Llegamos a Las Brujas después de enfilar por Príncipe de Gales, título rimbombante para una avenida incrustada en una ciudad como Santiago, donde alcurnias principescas no habían existido en el pasado, sin embargo los aires de grandeza de algún alcalde viajado le habían dado nombre a la calle que comenzaba en el canal San Carlos y subía hacia los cerros de La Reina, otro título nobiliario para una comuna empotrada sobre los faldeos precordilleranos.
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