Aunque en principio lo parecen, las vacaciones no suelen ser siempre lo mejor del año. Se esperan con ansias, día tras día, contando las horas y cuando llegan se vive poco menos que una catarsis. ¡Por fin! Exclamamos dichosos. ¡Por fin llegó el día! Y nos vamos al campo, a la playa, a cualquier parte, donde podamos. Pasamos días de mucha alegría, paz y descanso. Comemos las delicias veraniegas, pastel de choclo, humitas, pescados, mariscos, sandías, melones, frutillas, ensaladas de un cuanto hay en esa época del año. La tierra es generosa en Chile en verano, a pesar de la falta de agua en la mayoría de las regiones, las hortalizas se mueven para surtir a la población flotante que se agolpa en los balnearios. Nada falta, nada escasea… Sin embargo, durante las vacaciones no faltan los chascarros, ni los accidentes. La gente se descuida más de las cuenta, algunos se achicharran al sol, otros se dan costalazos por falta de costumbre de caminar o trotar.. También ocurren accidentes graves y otros fatales. Sucede que nos descuidamos más de la cuenta, se nos olvida que somos de carne y hueso y que han pasado los años, nos creemos jóvenes como en esos veranos cuando nadábamos o caminábamos durante horas sin cansarnos. Nos acostamos tarde, muy tarde, comemos y bebemos más de la cuenta. La mayoría sube a los menos un par de kilos. La panza crece, el cuerpo se afloja y cuando llega la hora de regresar a la rutina laboral, estamos más cansados que cuando nos fuimos. Por eso para algunos las vacaciones son armas de doble filo y prefieren no salir a ninguna parte, al margen del problema económico que generan. De vacaciones el presupuesto familiar suele irse a “las pailas” Se gasta más de la cuenta. No faltan los imprevistos, los remedios de urgencia, las comilonas exageradas, el reventón de un neumático, la falla del vehículo… Y bueno, también ocurren accidentes fatales, situaciones traumáticas, separaciones matrimoniales, conflictos de pareja… De manera que hay que andarse con cuidado y tomar las dichosas vacaciones como un eslabón más de la vida diaria y no como “la última chupada del mate.”
Miguel de Loyola – Constitución –
Febrero del 2026

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