Ser breve se ha vuelto costumbre. Tras la invasión del whatsapp, nuestras comunicaciones se asemejan a los telegramas del pasado. Ahora no se puede exigir leer libros de más de cien páginas a los alumnos, ni hablar de las grandes novelas clásicas.
Hoy se requiere abreviación, trabajo que está haciendo la IA a todo nivel y orden de cosas. No sabemos, por cierto, si esto es o será mejor o peor. Las columnas de opinión hace rato que han reducido sus formatos, nadie o muy pocos leen más de una página.
Vivimos en tránsito hacia un sistema de comunicación monosilábico, aunque
en muchos casos de mayor entendimiento que las parrafadas de algunos
trasnochados, de los incansables de la palabra, de aquellos que a veces dan
ganas de hacer callar a palos.
Reducir libros
y explicaciones puede ser bueno, pero también malo. Habrá que esperar que el
tiempo haga su obra. Por lo pronto, seguimos con los Síp y Nop de los Whatssap.
Miguel de Loyola - Santiago de Chile - Año 2026

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