Ir al contenido principal

El estudiante de Literatura, novela de Miguel de Loyola

 


Leonardo Olmos consigue, al fin, el cargo de profesor de Literatura Comparada en la Universidad Nacional, dos décadas después de jubilar el emérito profesor Gastón Lillo Arce, quien había ostentado la cátedra por cuarenta o más años y del cual había sido ayudante. Volvía a su antigua universidad, al Instituto de Letras donde se había formado. Ya no iría de universidad privada en universidad impartiendo clases. Será un académico estable de aquella universidad a la que tanto había aspirado. Alguien influyente, su colega Alexis Fuenzalida Delgado, lo recomendó y así pudo acceder a la cátedra.

Es un hombre de cincuenta años; está en la plenitud de sus capacidades intelectuales, con experiencia y grado de magíster, lo que le permite, incluso, ser un poco arrogante, “suficiente”, tratando de impactar a sus alumnos en las primeras instancias. Un profesor que tiene un amplio bagaje literario y cultural; a lo largo del relato y de sus clases va nombrando, citando a autores de la literatura nacional, latinoamericana, universal en suma, refiriéndose a ellos, describiendo parte de sus temas, de sus obras.

En aquella clase inicial ve a una alumna, una bella muchacha del curso Literatura Comparada, que le impresiona fuertemente. Le recuerda a Paola, su antigua compañera de universidad, de hace 30 años, su musa, su amada de entonces. Se le viene todo el pasado encima y la novela transcurrirá en esos dos planos: el del profesor ya mayor y el del estudiante de literatura en aquella universidad que tal vez reconozcamos algunos lectores, con sus claustros, su pasado conventual, sus ladrillos a la vista, sus patios, su parque, su capilla, su Facultad de Letras; recordando a ciertos personajes, alumnos y profesores inolvidables. Clases como la de Teoría Literaria el día viernes por la tarde... el Kayser con su Análisis e interpretación de la obra literaria. Se entera de que esta joven también se llama Paola y su segundo apellido… coincide con el de aquella. Lo que ocurre en adelante es de una profunda complejidad humana, psicológica, emocional. “Quizás deberías hacer como Ulises en su travesía, amarrarte por las noches a un mástil, para oír el canto maravilloso de las sirenas, pero amarrado para poder resistir aquel llamado embriagador, aquel llamado propio de los sentidos. De la sangre, del deseo siempre vivo…” (pp. 135-136). “¿… y si esa Paola fuese ella? ¿Y si lo mío no fuera más que la confusión de tiempos? ¿Y si el tiempo no fuera más que un laberinto borgeano?” (p. 152).

No corresponde que cuente la historia que pertenece al lector; pero ya están trazadas las líneas: el profesor que tiene la edad que “frisaba” don Quijote (para seguir en la línea de referencias literarias) y aquella joven de veintitantos años que le recuerda su juventud, lo vivido en aquel campus universitario. Fui compañero de universidad del autor, y doy fe de que así era (o la recrea muy bien) la vida universitaria de entonces, entre quienes estudiaban literatura o pedagogía en castellano, con todo lo que significaba la vocación, el amor por las letras, y la escasa valoración social de aquella decisión, con todas sus implicancias. El amor presente entonces. La vida que vuelve. La ficción que es menos o más que la realidad. Una “inquietante”, compleja historia con una continuidad y dirección hacia lo que queda enredado en aquellos entresijos del alma, de las experiencias grandes que se han tenido. Gracias, Miguel de Loyola, por traernos también la vida universitaria, del estudiante de literatura y una historia que se cuela por los intersticios de la memoria, del corazón y de lo inesperado.

José Miguel Ruiz, poeta - Santiago de Chile - Marzo del 2026


La novela fue publicada en España en 2013, y escrita en 2003; tarde la conocí, recién hace unos días, si no hace tiempo que habría escrito una reseña, por motivaciones personales y literarias. Otra, por cierto. Pero de seguro que habría dicho de su amenidad, de su atmósfera universitaria y literaria, de los dos tiempos de un mismo protagonista, de la pasión de este, de la complejidad de los sentimientos que desbordan o se contienen, del puente entre el hoy y el ayer, y tal vez hubiera recordado que “el corazón es un cazador solitario”, como el título de la novela de Carson McCullers, y, además, como el ave Fénix que renace desde sus cenizas, para bien o para mal.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Dónde están esas voces de protesta?

“El apoyo estatal a la literatura es la forma estatalmente encubierta de la liquidación estatal de la literatura.” Estas palabras pronunciadas por el protagonista de la novela Liquidación , de Irme Kertész. a propósito de su situación particular como editor de una editorial estatal, parecen bastante desconcertantes. Cabe sentarse a reflexionar en torno a sus implicancias. Desde luego, acotan una realidad que hoy no está lejos de la nuestra.

Novela: Despedida de Soltero

"La Invitación, la víspera y la despedida son las tres partes de esta novela humana y despiadada que cautiva con la comedia y el horror cotidiano. Los demonios y obsesiones de Miguel de Loyola -el deterioro, lo grotesco, la angustia famélica, el tiempo- son los fantasmas de toda la humanidad. Tua res agitur. Esta novela trata de ti y de los que te rodean. ¿Prepárate!". Jaime Hagel Echeñique

Fragmento de novela inédita: Motivos Sentimentales

Capítulo 14 Esa noche Octavio encontró a su mujer durmiendo destapada sobre la cama. Tuvo entonces la intención de abrigarla. Pero no lo hizo por temor a despertarla. Diamela pasaba a veces por temporadas de sueño ligero y cualquier ruido extraño conseguía despertarla abruptamente, con el consiguiente mal humor que suele sobrevenir después, y en el caso concreto suyo podía alcanzar niveles patológicos. Prefería en esa ocasión verla durmiendo, aparentemente tranquila. Y acaso por primera vez durante su vida matrimonial, Octavio se encontró a sí mismo en medio del silencio y la soledad de la habitación, observándola dormir. Sólo entonces, como saliendo de un estado de aturdimiento general -en el cual hubiese estado sumido por largos años-, poco a poco comenzó a tomar cierto grado de conciencia de los estragos causados por los años en el cuerpo de Diamela, ayer maravilloso y angelical como nadie mejor que él lo podía recordar.