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Hambre, Knut Hamsun


 


La novela Hambre del Premio Nobel noruego Knut Hamsun me recuerda a Dostoievski en Crimen y castigo y también otras novelas por su temática del hombre alienado y a punto de la inanición.

 

Un narrador protagonista en primera persona sumerge al lector en su mundo y apremiantes circunstancias. Se trata de un hombre joven, no obstante resulta más bien fácil relacionarlo con un viejo, dada su inoperancia y falta de interés o pertinacia para darle un vuelco a su vida, sin dejarse llevar por la corriente de la desgracia.

El lector jamás se enterará de su pasado, de cómo ha llegado a su actual situación. Tampoco sabrá su nombre. Es un desconocido, un personaje carente de identidad inmerso en un mundo hostil, donde —como suele ser obvio— es necesario trabajar, tener un empleo para poder sobrevivir. Sin embargo, hará poco o nada por conseguirlo, salvo escribir notas para un periódico donde obtiene algún dinero cuando se las aceptan.

La incertidumbre por saber quién es el personaje, tal vez sea el mejor enganche para su lectura. La tensión del relato radica ahí, en ese no saber quién es, o quien ha sido y por qué llegó a su actual situación. No obstante, y esto es una curiosidad, sus precarias condiciones de vida no afectan como tampoco parecen afectarlo a él, quien vive al margen de todo, al margen del tiempo y del espacio, pero sin lamentarse, sin despotricar contra el mundo, contra el sistema como suele ser lo corriente en  tales circunstancias.

Cabe señalar que se trata de una novela del siglo antepasado, es decir siglo XIX, sin embargo recrea situaciones que se repiten hoy por hoy: la alienación, el desarraigo, la desidia que anula la personalidad de los individuos y los reduce a tópicos que se repiten en un formato parecido en el siglo siguiente y subsiguiente.

Sabemos que el protagonista escribe artículos, pero jamás se nos da una pista sobré de qué van esos artículos por los cuales recibe dinero. Este no saber termina siendo un obstáculo para participar en la problemática del personaje y comprometerse con él. O bien al contrario, se trata de la fórmula del novelista para acercarnos a él con estupor.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Verano del 2025

 

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