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Estado Nacional

 


Estamos mal porque nadie se pregunta hoy qué debo saber. La mayoría piensa que no necesita saber nada para asumir este u otro puesto importante en el gobierno de un país; o bien cree saberlo todo, sin haber estudiado nada, sin capacitación ni práctica para el puesto en cuestión.  

Los puestos claves se entregan hoy en Chile a dedo, según las conveniencias del sector político en el poder, sin considerar ni menos examinar si la persona nominada para el cargo reúne los saberes correspondientes para ejercerlo. Nada de eso ocurre, todo se mueve por intereses partidarios, ideológicos, etc. En circunstancias que los gobiernos como las empresas requieren de personal especializado para hacer bien el trabajo.

Para el caso de  nuestros congresales es lo mismo, o aún peor, tratándose de legisladores que dictan leyes que rigen a toda una nación. No saben, pero asumen cargos de una responsabilidad tremenda para una comunidad. No saben, ni tampoco quieren saber más allá de aquello que podría afectar sus intereses personales.

En consecuencia mal resuelven la cuestión del qué puedo hacer, otra de las preguntas fundamentales de Kant. Sólo la resuelven en razón de mantenerse seguros en el poder, utilizando toda clase de artimañas, aserruchando el piso, desautorizando de antemano a los otros. En eso malgastan la energía que debiera conducirlos a un hacer beneficioso para todo el país.

Y respecto al qué cabe esperar, los resultados saltan a la vista. Así las cosas no cabe esperar más que el fracaso de sus políticas legislativas, económicas, sociales, culturales... Pero lo niegan, niegan su fracaso apelando a cuestiones de índole ideológico, utilizando consignas fuera de tiempo, decadentes, caducas que terminan por dominar y acallar a la gente.  

Miguel de Loyola – Santiago de Chile - 2025

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