—Hay historias que convencen, otras no
—Eso
depende del lector
—Depende de
ambos, diría yo
—Depende del escritor, es lo que piensa un crítico
—Depende
del lector, también lo piensa el crítico
—El escritor
trata de convencer, de seducir…
—El lector
se deja de convencer
—No hay
consenso en esto
—No puede
haberlo, el arte no es una ciencia
—Pero despliega
verdades
—Verdades
relativas
—Verdades
estéticas
—Eso no se
entiende, no lo entiende el lector común
—Se
requiere lo que se llama competencia literaria para comprenderlo
—Eso ya es
tecnicismo puro
—No, la
competencia literaria dice relación con la cantidad de páginas leídas que cada
persona lleva en el cuerpo.
—Algunos
han leído mucho pero no recuerdan ni reflexionan nada
—Es cierto,
pero siempre algo queda, al menos una idea general respecto a lo leído, al
menos la experiencia del silencio, de la reflexión…
—Quienes
más leen a veces son quienes más dudan
—Ya lo dijo
Sócrates, mientras más sé, mejor me entero de mi ignorancia.
—¿Entonces,
para qué se lee?
—Para
muchas cosas: nutrir el alma, despertar la imaginación; vivir otros mundos;
recorrer ciudades y lugares desconocidos; conocer mejor al hombre; aprender a
soñar, a dominar el miedo, a saborear la
alegría; para despertar el interés por algo, por alguien; para amar mejor, amar
la vida, amar al otro; para perdonar, comprender, sentir, sensibilizar; para
razonar mejor, discurrir con sabiduría, apreciar aquello que ignoramos…
—El peligro
de leer demasiado es que uno empieza a pensar por sí mismo, dijo Voltaire

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