La reconocida periodista italiana Oriana Fallaci, vierte en su libro La rabia y el orgullo, una retahíla de reflexiones referidas a los terroristas musulmanes a propósito del ataque y desintegración de las torres gemelas de Nueva York el día 11 de Septiembre del 2001. En esa época la periodista vivía en Manhattan y fue testigo ocular de la tragedia que enlutó a los Estados Unidos y a Occidente. Una irrupción violenta y desalmada que dejó temblando al país más poderoso del mundo en ese momento.
Su ensayo plantea el peligro de
Occidente de terminar en manos de los terroristas musulmanes que asolan Europa
y los Estados Unidos gracias a las facilidades de entraba e incluso de establecimiento
que tienen para hacerlo, a sabiendas que se trata del enemigo. Fallaci
cuestiona tales accesos permisivos, en circunstancias que en sus países de
origen nadie entra tan fácilmente. Muy por el contrario, hay total impedimento.
En su opinión, esa blandura responde
a la idea de libertad existente en Occidente, en contraposición a la carencia
de ella en Oriente, donde impera el totalitarismo teocrático. Aunque también,
dichas facilidades, se deban al interés de algunos codiciosos por los
petrodólares que mueven las organizaciones criminales musulmanas, suficientes
para comprar personas y gobiernos.
Su análisis, con características de sermón
y diatriba, denuncia tales asuntos y arremete contra las políticas de su propio
país de origen, Italia, donde en su opinión se favorecen tales manejos, gracias
a la falta de unidad del pueblo italiano y a sus contradicciones internas.
El discurso de Oriana Fallaci
resulta convincente. Frente a cada denuncia presenta pruebas contundentes,
capaces de llevar al lector a la reflexión y entendimiento de asuntos complejos,
pero también al rechazo por parte de quienes están convencidos de lo contrario.
Es decir, de quienes avalan en silencio las acciones terroristas y la
desintegración de Occidente.
Los musulmanes una vez instalados en
occidente no se integran a la comunidad,
observa Fallaci. Muy por el contrario, vienen a instalar sus propias costumbres
cuestionando las del país donde se establecen.
Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Año 2020

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