La narrativa japonesa se caracteriza por su brevedad. Una brevedad que contrasta con la narrativa occidental, aunque hay —por supuesto— excepciones. En Occidente estamos acostumbrados a novelas de largo aliento y poco al reconocido laconismo oriental de su literatura. Sin embargo, sabemos bien que a veces las novelas cortas dicen bastante más que aquellas de quinientas páginas. Desde luego, cabe preguntarse por qué, dónde está la gracia, el arte. El mejor perfume siempre viene en formato pequeño, podrá apuntar más de alguien, apelando a la infalible sabiduría popular. El caso es que no cabe duda que se trata de otra manera de escribir, de comunicar. En Occidente tal vez le damos demasiadas vueltas a las cosas, o nos cuesta más entenderlas y digerirlas debido a dichas vueltas y revueltas de más. En cambio los escritores japoneses dicen de buenas a primera lo que hay que decir, o bien no lo dicen, lo insinúan, lo sugieren, sin pretensiones de convencer al lector de esto o de lo otro.
En La chica del cumpleaños, Murakami
consigue articular una historia sugerente y atractiva apenas esbozando la
fábula y sus personajes, y sin embargo, cobran vida plena en el imaginario del
lector lo mismo que las contadas en cientos de páginas. Aquí, la escritura parece
tan simple, liviana, carente de artificios, pero certera para expresar aquello que
busca expresar. Esa sensación de abarcar
el mundo entero de la novela occidental, se ve reducida a una situación
particular en la novela oriental. No busca ir mucho más allá, en apariencia, de
un hecho puntual. En este caso, el cumpleaños de la chica. He ahí acaso una
observación que podría aclarar en parte las diferencias entre ambas formas de
abordar los asuntos y la vida misma. En Occidente se vive con la vista puesta
en el futuro, en medio de la ansiedad por el mañana, al punto de no detenerse o
detenerse muy poco en el hoy. En Oriente, ocurre lo contrario, se vive más el instante,
la circunstancia. Esa podría ser otra característica reflejada en su
literatura. Se vive el presente con mayor intensidad y de ahí la precisión, la
brevedad de la frase, la apreciación del momento como algo único.
La fusión de ambas literaturas la han
hecho o conseguido poco a poco los autores ingleses, sin duda. Una fusión
necesaria y productiva para sacar el pie del acelerador de la literatura occidental
y alcanzar horizontes más profundos y calmos.
Miguel de Loyola – Santiago de Chile
– Septiembre del 2026

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