Los errores se pagan. La soberbia también. Esta elección terminó por despejar una ecuación compleja. El rechazo al proyecto constitucional del 2022 le pasó la cuenta al gobierno. Ahí hubo soberbia extrema. Nosotros, nosotras, nosotres: todos, todas, todes,, fue otro error de soberbia. El caso Monsalves, ni hablar, una bomba dentro de la casa. El tema fundaciones, otro detonante del malestar generalizado. Sin embargo, la falta de seguridad en los barrios y la entrada de inmigrantes ilegales al país fueron las gotas que rebalsaron el vaso.
El punto ahora es cómo se las
arreglará el nuevo gobierno para combatir la delincuencia y frenar la entrada
de inmigrantes. De una forma u otra, todos los gobiernos anteriores lo han intentado,
recuérdese al de Piñera que prometía el fin de la puerta giratoria. El
problema tal vez no está afuera, en la calle, sino en los tribunales de
justicia, donde no se aplica la ley cuando y como corresponde. Y eso ya es otro
asunto, enmendar al Poder Judicial no es fácil, sino una tarea imposible cuando
se vive en un país donde la educación perdió su norte hace rato. Hay que
recuperar primero los valores en el aula para educar a los futuros ciudadanos. Es decir, la tarea es enorme, muy
larga para los gobiernos que sólo buscan sacar provecho para sí mismos a corto
plazo. Se requieren políticas públicas de largo aliento para rectificar la
moral ciudadana, para tener jueces honestos, empleados públicos honorables, profesores
intachables…
Nada de eso se puede conseguir a
corto plazo, a menos que se disponga de una varita mágica. El deterioro
educacional es tan grande y complejo que cabe replantearse todo. Desde luego, los
mandos medios al interior de ministerio de Educación, los programas de estudio,
y sobre todo las lecturas. ¿Quién impone o decide lo que los estudiantes deben leer en
la básica y en la media? ¿Alguien lo sabe?
Miguel de Loyola – Santiago de Chile
– Diciembre del 2025

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