Pocos saben que hace un tiempo se me “cayó la cortina”, que estuve cuarenta días y cuarenta noches boca abajo, cuidando que la retina volviera a pegarse contra la pared después de la vitrectomía. Una operación ocular que en el pasado hubiera salvado de ceguera a muchos, entre ellos a Jorge Luis Borges, el magnánimo escritor que cargo con dignidad el mal de la ceguera hasta su tumba.
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