Rojo y Negro de Standhal (seudónimo de Henri Beyle) es una obra clásica de la literatura francesa del siglo XIX. Un libro imperdible para los amantes del género novelesco. La novela recrea morosamente la vida de Julián Sorel. Personaje singular, de ascendencia modesta, hijo de un aserrador, pero dotado de prodigiosas facultades mentales para retener y repetir capítulos completos de la biblia o de cualquier otro libro. Esta singularidad —genial ironía por parte del autor— le permite a Julián Sorel ascender por la escala social de su época a partir de su calidad de preceptor de los hijos del alcalde de la pequeña ciudad de Verrieres, en el Franco Condado, gracias a su amistad con el cura Chelán, párroco de la localidad.
La novela recrea y
cuestiona la composición social de la época descrita, registrando un valioso
repertorio de posiciones morales, políticas, religiosas y amorosas de una
nación todavía en pleno desarrollo, afianzada en el poder de la llamada diosa
razón. El contrapunto, serán las sorprendentes conquistas amorosas alcanzadas
por Julián Sorel desde su modesta condición de preceptor, donde no será la
razón, precisamente, el vehículo para alcanzarlas, sino lo contrario, el
poderío de los instintos, capaz de imponerse –en esos tiempos y en cualquier
otro- en las almas jóvenes muy por encima de la cordura, las cadenas morales y religiosas.
Hay en la obra una abierta
manipulación del personaje por parte del autor, para examinar y cuestionar a
través suyo la Francia inmediatamente posterior a la caída de Napoleón, donde
–parece decirnos entrelíneas el autor- nada ha cambiado respecto a las ideas
monárquicas combatidas a cuchillo durante la revolución. Sigue predominando en
el Imperio el privilegio de clases, el nepotismo ayer castigado con la
guillotina, el insaciable afán de poder y de títulos nobiliarios por parte de
la nobleza. Persiste todavía la pleitesía al soberano, recuérdese la visita del
rey a Verrieres, la recreación acabada y minuciosa de los preparativos ante la
inminencia de su llegada, las intrigas y envidias por participar en dicho
acontecimiento.
El perfil del
protagonista, Julián Sorel, si bien por momentos resulta contradictorio,dada su
indiferencia y orgullo, termina por acotar claramente el espíritu de una época,
marcada por la lucha entre la cordura y la locura desatada por los instintos.
Julián Sorel, la señora de Renal y la joven Matilde, sucumbirán a la pasión, echando por tierra todos
los preceptos que el sentido común de su época impone a las personas
pertenecientes a su clase, y que tan bien representan los personajes de su
entorno. A la señora de Renal de nada le servirán sus plegarias y creencias
religiosas, a Matilde tampoco la salvará el orgullo de clase que le impedía
reconocer sus sentimientos ante un hombre menor alcurnia, y Julián Sorel
terminará también arrepentido por haber ocultado la verdadera fuerza de su
espíritu en los momentos más importantes.
La historia, que en
principio buscaba recrear las virtudes mentales y espirituales del
protagonista, termina en una novela de amor alambicada y dramática de trágicas
consecuencias, ilustrando una vez más el mayor conflicto humano, social y
político: la lucha interna entre la razón y los instintos. De esta manera, la
obra se abre paso en la búsqueda y reconocimiento del inconsciente, anticipando
lo que Freud desarrollará algunas décadas más adelante, enseñando y recreando
las grandes contradicciones que habitan en el alma humana.
Las conexiones que se
pueden establecer a partir de esta obra con otras de la literatura universal
son muchas. Sin embargo, cabe detenerse en El extranjero de Albert Camus, cuyo
final en muchos aspectos resulta sorprendentemente semejante. Un hombre que
pierde la razón a fuerza de ser razonable y se pierde en aquel laberinto
racional que desemboca inevitablemente en la locura. Julian Sorel pierde la noción
de realidad lo mismo que el protagonista de El extranjero, y rechaza las
imposiciones morales impuestas por el llamado inconsciente colectivo. Normas
que vienen a ordenar el caos natural y propio de los instintos, y las cuales
constituirán las bases más sólidas del creciente imperio Francés.
Otro aspecto notable
en esta obra es la mirada crítica del autor a los asuntos de la Iglesia
Católica. Julián Sorel estará siempre apadrinado por prelados eclesiásticos,
partiendo por el párroco Chélan, su gran amigo y confesor de la infancia y
juventud. La facultad de recitar pasajes completos de la Biblia en latín, le
otorga empatía absoluta ante los representantes de la iglesia, quienes verán
dichas facultades como arma inmejorable para servir a la Iglesia. De hecho, la
primera intención del protagonista será hacerse cura, pasando por el
prestigioso Seminario donde conocerá al abate Pinard, quien terminará siendo un
apoyo fundamental en su ascenso social..
La obra cuestiona la
posición de la iglesia, su poder económico y sus influencias sociales que
permiten a los eclesiásticos alcanzar una posición sólida y confortable. Se da a entender muy claramente que se trata
entonces de una carrera que lejos de constituirse en una cuestión espiritual,
termina siendo un camino para enriquecerse y establecerse socialmente, pasando a
formar parte de la clase alta, de acuerdo, se entiende, del rango alcanzado
dentro de los escalones de la iglesia.
Miguel de Loyola –
Santiago de Chile – Año 2012

Comentarios