en la novela de aventura actual. Desde luego, hoy no se habla del género en los términos que se clasificaba ayer. Alguna escuela teórica (la estructuralista puede ser) sentenció que no existe la novela de aventura, ni la romántica, ni la fantástica, etc. Sino la novela en general. Aunque para el caso del lector, que es lo que realmente importa para mí aclarar, las diferencias, o los tipos de novelas, no pueden ser más evidentes. No es lo mismo una novela de aventuras que una romántica. El lector capta las diferencias, si ponemos por caso La dama de las camelias versus Robinson Crusoe, queda bastante clara. La una pone el énfasis, el interés en las relaciones amorosas, y la otra en la aventura propiamente tal. No obstante, ambas pertenecen al género novelesco. Lo que es obvio. Aunque los teóricos se devanen los sesos antes de llegar a esa conclusión.&lt;br /&gt;Juzgar, poner en la balanza cuál de estas categorías pesa más, quizá sea la cuestión principal para los teóricos. Asunto que al lector le importa poco, o quizá nada. El lector, los pocos que van quedando, quieren leer algo hasta el final. Y la novela de aventuras se presta fabulosamente para ello. El mismo Quijote es una novela de aventuras, al menos fue concebida por Cervantes de esa manera. Todo los demás apellidos y adjetivos se los ha otorgado las ciencias de la literatura. Pero en principio, y mirada dentro del esquema expuesto, presenta características semejantes. Un hombre que sale, recorre un largo periplo y regresa. En La Odisea, con Ulises, el protagonista, sucede otro tanto.&lt;br /&gt;Hoy día, en la novela actual, muchos autores están usando el mismo esquema. Paul Austern en El palacio de la luna, por poner un ejemplo, el personaje cuenta sus aventuras, por sobre sus conflictos de personalidad. Asuntos que cautivaron a la novela de décadas pasadas. El cubano Pedro Juan Gutierrez, en el llamado hiperrealismo sucio, hace otro tanto con sus personajes. El inglés, Hanif Kureishi, el francés Houellebecq, el español Javier Marías, en su novela, Isabel Allende no hace otra cosa que repetir la fórmula. Las novelas policiales, llamadas también trihller, manejan el esquema.&lt;br /&gt;Pero volvamos a Robinson Crusoe, asunto por el cual parte esta discusión. Las peripecias del personaje, van más allá de la cuestión anecdótica propia de la aventura, cuando el autor consigue traspasar el umbral de la ficción otorgando a su relato, lo que Henry James denomina muy bien, "impresión de vida", de historia, de realidad, a fin de cuentas. Es ahí cuando la novela de aventuras, cobra una dimensión que la llevará a sobrevivir en el tiempo. Robinson Crusoe, sabemos fue escrita en el 1700, El Quijote en el 1600, La Odisea varios siglos antes de Cristo, Las Mil y una noche, otros tantos antes, etc. Lo que significa que, lo que comenzó como una aventura, terminó transformándose a la postre en una novela de mayor espesor que cualquier otra que lo hizo con una intención "intelectual" mayor. El caso de Los miserables, de Víctor Hugo, también es una novela eminentemente de aventuras, cuyo personaje principal recorre un periplo semejante perseguido por el implacable policía. La Montaña Mágica, de Thomas Mann. Personajes que salen y retornan renovados. Confiriéndole así a la vida esa dimensión trascendente que genera el imaginario de cualquier lector, en el sentido de ser ésta una búsqueda y una constante superación.&lt;br /&gt;En suma, quiero llegar con en este ensayo a una tesis en defensa de la novela de aventuras, género que los teóricos, esos teóricos de lenguaje apenas inteligible, descalifican y rotulas como menor, desconcertando con ello al lector, al ubicar la novela de aventuras en una sitial inferior dentro de las categorías que ellos manejan. Aunque habría que precisar cuáles. Clasificación que al menos yo, no estoy en competencia literaria para hacer. La novela de aventuras, en los términos expuestos, sigue siendo una expresión del lenguaje y de la imaginación tan válida como otras.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112524684168517742?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112524684168517742/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112524684168517742&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524684168517742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524684168517742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/robinson-crusoe-de-daniel-defoe.html' title='Crítica: ROBINSON CRUSOE, DE DANIEL DEFOE'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112502888487049568</id><published>2005-08-25T23:58:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:59:12.556-04:00</updated><title type='text'>Crítica: "Mañana en la batalla piensa en mí", de Javier Marías.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Con una frase tomada otra vez de una obra de Shakespeare, de Ricardo III, Javier Marías da título a su novela ganadora del prestigioso Premio Rómulo Gallegos 1995.&lt;br /&gt;Los lectores de novelas conocemos el accionar narrativo de los escritores españoles del momento, sabemos de su voracidad por juntar centenares de páginas, no se sabe si con el fin de satisfacer obligaciones editoriales, o por necesidades intrínsecas del autor, cuando podrían decir lo mismo, y de manera más perfecta, con bastante menos kilometraje.&lt;br /&gt;En Mañana en la batalla piensa en mí, nos encontramos con un narrador en primera persona reflexionando acerca de todo, como una verdadera máquina de pensamientos disparados unos tras otro, en un destripar de la conciencia que podría ser infinito, sin terminar de acotar lo que en verdad realmente interesa. Es verdad que este artificio es bastante común en la literatura, pero a Javier Marías por momentos se le pasa la mano. Entre un núcleo narrativo y otro hay tanto relleno de por medio que el lector bien puede obviarlo al leer y no pasa nada. Por el contrario, la novela adquiere mayor interés y velocidad, transformándose así en un relato casi perfecto.&lt;br /&gt;Víctor, narrador y protagonista, acude a cenar a la casa de una mujer que apenas conoce, y mientras el affair va en vías de terminar en la correspondiente relación carnal, Marta se siente mal y -repentinamente- se muere semi desnuda en su propia cama. Víctor Francés, desconcertado, huirá del lugar sin saber qué hacer, dejando solos a la muerta y a su hijo de dos años que duerme inocentemente en su pieza. Marta es casada. Su marido ( Dean ) está en Londres en viaje de negocios. El cargo de conciencia que comienza a gestarse en el personaje a partir de ese momento, por haber dejado solo al niño y a Marta, lo conducirá más adelante a buscar la manera de llegar a los parientes de la muerta en busca de la liberación de su consciencia culposa. La que llegara de manera inesperada a través del propio Dean, marido de Marta, a quien le ha tocado vivir un periplo tanto o más impresionante que el suyo durante su breve estadía en Londres.&lt;br /&gt;La anécdota es perfecta. Un entramado racional que no admite réplica. La narrativa de Javier Marías en ese sentido resulta absolutamente convincente. Sabe afinar las cuerdas de la intriga para crear la tensión suficiente para sostener el relato. La vinculación de Víctor con el padre de Marta (Juan Téllez) es otro acierto de composición, aunque rebuscada, verosímil. Víctor es un escritor fantasma, capaz de escribir para otros sin que su nombre aparezca en ninguna parte. Por ese conducto llegará a relacionarse con el padre de la muerta y aún con Luisa, su hermana y con el propio Dean.&lt;br /&gt;Cuando hablo de relleno en la obra, me estoy refiriendo a las divagaciones en que caen los personajes, especialmente el propio narrador, mientras va camino a contarnos el paso siguiente de la anécdota. Es allí donde Marías discurre y discurre hasta agotar la resistencia lectora sobre cuestiones claramente artificiales, carentes de todo interés, aunque muy bien engarzadas, contadas con armonía de lenguaje, sin repetir ideas ni palabras, lo cual también es otro mérito. El manejo del idioma parece impecable, dotado del vocabulario suficiente y competente para comunicar la complejidad del cosmos que acota, pero un tanto inoficioso para la consistencia misma de lo importante, transformándose casi en un freno que exaspera.&lt;br /&gt;Ahora bien, resulta interesante tratar de acotar la personalidad del narrador protagonista, Víctor, por su semejanza con los narradores personajes que campean en la novela europea y norteamericana del momento. Se trata de un individuo con características físicas indefinidas, al cual malamente el lector puede imaginar a la manera de los personajes de la novela clásica. Sin embargo, su complejidad psicológica, puesta al descubierto al instalar al narrador en el centro de su conciencia, lo acerca a la propia intimidad del lector, quien reconoce una voz semejante en sí mismo, y por allí se consigue la impresión de verosimilitud, que de otra manera, tal vez no alcanzaría como personaje.&lt;br /&gt;Por otra parte, se podrían acotar algunas características de esta personalidad del narrador que también resultan común a la novela actual. Se trata de un sujeto con tendencia a la paranoia, boyerista, cínico, y por cierto, irónico. Capaz de decoficar o bien de desmontar una por una las capas de la realidad, urgando en ellas como un obseso. Cuando a Víctor le cuentan que han visto a su ex mujer Celia de ramera, la busca para cerciorarse si es cierto. Pero una vez que la encuentra, y la sube a su auto e incluso hace el amor con ella, no sabe si realmente es Celia o simplemente Victoria, como lo asegura ella. Lo cual resulta absolutamente inverosímil, por cierto, pero igual pasa como posible después, dada la descomposición que hace de sus pensamientos al respecto.&lt;br /&gt;En suma. Mañana en la batalla piensa en mí, es una obra que se ajusta a los cánones de la novela del momento, esbozando una realidad a partir de un yo en primera persona que se abre buscando su propio centro, concitando una intimidad con el lector que lo hace cómplice.&lt;br /&gt;En las novelas El desprecio y El Tedio, de Alberto Moravia, de cincuenta años atrás, vemos desplegado -aunque no a tales extremos- a este narrador conciencia personaje que hoy atraviesa por la novela actual llevándose aplausos y &lt;/span&gt;elogios.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112502888487049568?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112502888487049568/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112502888487049568&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112502888487049568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112502888487049568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/maana-en-la-batalla-piensa-en-m-de.html' title='Crítica: &quot;Mañana en la batalla piensa en mí&quot;, de Javier Marías.'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112485774970167049</id><published>2005-08-24T00:25:00.000-04:00</published><updated>2007-08-28T14:59:36.797-04:00</updated><title type='text'>Crítica: La guerra de Galio, Héctor Aguilar Camín</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;A diferencia de Morir en el golfo, donde Héctor Aguilar Camín amarra muy bien la historia sentimental como acicate para la cuestión de fondo que nos quiere contar, en La Guerra del Galio, la estrategia que resulta parecida, no funciona con el mismo acierto y los asuntos amorosos del protagonista Carlos García Vigil, variados y confusos, con distintas amantes, quedan siempre en un tercer plano, sin encender la mecha de la intriga en el lector relativa a esa historia. Sus relaciones amorosas con Mercedes Biedma, Oralia Ventura, Romelia y otras compañías de ocasión, pasan como simple anecdotario. Sin embargo, no por eso la novela deja de interesar. Se adentra de lleno en la materia que, al parecer, nos quiere informar el autor: la importancia de la Prensa para la Libertad. Obsesionado con este tema como cuestión de fondo, me atrevería a señalar que la tesis de esta novela, al igual que la en otra mencionada, ambas obras del mismo autor, Aguilar Camín expone, mediante la alegoría literaria su tesis personal respecto al rol fundamental que juega la prensa y el periodismo en la salud de la democracia. Se trata, sin duda, de una novela de tesis, que utiliza los elementos del arte de la literatura para exponerla a cabalidad, consiguiendo de esta manera la credibilidad por parte del lector, cuestión que resulta difícil conseguir de otra forma.&lt;br /&gt;La guerra de Galio avanza de manera cronológica desde el año 68 al 86, cubriendo un período importante de la política mexicana, mirada desde la perspectiva imparcial del director del periódico La República, “punto de encuentro , fusión y multiplicación de la vida intelectual del país.” Octavio Sala a cargo del diario más controvertido de México, luchará constantemente por el pluralismo de la Prensa y más que nada, por la entrega de la verdad “seca” de los hechos a sus lectores. En este cometido, está dispuesto a perder a sus amigos y colaboradores personales, con tal de entregar una noticia fidedigna, lo cual conlleva a cuestionarse en privado, al lector, hasta qué punto se consigue de esta manera llegar a la verdad, o bien, hasta dónde es importante conocerla para el bien común.&lt;br /&gt;Pero bien, la novela surge a partir de un profesor de historia que se ve llamado a escribir la vida de su admirado alumno Carlos García Vigil, quien muere a los cuarenta años asesinado sin que nadie logre explicarse los motivos de su muerte. Este profesor nos introduce en la personalidad de Vigil, donde se focalizará posteriormente el narrador con mayor precisión en la novela. Vigil, que es un historiador que trabaja en un lugar del Castillo de Chapultepec en Ciudad de México, escribiendo la historia de la Revolución Mexicana en el Norte, entrará en contacto y amistad con el director del diario La República, luego que éste lea su ensayo “Historia de Cosío Villegas”, publicado en el suplemento Lunes, del mismo diario. De esta manera, poco a poco se transformará en su brazo derecho durante siete años. Juntos darán la lucha por La República que no hace concesiones al gobierno, a pesar de la ayuda monetaria que recibe de su parte por los avisajes, hasta perder la dirección del matutino por causas tanto internas como externas, y verse en la necesidad de fundar otro diario: La Vanguardia. El que tomará la línea del anterior, en forma todavía más severa e independiente.&lt;br /&gt;Así la novela nos da cuenta en sus seiscientas páginas, de los pormenores de esta lucha entre el obsesivo director Octavio Sala y el medio, intervenido siempre por secretarios del gobierno, representados por Abel Acuña y Galio Bermúdez, que buscan atenuar las noticias y las notas editoriales de La República mediante el uso de todos los recursos posibles. Pero Sala, en su lucha por la verdad, esta empecinado por esos años en denunciar la guerrilla clandestina que se vive al interior del país, a partir de la matanza de Tlatelolco, sin que el gobierno admita reconocerla como tal. Samperio y Paloma, amigos íntimos de Vigil, quienes se sumergen en la clandestinidad luego de la muerte de Santiago, representan ese mundo que se teje por debajo del establishment mexicano, amparado por los consecutivos gobiernos del PRI y que, obviamente, como todo régimen eternizado en el poder, comete excesos de autoritarismo. El enriquecimiento de la clase política, sus influencias y sus contradicciones, forman la columna vertebral de la denuncia periodística.&lt;br /&gt;Al eximio escritor mexicano, en algunos sectores se le acusa de reaccionario, pero me arriesgo a confirmar que la novela, en tanto obra artística, convence plenamente, al entregar una mirada imparcial de lo que denuncia. Es más, las razones que da, convencen al extremo de cerrar filas respecto a la importancia de la prensa libre para el buen desarrollo y manejo de la democracia. Si consideramos lo que se nos cuenta como historia real, o muy cercana a la realidad mexicana de ese momento, tenemos que consignar que efectivamente, si bien se cometían excesos, al menos podían circular diarios como La República.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112485774970167049?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112485774970167049/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112485774970167049&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112485774970167049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112485774970167049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/la-guerra-de-galio-hctor-aguilar-camn.html' title='Crítica: La guerra de Galio, Héctor Aguilar Camín'/><author><name>Jota Loyola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='19' src='http://1.bp.blogspot.com/_vXKNL7jXNx4/SaMVrSjevMI/AAAAAAAAAQo/IJZm3hrIJi8/S220/foto.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry></feed>
