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Memorias, cardenal Raúl Silva Henríquez, Ascanio Cavallo

 


Las memorias del cardenal Raúl Silva Henríquez por Ascanio Cavallo son un testimonio invaluable respecto a la realidad vivida en Chile durante el gobierno de Salvador allende, desde un comienzo hasta el fin; desde la euforia hasta la tragedia. Se trata de una mirada objetiva de uno de los personajes tal vez más importantes del Chile del siglo XX, pero todavía no debidamente reconocido, como suele suceder en este país, donde a los únicos que  se recuerda y se levantan monumentos es a los políticos. Sin embargo, cabe recordar que por ese entonces la iglesia gozaba todavía de un peso muy superior al actual en nuestra sociedad, un peso que fue perdiendo en medio de la efervescencia política de esos mismos años hasta la actualidad. Entonces, más del 80% de la población se declaraba católica, de acuerdo a estadísticas de la época, y en consecuencia, la figura del cardenal se consideraba de una autoridad indiscutible en el país. Por lo mismo, Allende antes y al día siguiente de ser elegido presidente lo visita para asegurarle que su gobierno revolucionario no tocará a la iglesia “ni con el pétalo de una rosa.” Promesa que el mandatario cumple, y en lo sucesivo se acercará a él como el más seguro mediador entre su gobierno y la oposición, buscando su anuencia de pastor a pesar de no ser un creyente.

Cabe recordar que la retórica diplomática de Allende le permitía relaciones íntimas con personeros de las más variadas facciones ideológicas. Una retórica transversal que lo ponía en contacto hasta con sus enemigos, pero tal vez su exceso de confianza en tales artes llevaron al colapso su gobierno. No todo puede resolverse con palabras, en algún momento resulta necesario llevar a cabo las convicciones propias.   

En sus memorias, Raúl Silva Henríquez hace un recuento minucioso de la realidad vivida en el país durante los años en que fuera cabeza de la iglesia, ilustrando situaciones concretas referidas a su rol de pastor, incluyendo los acontecimientos más importantes dentro del quehacer nacional durante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende. Al cardenal le toco vivir en pleno y sufrir las consecuencias de las grandes reformas llevadas a cabo por ambos gobiernos. La reforma agraria, por cierto, la recuerda como uno de los más grandes acontecimientos y cambios en la estructura social del Chile de esa época, sumada a la posterior nacionalización del cobre que también trajo cambios radicales.  

 La amistad entre ambos personajes, Silva Henríquez  y Allende, se trasluce en estas memorias tras las innumerables reuniones que sostuvieron por iniciativa del propio Allende, siempre ávido por concertar reuniones con los máximos dirigente del PDC mediante la mediación del cardenal. En una de esas últimas reuniones sostenidas a través de su mediación, cuando el país pasaba por la mayor crisis de gobierno, el cardenal recuerda palabras dichas por Patricio Aylwin a Salvador Allende: “usted tiene que definirse, tiene que tomar una decisión política. Hasta ahora, ha hecho la parte sucia de su gobierno: ha destruido las estructuras  capitalistas de la sociedad chilena, pero no ha construido nuevas estructuras. Esto exige consolidar el proceso, institucionalizarlo en las formas jurídicas y económicas. Hay que poner orden en este caos”.

“Hoy en chile nadie trabaja. Presidente; los partidarios del gobierno tiran cada uno para su lado y mantienen un clima de constante agitación. Usted tiene que escoger, tiene que elegir. El drama de todo hombre, y más de un gobernante, es tener constantemente que elegir. No se puede estar al mismo tiempo bien con Dios y con el diablo. Usted no puede estar bien con Altamirano y con la Marina. No puede estar bien con el MIR y pretender estarlo con nosotros. Hasta ahora, usted parece querer conciliar lo inconciliable y, con su capacidad de persuasión, cree ir superando los obstáculos; pero eso es sólo transitorio. Para lograr soluciones reales, tiene que definirse”.

“—Sí, Patricio —respondió— Yo estoy de acuerdo en que es imperioso institucionalizar el proceso de cambios. He insistido en que la gente debe trabajar para sacar adelante el país, y no esperar todo del gobierno o del Presidente. He tratado de infundir una disciplina de trabajo, en el gobierno y en el país. Creo que he sido claro en ese punto. Pero que pasa: que uno se encuentra con un aparato estatal lento, muchas veces ineficiente, que entorpece en vez de ayudar. Pelear con la burocracia chilena es algo muy, muy difícil. No les voy a negar que entre mi propia gente se tiene a caer en estos errores; es algo que se los he dicho personalmente muchas veces...”

Este capítulo de las memorias del cardenal entregan una información crucial respecto a la crisis vivida en el país previa al Golpe de estado de 1973, y cabe tomarlas en consideración a la hora de evaluar el gobierno de Salvador Allende desde un prisma ajeno a la militancia política, aunque sea un poco tarde.

El desmembramiento del PDC en nuevas facciones, es otra de las cuestiones interesantes que informan estas memorias, en tanto crisis al interior de las fuerzas políticas de la época, y que trajo consecuencias a la iglesia. Pero hay más, mucho más que leer en estas memorias y por eso cabe recomendarlas a estudiantes y profesores de historia como libro testimonio que no se puede dejar de reconocer dada la investidura del personaje: cabeza principal de la iglesia católica de esa época.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Enero del 2026

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