Facundo llegó muy contento después de su primer día de colegio. En la mañana había llorado al entrar, dejando a su mamá preocupada, temiendo que más tarde la llamaran para que fuera a buscarlo antes de la salida.
Nada de eso ocurrió, Facundo salió aquel día radiante, sonriente como
siempre solía estar. Pero cuando la mamá le preguntó qué había aprendido ese
día en la escuela, el niño dijo: nada.
Al día siguiente Facundo volvió a responder lo mismo, nada.
¿Nada? La palabra le quedó dando vueltas a la mamá
durante todo el día otra vez.
Tal vez la pregunta esté mal hecha, pensó la madre antes de acostarse.
Al día siguiente la cambió
¿Qué hiciste hoy en el colegio, Facundo?
Y la respuesta fue la misma: Nada.
¿Qué es nada para Facundo? Se preguntó por mucho tiempo mamá, hasta convencerse
de que “nada” es “todo”.
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