Los ciudadanos en este país pasamos a diario convocados al juego de adivinar quien dice la verdad. No tenemos otra opción mejor que esa. Adivine usted señor quien dice la verdad respecto a este asunto turbio que está pasando. Ya sabemos que la mafia política nos mantienen desde hace años enfrentados unos a otros, entre dos frentes “irreconciliables”: derecha / izquierda. Aunque eso de “irreconciliable” sólo corre para la galería, para el perraje, para las masas creyentes, ilusas y votantes, porque ya sabemos que entre ellos (la mafia política) se entienden perfectamente a la hora de generar leyes en su propio beneficio. Así nos mantienen en un trance permanente, apostando a la verdad, aunque la verdad se caiga a pedazos ante nuestros ojos. Los arreglines de aquí, las malas prácticas de allá, los abusos de poder de aquel, los sueldazos a los que han llegado, el reparto a discreción de bienes fiscales y puestos estatales, etc.,etc., etc…
Y apostamos, caímos en la trampa. Pero
la verdad siempre está ahí latente, frente a nuestros ojos, el caso es que ya no
la queremos mirar, no la queremos reconocer.
Permanecemos vacilantes, dudando, incrédulos, haciendo oídos sordos, o
bien refutándola porque conviene a la orilla opuesta y eso no nos conviene.
Ejemplos hay muchos, demasiados para citarlos, aunque cabe hacerlo, pero nadie
tiene valor para eso. Optamos por el silencio, ese silencio que —en definitiva—
termina haciéndonos cómplices de todo cuanto está sucediendo en este país y no
nos hacemos cargo de nada, como la crisis educacional que sigue minando la
salud mental de las nuevas generaciones con lamentables resultados. La
delincuencia no se acabará en el país mientras no se corrijan los patrones de
conducta en escuelas, liceos y universidades. La salud tampoco mejorará por
falta de profesionales adecuados egresados en los últimos años.
Miguel de Loyola – Santiago de Chile
– Abril 2026

Comentarios